Defender la vida es defender la dignidad de cada persona
A ocho años del rechazo al aborto en el Senado argentino, la discusión continúa y plantea nuevos desafíos sobre la dignidad, la vida y los derechos humanos.
En el orden jurídico, el cuerpo humano y sus partes son considerados indisponibles por su vínculo con la dignidad de la persona.
Archivo.El 8 de agosto de 2018, la Cámara de Senadores de la Nación rechazó el proyecto que buscaba legalizar el aborto en la Argentina. A partir de aquella jornada nació el Día Internacional de Acción por las Dos Vidas, una fecha que no solo busca recordar aquella votación, sino también reafirmar que el debate sobre la protección y dignidad de la vida continúa abierto.
En un mundo donde el aborto avanza como política de Estado en numerosos países, la pregunta ya no es si esta causa sigue vigente, sino por qué continúa siendo necesario defenderla. La respuesta obliga a volver a uno de los fundamentos sobre los que se construyó el sistema internacional de derechos humanos: la dignidad inherente a toda persona. La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 establece que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y reconoce esos derechos como inherentes e inalienables.
Cuando la dignidad deja de ser universal
La dignidad humana no debería depender de una decisión estatal, judicial o parlamentaria. Sin embargo, distintas corrientes filosóficas y jurídicas han impulsado una interpretación que relativiza su carácter universal y la vincula con factores como la autonomía, la capacidad cognitiva o la denominada calidad de vida. Desde esta perspectiva, determinadas vidas pueden comenzar a ser consideradas menos valiosas o incluso prescindibles. Esta lógica afecta especialmente a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad: el niño por nacer, las personas con discapacidad o los adultos mayores. El riesgo es que la persona deje de ser considerada un fin en sí misma y pase a ser evaluada de acuerdo con su utilidad, autonomía o con las circunstancias que la rodean. Se trata de una paradoja frente al origen mismo de los derechos humanos, concebidos precisamente para proteger a quienes se encuentran en una posición de mayor debilidad.
Aborto y maternidad subrogada: dos debates, una pregunta
En este contexto, el aborto comenzó a ser presentado en distintos ámbitos como un derecho humano, pese a que los tratados internacionales originales no lo contemplaron expresamente entre los derechos reconocidos. Sus defensores sostienen que su incorporación a las legislaciones constituye una ampliación de derechos, mientras que quienes se oponen advierten sobre una transformación del concepto de dignidad y sobre la posibilidad de establecer diferencias entre vidas que merecen protección y otras que no. La discusión se extiende además a la maternidad subrogada. Aunque aborto y gestación por sustitución constituyen debates jurídicos diferentes, ambos plantean una pregunta común: ¿quién ocupa el centro del derecho? En octubre de 2025, la Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres cuestionó la subrogación comercial por considerar que puede implicar la cosificación de mujeres y niños y recomendó avanzar hacia su prohibición mundial. El mercado global de la gestación subrogada, mientras tanto, mueve miles de millones de dólares.
Defender a quienes no pueden reclamar
Detrás de la maternidad subrogada, presentada en algunos casos como una práctica altruista, también aparece el interrogante sobre qué sucede cuando la gestación queda atravesada por contratos, cláusulas y contraprestaciones económicas. El embarazo, entendido como el vínculo entre una madre y su hijo, puede quedar reducido a una prestación contratada, mientras que el niño corre el riesgo de convertirse en el objeto de una transacción acordada entre terceros.
En el orden jurídico, el cuerpo humano y sus partes son considerados indisponibles por su vínculo con la dignidad de la persona. Por eso, resulta legítimo preguntarse si la capacidad de gestar puede transformarse en objeto de un contrato sin afectar ese principio. Desde Frente Joven sostienen que la grandeza de una sociedad no debería medirse únicamente por los derechos que reconoce a quienes pueden reclamarlos, sino también por la protección que brinda a quienes no pueden hacerlo. El 8 de agosto vuelve así a plantear una discusión que trasciende una fecha: la defensa de la dignidad de cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural.
* Rocío Milagros Adoue Albornoz. Responsable de Incidencia Internacional.
* María José López Lemos. Directora de Derechos Humanos de la Asociación Civil Frente Joven.



