ver más

La dictadura de las estrellitas: médicos agredidos

De la persecución histórica a las reseñas online, los médicos siguen expuestos a nuevas formas de violencia, a través de los años sigue sucediendo.


Muchos de los primeros médicos que actuaron en Roma eran griegos capturados y puestos a trabajar casi como esclavos por sus conocimientos terapéuticos. De allí que autores como Plinio el Viejo los consideraban charlatanes y petulantes. En esa época se acostumbraba dejar consignado en las lápidas sepulcrales que esa persona había sido víctima de un medicus.

Las obras teatrales de Plauto contaban con algún galeno ignorante como villano y, para la jurisprudencia, los médicos eran responsables de los fallecimientos cuando sus pacientes morían por envenenamiento. A estos galenos se los consideraba ciudadanos de segunda o infra dignitatem, es decir, de un nivel algo superior al de un esclavo. Este destrato no era exclusivo de los romanos; en el Código de Hammurabi (1.750 años antes de Cristo) se castigaba a los médicos con la ley del Talión: en caso de fracasar la cirugía se le amputaban una o ambas manos.

medicos agredidos

Los médicos eran responsables de los fallecimientos cuando sus pacientes morían por envenenamiento.

En la historia hay muchos médicos que fueron perseguidos

El célebre anatomista Vesalio debió “peregrinar” a Tierra Santa porque la Inquisición lo perseguía por sus tareas como anatomista. Miguel de Servet murió en la hoguera por sus posturas filosóficas. Gerhard Domagk, médico alemán galardonado con el Nobel de 1939, fue arrestado por la Gestapo, ya que los alemanes tenían prohibido por Hitler aceptar este premio. Muchísimos médicos judíos murieron en campos de concentración donde continuaron trabajando a pesar de las lamentables condiciones que debían afrontar. Durante la Guerra Civil Española se asesinaron médicos católicos por sus inclinaciones religiosas (María Mullévat Soldevila fue beatificada).

Stalin, creyendo que había una confabulación de médicos en su contra, hizo una enérgica purga que incluyó a su propio médico personal Mirón Vovsi (curiosamente Stalin falleció porque, al ser hallado inconsciente víctima de un accidente vascular, tardaron en atenderlo porque no había médicos disponibles...). Siempre ha habido críticas a los médicos y a la medicina. Muchas han sido con razón y otras, no tanto. “El enfermo imaginario” de Molière, del que hablaremos más adelante, es una de esas críticas, pero ahora las agresiones son menos épicas y más chabacanas.

En Argentina, la Asociación de Médicos Municipales de CABA reportó que en 2024 más de la mitad de los colegas habían sido víctimas de agresiones verbales, amenazas o ataques físicos; algo impensado diez años atrás y menos aún durante la pandemia de 2020, cuando eran aplaudidos por las calles (aunque varios tuvieron problemas de discriminación en los edificios donde vivían).

De la gloria al ridículo hay más de un paso

En los servicios de emergencia esa agresión llega al 70 %, y probablemente esta cifra sea mayor porque no todos los profesionales hacen las notificaciones o denuncias de acoso. Casi el 60 % prefiere no hacerlo. Desde hace décadas hay una resistencia de los médicos a ingresar en las villas de emergencia por miedo a ser víctimas de agresiones. Este no es un fenómeno aislado ni exclusivo de nuestro país; en 2024 se registraron en España 847 casos de agresiones a médicos, lo que supone un caso cada 10 horas. La mayoría de las víctimas eran mujeres que trabajaban en la Atención Primaria.

medicos

La Asociación de Médicos Municipales de CABA reportó que en 2024 más de la mitad de los colegas habían sido víctimas de agresiones verbales

Las estrellitas

Pero hay otra forma de agresión no física, pero no por eso menos violenta, y es el puntaje en las redes sociales, especialmente Google, donde cada hospital, clínica y sanatorio tiene una evaluación que está dada solamente por la opinión de los pacientes. Curiosamente, de las cinco estrellas que miden la calificación, el 90 % de las puntuaciones van del 1 al 5, sin escalas ni valores intermedios. Muy contentos o muy disconformes, lo que muestra que son evaluaciones emocionales, sin matices. Lo curioso (e injusto) del sistema es que solo valoran la propuesta del paciente (¿el cliente siempre tiene la razón?) sin valorar la respuesta de la clínica o sanatorio que ha sido clasificada. Muchas veces las opiniones son erróneas o exageradas o reflejan una mala predisposición por vaya a saber uno qué razones. Es, a todas luces, una respuesta visceral sin grises ni atenuantes.

Uno se pregunta si la misma escala que se usa para medir un restaurante o un negocio es válida para medir un tema de salud. Una cosa es pasar una velada agradable o valorar una comida y otra, muy distinta, es el humor que se puede tener cuando se va con una molestia o enfermedad de la que nada se sabe. Sin embargo, el ente juez, en este caso Google, solo acepta para su evaluación final la puntuación del paciente y no el descargo de la clínica o el profesional.

En su intención de expresar su queja muchos denunciantes exageran su posición (“esperé media hora” cuando las cámaras de video muestran que fueron dos minutos) o expresan exigencias que no sé si ellos cumplirían en su vida profesional (se quejan del aspecto somnoliento del médico que despertaron un sábado a las 3 de la mañana por un problema “que detectaron hace una semana” —SIC—).

medico

En 2024 se registraron en España 847 casos de agresiones a médicos, lo que supone un caso cada 10 horas.

Los médicos también son las víctimas propiciatorias de un sistema de salud anticuado y mal pago. Les toca a ellos explicar las limitaciones administrativas y las fallas del sistema. Y terminan los médicos siendo ellos víctimas, en este caso, de la furia del paciente. Son la cara visible de un grave problema que aqueja a muchos sistemas de salud, en una sociedad que va perdiendo la moderación, los buenos modales, la educación...

Todas estas variables no son tomadas en cuenta por el evaluador, son ignoradas, como si un juez no escuchara el testimonio de los acusados ni sus descargos. De esta forma favorecen un linchamiento mediático, al tomar en cuenta una sola versión del evento.

Estas estrellitas arbitrarias, ¿no son una forma de violencia?

Obviamente es una forma “civilizada” de expresarse, pero cuando pone el buen nombre y honor ajeno en tela de juicio, con escaso o nulo derecho a réplica, estamos ante una flagrante injusticia que, al generalizarse, solo avala la posición del denunciante sin la responsabilidad civil que implica emitir un juicio de valor mendaz o denigratorio. Esto no tiene nada que ver con la praxis médica; pocas veces se alude a errores diagnósticos, pero la mayor parte de las denuncias aluden a tiempos de espera, modalidad de atención y expresiones usadas.

Los médicos, con una limitada capacidad de voz o voto, cada día actuarán de acuerdo a una medicina más defensiva, con protocolos más estrictos que difícilmente asistan a una mejor atención del paciente, pero sí a fomentar la burocracia en un contexto cada día más complejo e incierto. Vale aclarar que, bien leído, “El enfermo imaginario” de Molière no es una burla a los médicos, que obviamente caerán en errores y exageraciones, como las de Tomás Diafoirus, sino a la hipocondría de Monsieur Argán, las intrigas de su criada Toñeta y los desengaños amorosos de los protagonistas... Vamos a terminar citando al mismo Molière, quien pone en boca de Monsieur Argán estas palabras: “¡Bien impertinente este Molière! ¡Burlarse de hombres tan honrados como los médicos!”

Y aunque se adivine cierta ironía en la expresión, estas fueron dichas antes de que nos gobernase la dictadura de las estrellitas...

* Dr. Omar López Mato, miembro de Cameof.