Jóvenes en vulnerabilidad: el desafío de proyectar un futuro también es un privilegio
Casi la mitad de los jóvenes enfrenta condiciones frágiles, aunque el 85% cree que estudiar puede mejorar su vida y abrir nuevas oportunidades.
Hablar de la generación de jóvenes es hablar del país que tendremos en los próximos años.
Freepik.Hablar de jóvenes en situación de vulnerabilidad suele llevarnos rápidamente a los números: cuántos estudian, cuántos trabajan, cuántos terminaron la escuela secundaria. Son datos necesarios para comprender la dimensión del problema, pero hay una pregunta que muchas veces queda detrás de las estadísticas: ¿qué posibilidades tiene un joven de imaginar su futuro cuando su presente está marcado por la incertidumbre?
Un reciente informe de la Universidad de Buenos Aires aporta una dimensión especialmente significativa para pensar esta realidad. Casi la mitad de los argentinos de entre 18 y 29 años vive en condiciones frágiles, pero, dentro de ese universo, el 85% considera que estudiar les permitiría mejorar su calidad de vida. Es decir, detrás de los indicadores hay jóvenes que quieren progresar, aunque muchas veces no cuentan con las herramientas necesarias para transformar esas aspiraciones en oportunidades concretas. Esta diferencia es fundamental. Porque el problema no es la falta de proyectos, sino la distancia entre las metas y las condiciones para hacerlas posibles.
Jóvenes que quieren progresar pese a la incertidumbre
En Mendoza, esta situación también se refleja en el mundo laboral: casi 6 de cada 10 jóvenes de entre 16 y 24 años se desempeñan en la informalidad. Cuando el acceso a un empleo registrado y con derechos se vuelve una excepción, también se torna más difícil construir autonomía y proyectar una vida propia. El panorama se vuelve todavía más preocupante cuando se lo observa junto con otros indicadores. Según un informe de la Universidad Católica Argentina, la pobreza volvió a crecer y alcanzó al 30% de la población. Y entre los más jóvenes, las consecuencias de esa realidad no se limitan al ingreso: también condicionan sus posibilidades de acceso a derechos fundamentales. Y hay algo todavía más profundo: el riesgo de que dejemos de sorprendernos.
Nos acostumbramos a hablar de pobreza en porcentajes, de informalidad en cifras y de jóvenes en contextos de vulnerabilidad como si fueran categorías estadísticas. Pero detrás de cada número hay una persona, una historia y, sobre todo, un proyecto de vida. Hay jóvenes que están tomando decisiones sobre su futuro en condiciones mucho más desiguales que las de otros de su misma edad. No se trata de pensar a esta generación únicamente desde sus carencias. De hecho, uno de los aspectos más relevantes que surge del informe de la UBA es que aun en contextos adversos, los jóvenes tienen proyectos, capacidades y aspiraciones. Quieren estudiar, trabajar, independizarse, acceder a una vivienda y construir una vida propia. Por eso, el desafío no es solamente conocer las desigualdades, sino preguntarnos qué hacemos frente a ellas. Porque cuando una realidad se vuelve cotidiana, es fácil que terminemos naturalizándola. Y lo que se naturaliza, muchas veces, deja de interpelarnos. Las condiciones de origen no deberían marcar los límites de las oportunidades que una persona puede alcanzar.
La informalidad laboral limita la autonomía y el futuro
Hablar de la generación de jóvenes es hablar del país que tendremos en los próximos años. Si una parte importante de ellos comienza su vida adulta con menos oportunidades para estudiar, trabajar, cuidar su salud y proyectarse, las consecuencias no se limitan al presente: condicionan también el futuro colectivo. La respuesta requiere políticas públicas que garanticen derechos y oportunidades, así como una sociedad comprometida, que no mire para otro lado. Una sociedad que siga preguntándose qué está pasando, que no deje de medir las desigualdades y, sobre todo, que no pierda de vista a quienes están intentando construir su futuro desde el lugar más difícil.
* Magdalena de Arzuaga. Directora General de Asociación Civil Puentes.

