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Julián Weich: "Hoy tengo más éxito que en el mejor momento de mi carrera"

El conductor reflexiona sobre su transformación personal, la depresión, el éxito real, UNICEF y su firme compromiso con causas solidarias.

Julián Weich

Julián Weich recibió a MDZ en su nuevo restaurante de Cañitas, Los Mellizos, en un ambiente distendido, sin poses ni apuros. Entre platos y charlas, el conductor habló de su presente laboral, de la televisión, del éxito, de su costado solidario y de una transformación personal que lo llevó a sentirse más feliz que en la cima de su carrera.

Hoy conduce ¡Qué Mañana! en El Nueve, combina su trabajo en los medios con proyectos personales, y mantiene un compromiso activo con UNICEF y distintas ONG, mientras disfruta de una mirada mucho más relajada sobre la exposición pública.

Presente laboral y vínculo con El Nueve

- ¿Cómo fue tu vuelta a la conducción en El Nueve?

- Estoy muy contento, muy cómodo, muy relajado. Como yo no soy cocinero, los que “cocinan” son los otros; yo organizo y medio entre todos. La paso muy bien. Estoy agradecido al canal. Además tengo la suerte de poder promocionar “Conciencia”, que es mi marca solidaria. Ahora lanzamos “Casas Conciencia”, una marca que dona el 50 % de sus dividendos a cuatro ONG. Sigo siendo embajador de UNICEF y colaboro con muchas fundaciones. Siempre digo que ayudo a los que ayudan: conduzco galas, organizo eventos, junto fondos, cruzo fundaciones que pueden complementarse. Todo lo que tenga impacto social me interesa.

-¿Qué te llevó a ser embajador de UNICEF y colaborar con diferentes ONG´s?

- Empecé a trabajar en televisión muy chico, a los 19 años, y fui padre joven, a los 24. Me daba cuenta de que tenía la chance de cubrir lo mínimo necesario para vivir bien, y veía que alrededor mío no a todos les iba igual. Cuando tenés un hijo y ves que come, duerme, lo vestís, le cambiás los pañales, y al mismo tiempo ves que otro chico no tiene esa chance, a mí eso no me parece justo. No digo sacarle a mis hijos para darle a otros, pero sí hacer todo lo posible para que esas familias tengan lo mínimo necesario para vivir bien. Además, yo empecé en una época en la que la televisión era todo. No había redes, no había plataformas. Lo que decías a cámara tenía muchísimo peso. Y decidí aprovechar ese vínculo con el público para hacer cosas sociales: desde juntar latitas hasta “Un sol para los chicos” y muchas campañas más.

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Julián Weich

Éxito, carrera y felicidad

- Entre los 90 y 2000 fuiste uno de los conductores más exitosos del medio, ¿lograste ese éxito en lo personal?

- Hoy tengo más éxito que cuando tenía éxito en la tele. Nada grave, porque me iba bien, pero yo a pesar de eso construí mi familia, estuve tres años con mi primera mujer, después estuve tres años con otra mujer, siempre avancé y siempre construí, pero me daba cuenta que había algo que me faltaba o que yo no lo disfrutaba tanto como podría haberlo disfrutado, algo que no estaba bien. Y con el tiempo es como que hago menos de lo que hacía antes, pero soy mucho más feliz. Muchos dicen, ahora vendés termos y cepillo de dientes, y yo estoy tan contento. Antes hacía programas de 20 puntos y ahora hago uno de 2, 3. La verdad estoy tan contento que no me preocupa. No estoy midiéndome ni me interesan los que me miden.

- ¿Cuándo comenzó tu búsqueda espiritual?

- En 2002, cuando leí Muchas vidas, muchos maestros de Brian Weiss, que habla de las vidas pasadas. Estaba laburando en una cabaña y leyendo ese libro me fui dando cuenta de muchas cosas que no entendía bien, pero sentía que me hacía bien. Ahí comenzó mi búsqueda espiritual. Cuando hablo de lo espiritual hablo de lo religioso, lo chamánico, de lo que no se ve. No lo ves, pero lo empezás a sentir, y eso es tan valioso como verlo. Es una herramienta que te permite atravesar lo bueno y lo malo desde un lugar más equilibrado, porque los picos no son buenos, ni el de la máxima alegría ni el de la máxima tristeza.

Momentos difíciles y crecimiento personal

- ¿Cuál fue el peor momento de tu vida, el que te marcó?

- Me marcó mucho cuando terminaban los programas. En otras épocas no sabía cuál era el programa que seguía, no sabía si seguía en ese canal, y eso me generaba mucha inseguridad. En esa época, o te contrataban para un programa de televisión o la sensación era que desaparecías. Había cuatro o cinco canales de aire, no había streaming, no había nada. Era muy temeroso terminar un programa. Yo cuando hacía un programa y veía que iba a durar todo el año decía: ‘Bueno, este año no me preocupo’. Muy loco vivir así, no es sano, pero en esa época yo lo vivía así. Empecé programas que duraban tres meses y de pronto era: ¿y ahora qué hago? En ese momento era el fracaso de Julián Weich o el éxito de Julián Weich. Y era heavy, era complejo.

- ¿De El Trece te fuiste bien?

- Me fui y se enojaron. Pero si no me estaban dando trabajo, ¿Qué querían que haga? Para mí no era un tema de a qué canal me iba. Yo quería estar en la tele, trabajar como conductor, como actor, seguir esa carrera que estaba construyendo. Cuando en Canal 13 no me dieron más trabajo me fui a Telefe y comencé con Trato Hecho. Después hice Justo a tiempo, Buena fortuna y Todo es posible.

