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La argentina que se ocultó en la selva de Cancún rompió el silencio: hackeo, persecución y días de terror

La argentina María Belén Zerda contó cómo un hackeo derivó en miedo, vigilancia y supervivencia en la selva de Cancún, donde se escondió por 10 días.


La historia de María Belén Zerda, la argentina de 39 años que estuvo diez días perdida en una zona selvática de Cancun, decidió romper el silencio y revelar lo que vivió: un espiral de miedo que comenzó con un hackeo y terminó en una desesperada huida hacia la vegetación profunda del Caribe mexicano.

En abril, su familia había informado que había aparecido “tranquila y sana”, pero lo ocurrido durante su desaparición quedó envuelto en versiones imprecisas. Las autoridades mexicanas hablaron de un posible cuadro psiquiátrico; otras teorías apuntaban a un susto mientras trabajaba en eventos deportivos.

Pero en las últimas horas, fue la propia mujer quien desmintió esas versiones: “Se dijeron muchas cosas que eran mentira. Ahora estoy lista para hablar”, expresó.

"Te estamos vigilando"

El detonante fue un cambio de teléfono que, según relató, abrió la puerta a un grupo que habría tomado el control total de su dispositivo: capturas que se activaban solas, aplicaciones que se movían sin su intervención y desvíos de ubicación y llamadas. A partir de allí, comenzó a sentirse vigilada en la calle y a sospechar que querían usarla en un secuestro extorsivo, en parte por sus contactos con figuras conocidas en México y Argentina. Incluso recibió una llamada de un hombre colombiano que le advirtió: “Te estamos vigilando”.

Según reveló al portal Infobae, intentó avisar a amigos y familiares, pero al principio nadie creyó del todo su relato. La situación se volvió insostenible cuando notó que alguien espiaba desde la cerradura de su departamento. Buscó refugio en la casa de una amiga, apagó el celular y se ocultó allí. Sin embargo, dice que también ella tenía los datos intervenidos y que, minutos después, varias camionetas llegaron al domicilio. Fue entonces cuando tomó una decisión extrema: “No confiaba en nadie. Me metí en la selva”.

Con un short, un top y unas crocs prestadas, se internó en la vegetación y vivió diez días moviéndose casi sin parar. Dormía bajo la sombra de los árboles para resistir el calor y caminaba de noche para escapar del frío. Bebía agua de botellas tiradas en la calle y sobrevivió comiendo pequeñas frutas silvestres llamadas Syzygium. Para abrigarse, improvisó una capa con una bolsa gruesa. En ocasiones, se acercaba furtivamente a la avenida para refrescarse bajo las mangueras de aire acondicionado.

El rescate de la argentina en Cancún

El día del rescate, exhausta, decidió buscar ayuda. Se acercó a un local lleno de cámaras y pidió que llamaran a un grupo policial específico “de uniforme violeta”, porque temía ser nuevamente seguida. La asistencia tardó más de una hora y media. Mientras esperaba, pidió a una mujer que pasaba por la zona que grabara todo: seguía sin confiar en nadie.

Tras ser identificada, fue trasladada a la Fiscalía, donde los médicos constataron deshidratación, falta de nutrientes y múltiples lastimaduras. Ya estabilizada, regresó a Buenos Aires. Sin embargo, su conflicto digital continúa: quienes realizaron el hackeo aún mantienen accesos duplicados a su Instagram comercial, mails y otras plataformas. Hizo la denuncia en la Comisaría 1F y su causa quedó en manos del fiscal Carlos Alberto Vasser, aunque todavía no recibió respuestas.

Casi ocho meses después, Belén intenta rehacer su vida, pero la sensación de vigilancia persiste.