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La Forastería, la banda cordobesa que llevó su ritual musical de Punilla a Europa y África

Nacido en las sierras de Córdoba, el proyecto fusiona electrónica, folklore y rock en una propuesta que ya llevó su música a Europa, Latinoamérica, Marruecos y Turquía.


Desde el corazón del Valle de Punilla hacia escenarios de distintos continentes, La Forastería construyó una propuesta artística difícil de encasillar. La banda fundada por Tuto Petrucci y Tony Volpem combina música electrónica con instrumentos en vivo, raíces latinoamericanas, rock, funk y paisajes sonoros que convierten cada concierto en una experiencia inmersiva.

Con una fuerte impronta autogestiva, la banda ya realizó giras por Europa y Latinoamérica, y se prepara para nuevos desafíos internacionales. En Entrevistas MDZ, Tony Volpen habló sobre los orígenes del proyecto, la vida familiar atravesada por la música, el vínculo con el público y la filosofía que inspira sus canciones.

Entrevista completa a Toni Volpen de "La Forastería

-¿Cómo definirías la propuesta musical de La Forastera?
-Es una pregunta que nos hacen siempre y que sigue siendo difícil de responder porque justamente lo que hacemos nace del cruce de muchos lenguajes. Podríamos ubicarlo dentro de la world music, pero al mismo tiempo tiene una base electrónica muy fuerte, elementos del rock, del funk, de la música negra y también de la música folklórica latinoamericana. Nos gusta pensar que es un viaje musical ininterrumpido, donde los estilos conviven sin fronteras. Cada canción va llevando a la siguiente y construyendo distintos climas, momentos y emociones.

-¿Cómo nació el proyecto y qué los impulsó a crear algo tan particular?
-La Forastería nació hace unos cinco años como una necesidad artística muy genuina. Las canciones comenzaron de una manera muy simple, con guitarra y voz, entre Tuto y yo. Después empezamos a imaginar cómo expandir esas composiciones y llevarlas a un universo más grande de instrumentos, texturas y sonoridades. Nunca pensamos en seguir una fórmula ni en encajar en un género determinado. Lo que nos movía era crear algo que nos representara y que reflejara también nuestra forma de vivir y de entender la música.

-La voz ocupa un lugar central dentro de una propuesta tan diversa. ¿Cómo trabajás ese aspecto?
-Siento que mi voz funciona como una especie de guía dentro de todo ese viaje sonoro. Me gusta mucho jugar con la emoción y con las distintas posibilidades expresivas que aparecen cuando estoy componiendo o cantando en vivo. Hay momentos donde la voz es más suave, más introspectiva, y otros donde tiene más fuerza o más energía. También me interesa que no sea algo rígido, sino que vaya transformándose junto con la música. Esa libertad es parte de la identidad de La Forastería.

"La Forastería tiene una base de música electrónica"

-En los shows suele generarse una conexión muy intensa con el público. ¿Cómo se construye ese vínculo?
-Para mí el público nunca es algo externo al espectáculo. Siempre intento integrarlo a lo que está ocurriendo. Me gusta mirar a las personas, sentir qué está pasando en ese momento y generar una comunicación real. Con el tiempo entendimos que los conciertos terminan convirtiéndose en una especie de ritual colectivo. Muchas veces la gente empieza cantando, otras veces bailando o simplemente emocionándose. Se genera una energía muy especial porque hay un intercambio constante entre nosotros y quienes están ahí compartiendo la experiencia.

-Han tocado en lugares donde el idioma es completamente diferente. ¿Qué les enseñó esa experiencia?
-Nos enseñó que la música tiene una capacidad enorme para atravesar cualquier barrera cultural. Nos pasó en Hungría, en Eslovaquia y en otros países donde apenas podíamos comunicarnos con algunas palabras. Sin embargo, veíamos a la gente cantar las canciones en español, emocionarse y conectar profundamente con lo que proponíamos. Tal vez no entendían cada palabra, pero sí recibían el mensaje, la energía y la intención. Eso fue muy movilizador para nosotros porque confirmó algo que siempre sentimos: la música habla un idioma universal.

-La banda es autogestiva y además viajan con una hija pequeña. ¿Cómo se organiza una gira internacional en esas condiciones?
-Es un trabajo enorme. Cuando la gente ve el concierto tal vez no imagina todo lo que hay detrás. Con Tuto organizamos absolutamente todo: los vuelos, los traslados, los alojamientos, la logística de los instrumentos, las fechas, los contactos y también toda la dinámica familiar. Nuestra hija forma parte de este camino desde muy pequeña, entonces también hay que pensar quién la cuida, cómo se adapta a cada viaje y cómo hacemos para que todo funcione. Es desafiante, pero también es una experiencia muy hermosa porque compartimos el proyecto como familia.

-La primera gira tuvo un espíritu muy distinto al de las actuales. ¿Qué recuerdan de esa experiencia?
-La recuerdo con muchísimo cariño porque fue el inicio de todo. En 2022 viajamos solamente Tuto, nuestra hija y yo en una motorhome. No teníamos una estructura grande ni grandes certezas. Íbamos tocando puertas, generando contactos y confiando en que las cosas se iban a ir dando. Y efectivamente sucedió. Esa experiencia nos enseñó muchísimo sobre la autogestión, la perseverancia y la importancia de animarse a empezar incluso cuando no tenés todas las respuestas.

-Vivís en el monte y mencionás que la naturaleza influye mucho en la música. ¿De qué manera aparece esa inspiración?
-Aparece todo el tiempo. Nuestro estilo de vida está profundamente conectado con el monte y con los ritmos de la naturaleza. El proceso creativo no tiene horarios fijos ni momentos delimitados. Una caminata, una conversación, un paisaje o una experiencia cotidiana pueden convertirse en una canción. Nosotros solemos decir que el propio destino es el camino mismo, porque nuestras composiciones van relatando lo que vivimos, los cambios que atravesamos y las enseñanzas que vamos encontrando. La presencia, la calma y la conexión con el entorno forman parte de nuestro mensaje.

-Después de tantos escenarios y giras, ¿qué es lo que más valoran cuando termina un show?
-Lo más importante no es el lugar donde tocamos ni la cantidad de personas que haya. Lo que realmente valoramos es que exista una conexión genuina. Cuando vemos que alguien se emociona, que baila, que canta o que se lleva algo de esa experiencia, sentimos que el objetivo está cumplido. Para nosotros la música no es solamente entretenimiento. Buscamos generar encuentros, momentos de presencia y espacios donde las personas puedan reconectarse consigo mismas. Cuando eso ocurre, sentimos que todo el esfuerzo valió la pena.

"Para un artista el aplauso del público es un sueño realizado"

-¿La Forastería se convirtió en aquello que soñaron cuando comenzaron?
-Sí, y en algunos aspectos incluso superó lo que imaginábamos. Siempre quisimos construir un proyecto que estuviera basado no solo en la música, sino también en los vínculos humanos. Nos propusimos crear una banda integrada por personas con una linda calidad humana y construir una comunidad alrededor de esa energía. Hoy sentimos que existe una tribu que acompaña este camino, tanto dentro como fuera del escenario. Ver que eso sucede es una de las mayores satisfacciones que nos dio La Forastería.