- Trato Hecho hoy está en América ¿Qué te pasa cuando otro conductor hace los formato que hiciste?

- Al principio me chocaba porque sentía que algo era algo mío y no lo era. Era una sensación. Me pasó con un Un sol para los chicos: lo hice diez años, lo produje, lo inauguré y lo peleé. La gente no está viendo la tele para comparar, sino no existiría “Feliz Domingo, Trato Hecho, Gran Hermano o Quién quiere ser millonario" habría uno solo, se vuelve a hacer y se hace distinto.

- ¿Qué te pasa cuando no suena el teléfono?

- No me pasa nada ahora. Tengo una vida muy rica, muy ocupada y muy entretenida. Obviamente que me gusta que me llamen, que me convoquen, que me hagan una nota, pero no es que digo, voy a desaparecer. Antes la sensación cuando no estabas en la tele, era que ibas a desaparecer, lo cual, siendo más inmaduro y teniendo la chance de desaparecer, era horrible. Es como que si no estás en la tele, estás de otra manera, en otro lado y está todo bien, no pasa nada.

- Tuviste un padre irascible, ¿pudiste sanar ese vínculo?

- Sí, después que falleció. Después vino mi búsqueda espiritual.

- Tuviste depresión, ¿Qué te llevó a eso?

- La vida te lleva, la incomprensión de uno primero, de no conocerse, y eso hace que no te puedas relacionar como corresponde con los demás. Porque si vos no te conocés, es como venir a este restaurante a pedir carne y ser vegetariano. Y el del otro dice, che, pero vos sos vegetariano. Ah, es verdad, no puedo comer carne. Pero si no te conocés vos, estás al horno. Me parece que lo que nos falta es autoconocimiento, como humanos. Cuando no te conoces no sabes cómo administrar la alegría, la tristeza, se distorsiona todo.

- ¿Cómo fue convivir con la depresión?

- Fue horrible, pero yo no paré, mi trabajo consistía en animar y conducir y divertir a la gente, pero era como que se apagaba la cámara, llegaba a casa y lloraba, por ejemplo. Pero a la hora de trabajar tenía una responsabilidad, tenía que entretener a la gente, tenía que hacer este programa, me tenía que ir bien, porque quería estar en la tele, en el canal. Era tener una doble vida.

- ¿Cómo saliste?

- La terapia fue fundamental; desde los 14 años hice terapia casi toda mi vida, pero me daba cuenta que nunca me alcanzaba y me di cuenta que con lo espiritual podía solucionarlo, aplacarlo, manejarlo, sobrellevarlo. Y ahí se me hizo un buen combo el conocimiento de la terapia y la parte espiritual.

- En esa búsqueda espiritual consultaste tus registros akáshicos, ¿Qué pasó en tus vidas pasadas?

- La señora que me hizo los registros me dijo que en todas mis vidas pasadas me suicidé y que nunca resolví nada. Para mí fue muy groso que me diga eso, porque cuando pensaba que me quería matar no era un problema solo mío, tenía un antecedente.

Familia y vínculos

- De tus hijos ¿Qué aprendiste?

- Aprendí a escucharlos, ver que son muy distintos…La libertad que tienen para elegir.

- ¿Cómo es la relación con tus hijos adoptivos que viven en Mozambique?

- Tenemos un vínculo a la distancia, nos saludamos para los cumpleaños. Hablamos cuando necesitan algo.

- De los que ya no están, ¿a quién te gustaría abrazar?

- A mis padres le doy un abrazo igual, es un hablar espiritual. Es una manera distinta de ver la energía de la vida, Creo en eso.

Futuro y proyección

- ¿Cómo ves tu carrera de acá a diez años?

- Va a depender mucho del medio, porque si no te necesitan te expulsan. Si nadie me llama para hacer tele no voy a estar. El año pasado me llamaron para hacer teatro y no estaba en mis planes, se dio. Si me llama Netflix, haré una serie. Nunca tuve idea de mi carrera en el largo plazo, sí a corto plazo. En El Nueve sé que voy a estar hasta diciembre.

- Hay una nueva modalidad de hacer ficción en formato vertical, ¿Qué te parece?

- Sí, mi trabajo frente a cámara es siempre igual. No mido mi trabajo de acuerdo a la cantidad de gente que tengo enfrente, para mí es como si hubiera millones.

- ¿Mirás el rating?

- Sí, pero porque tiene que durar el programa; si todos los días hacemos una decima menos, desaparecemos. Hoy estoy más lleno de adentro, entonces puede haber una persona o un millón y no me modifica.

- ¿Te ofrecieron hacer política? ¿Te midieron como candidato?

- No. Si fuera político perdería la libertad de hacer lo que quiero, hoy colaboro con 20 ONG y tengo una empresa social que dona la mitad de las negociaciones. Hago lo que quiero. Me siento muy libre de no tener etiquetas y trabajar desde UNICEF con el Estado.

- ¿Qué opinión tenés sobre lo que está pasando en Venezuela?

- Para mí es fundamental vivir en democracia. No me interesa vivir con un rey, una reina, un dictador o una dictadura. No me siento cómodo en un país donde no haya democracia, aunque me vaya de visita.

- Como embajador de UNICEF, ¿Qué necesidades ves?

- En Argentina creo que hay 100.000 ONG que reemplazan la presencia del Estado, porque si el Estado funcionara las ONG no existirían. Los países más desarrollados tienen ONG. En Chile UNICEF se está achicando, porque pudieron hacer frente a los problemas de la infancia; en Argentina se está agrandando. Me da una bronca.