Ingrid Pelicori: "El teatro es hoy, es hoy lo que pasa con el público y con uno mismo"
La actriz repasa su historia familiar, su vínculo con Ernesto Bianco y la vigencia del teatro como experiencia viva e irrepetible.
Ingrid Pelicori, en entrevistas MDZ.
Tatiana Colangelo / MDZIngrid Pelicori, una de las actrices más reconocidas del teatro argentino y lo asume con naturalidad. Hija de Ernesto Bianco, creció en un entorno donde el arte no era una elección aislada sino una forma de vida cotidiana. Entre ensayos, funciones y conversaciones familiares atravesadas por el teatro, fue construyendo una identidad artística que con el tiempo se consolidó en una trayectoria sólida sobre los escenarios.
En Entrevistas MDZ, la actriz recorre su historia personal y profesional, desde la influencia de su padre hasta su presente en obras emblemáticas como La muerte de un viajante. También reflexiona sobre el teatro como experiencia irrepetible, el vínculo con el público y la vigencia de los clásicos, que siguen interpelando desde una profundidad humana que no pierde actualidad.
-
Te puede interesar
Georgia, donde nació el vino y la hospitalidad es sagrada
Entrevista completa a Ingrid Pelicori
-¿Cómo estás hoy con el trabajo?
-Una actriz está contenta cuando está trabajando a full, es una felicidad. Para mí el trabajo es casi un modo de vida, algo que organiza todo lo demás. Cuando hay funciones, ensayos, proyectos, sentís que estás en movimiento permanente, y eso es lo que más me gusta del teatro: esa energía constante, ese estar siempre en acción, en vínculo con otros.
-¿Tu vínculo con la familia fue clave en tu vocación?
-Familia de artistas, como que no quedó otra, parecía que no había opción. Crecí en un ambiente donde todo giraba alrededor del teatro, de los actores, de las obras, de las giras. No era algo extraordinario, era lo cotidiano. Entonces, sin darte cuenta, lo vas incorporando como forma de vida, como algo natural.
-¿Qué significó tu padre en tu formación?
-Yo lo vi mucho, mucho, mucho en el teatro, me llevaban mucho. Eso te marca de una manera muy profunda, te impregna. No es una enseñanza directa, no es alguien que te dice ‘esto es así’, sino que es algo que absorbés viendo, escuchando, viviendo. Y después eso queda adentro tuyo para siempre, como una referencia emocional y artística muy fuerte.
-¿Qué recordás de él en escena?
-Me volvió loca ‘El hombre de la Mancha’, la vi más de 40 veces. Era algo que me fascinaba, que me generaba una admiración enorme. Y lo curioso es que con el tiempo uno sigue descubriendo cosas, porque esos recuerdos no se cierran, siguen vivos. A veces aparece una imagen, una escena, un gesto, y todo vuelve a tener fuerza.
El último trabajo de papá fue Cyrano
-¿Qué te pasa con volver a los clásicos?
-Es una maravilla trabajar con un clásico contemporáneo como ‘La muerte de un viajante’. Es una de las obras más impresionantes que se han escrito, por su profundidad, por su humanidad, por su capacidad de seguir hablando del presente. Son textos que parecen escritos para hoy, porque los conflictos humanos no cambian tanto.
-¿Cómo vivís ‘La muerte de un viajante’?
-Es una obra que siempre me conmovió mucho. La vi en distintas versiones, incluso en cine, y siempre me impresionó esa mirada tan humana sobre el fracaso, sobre los sueños, sobre la familia. Es una obra que te permite entrar desde muchos lugares, porque tiene una poesía y una comprensión del ser humano que te atraviesan.
-¿Qué particularidad tiene el teatro para vos?
-No hay ninguna función igual a otra. Eso es lo más fascinante del teatro. Siempre hay algo que aparece distinto, algo que se modifica, algo que descubrís en vos o en tus compañeros. Hay un margen de incertidumbre que es lo que lo hace vivo, porque cada función es irrepetible, cada noche es única.
El publico se involucra en la obra
-¿Qué te aporta el público en cada función?
-El público lo cambia absolutamente todo. La atención, el silencio, la risa, la energía que se genera en la sala. En espacios tan cercanos eso se siente muchísimo. Hay funciones donde el público se entrega más, otras donde es más reservado, y eso te modifica a vos también. El teatro es eso: un ida y vuelta constante entre escena y platea.
