La ciencia argentina logró convertir hongos en un reemplazante del plástico
Un emprendimiento nacido de la ciencia nacional se dedica a la fabricación de embalajes biodegradables usando hongos y residuos agrícolas.
Ayelén Malgraf, creadora de Fungipor (en el centro) junto a dos de sus socios Macarena y Roberto.
FungiporEn Argentina, un emprendimiento surgido del cruce entre ciencia y conciencia ambiental logró convertir un recurso invisible en la industria del embalaje: los hongos. Su micelio, la estructura subterránea, se usa como aglutinante natural en la fabricación de envoltorios compostables.
El desarrollo pertenece a Fungipor, una empresa de base científica, radicada en Salta. Allí, un equipo multidisciplinario cultiva biomateriales a partir de residuos agrícolas y hongos locales, dando forma a una propuesta disruptiva frente a los plásticos de un solo uso.
Hongos y ciencia argentina
A diferencia del cartón o del bioplástico convencional, estos empaques no requieren procesos industriales complejos: literalmente, se cultivan. El micelio crece en moldes, alimentándose de bagazo, cáscaras o rastrojos del agro regional.
Este proceso no sólo es un ejemplo de conciencia ambiental, sino que también transforma desechos en materia prima valorizada. Así, el proyecto se integra a los principios de la economía circular, generando un producto final 100% compostable en menos de dos meses. Además, las propiedades técnicas del material resultante (resistencia térmica, absorción de impactos, bajo peso y capacidad aislante) permiten que sustituya al telgopor en embalajes de cosmética, alimentos e incluso en bodegas.
El desarrollo ha sido validado por el Sello Bioproducto Argentino y el Sello Buen Diseño, que certifican procesos sustentables en base a biomasa local. Esto posiciona al emprendimiento como un referente emergente en la transición hacia materiales compostables. Es por eso que ahora el equipo busca alianzas con sectores industriales capaces de absorber volúmenes significativos de producción.
Un posible rol en Mendoza y en diversas industrias
En Mendoza, las bodegas podrían ser las principales socias estratégicas en esta etapa si se comprometen a usar este biomaterial argentino. Alineándose con las tendencias del turismo responsable y la vitivinicultura sustentable.
Este avance, junto con el embalaje de cosméticos, podría también tener impacto en el sector gastronómico, donde el packaging descartable sigue siendo uno de los principales focos de residuos. Fungipor trabaja para diversificar los moldes y ampliar los formatos disponibles.
Economía circular aplicada a envases
El valor distintivo no reside sólo en la funcionalidad del producto, sino en el modelo mismo de producción: un sistema vivo que aprovecha residuos y respeta los ciclos naturales. No hay línea de montaje, sino cultivo y compostaje.
Aunque hoy el volumen es limitado, la innovación técnica y el enfoque interdisciplinario abren puertas a nuevas aplicaciones. La propuesta es una muestra concreta de cómo la biotecnología argentina puede generar soluciones ambientales aplicadas y, potencialmente, exportables.




