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La escuela frente a la mente infantil: por qué los niños fracasan menos de lo que parece

La psicología cognitiva cuestiona un sistema rígido en la escuela que exige a los niños adaptarse a lógicas ajenas a su desarrollo en la educación.


¿Es la escuela un entorno diseñado para la mente infantil, o es una carrera de obstáculos que los niños superan por puro instinto de supervivencia? A menudo nos preocupamos por el "fracaso escolar", pero la verdadera pregunta que la psicología cognitiva pone sobre la mesa es mucho más inquietante: ¿cómo es posible que, ante exigencias tan ajenas a su naturaleza, los niños fracasen tan poco?.

Entrar a la escuela no es solo un cambio de rutina; es, para el niño, una inmersión en un sistema de exigencias cognitivas tan rígidas y complejas que algunos expertos las comparan con mandamientos del superyó. El psicólogo cognitivo Ángel Rivière plantea una pregunta provocadora: dadas las enormes dificultades que impone el sistema, ¿por qué fracasan tan poco los niños?.

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Entrar a la escuela no es solo un cambio de rutina.

Los mandamientos del aula: una ley de hierro

La transición del hogar a la escuela es un paso natural, sino una inmersión en una "tabla de la ley" implícita que exige al niño romper con su forma espontánea de procesar el mundo. El primer gran sacrificio es la desvinculación: el sistema pide al alumno que separe su pensamiento de los propósitos, intenciones y emociones humanas que hasta ese momento daban sentido a su vida. En lugar de aprender jugando o por curiosidad, la escuela impone un aprendizaje intencional y un control estricto de la atención hacia tareas que el sistema considera relevantes, aunque para el niño sean abstractas y descoloridas.

La fragilidad de los códigos abstractos

Uno de los puntos críticos donde el sistema suele tambalearse es en la enseñanza de herramientas como la lectura o las matemáticas. Estos códigos analíticos son fruto de siglos de evolución humana y no tienen nada de "naturales" para una mente infantil que todavía funciona de forma mayoritariamente analógica. El autor señala que dificultades como la dislexia son un síntoma de la extrema fragilidad de estos procesos. El fracaso, entonces, suele ser un "fallo de programación": el sistema exige aplicar esquemas lógicos o usar una memoria a corto plazo que el niño aún no ha desarrollado completamente, provocando que los conocimientos se queden en repeticiones vacías sin asimilación real.

El peso de la mirada ajena

Más allá de los procesos cognitivos, el éxito escolar está teñido por la percepción social. El décimo mandamiento implícito en las aulas es, quizás, el más cruel: "deberás parecer un niño interesado y competente". El fracaso escolar es, en última instancia, una cuestión de percepción interpersonal donde las expectativas de los educadores pueden sellar el destino del alumno. Muchos niños se ven obligados a fingir un entusiasmo que no sienten para encajar en un sistema de valores rígido que premia el pensamiento desvinculado por encima de cualquier otra virtud humana.

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Más allá de los procesos cognitivos, el éxito escolar está teñido por la percepción social.

Hacia una escuela viva y humana

Para prevenir el colapso, la psicología cognitiva propone invertir la carga de la prueba. En lugar de exigir que el niño se adapte a la máquina, la escuela debería vincular sus contenidos a situaciones reales, aprovechar la curiosidad exploratoria natural y asegurar que los programas no desborden la capacidad lógica del estudiante. El objetivo final es transformar el aula en un espacio activo y vivo, donde el valor de un niño no dependa exclusivamente de su capacidad para memorizar datos descontextualizados, sino de su desarrollo integral como ser humano.

* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.