"Hermano" o "mono": el precedente incómodo que deja el caso Prestianni–Vinícius JR
El partido se detuvo 10 minutos tras la acusación a Prestianni. Sin pruebas concluyentes, el caso expone poder, asimetrías y juicio digital.
Mientras la UEFA investiga, hay otro escenario donde el veredicto es inmediato: las redes sociales.
EFEEl 17 de febrero de 2026 la Champions League se detuvo diez minutos. Real Madrid contra Benfica. No por una lesión. No por una pelea. Por una denuncia. Vinícius Jr. le dijo al árbitro que Gianluca Prestianni lo llamó “mono”. El argentino respondió que dijo “hermano”. No hay audio concluyente. No hay imagen definitiva.
Pero el protocolo se activó y el partido se frenó. Ese es el dato que cambia todo: la denuncia tuvo efecto inmediato, antes de que exista prueba técnica. Eso es justicia preventiva en tiempo real. Y marca un precedente.
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El poder acumulado de la palabra
Vinícius no es un jugador más. Desde 2021 denunció más de 25 episodios de insultos racistas en España. Su historia pesa. Su palabra pesa. Mbappé, tras el partido, declaró haber escuchado el insulto al menos cinco veces, lo que reforzó públicamente la versión del brasileño. Ese peso no es simbólico. Es operativo. Cuando él habla, el sistema reacciona en segundos.
La consecuencia es concreta: un partido que mueve millones se detuvo por una acusación que todavía está bajo análisis. No después de una investigación. En el momento. Desde ahora, cualquier jugador sabe que una denuncia puede alterar el juego de inmediato. Esa es la nueva realidad del fútbol europeo.
La asimetría que nadie quiere decir en voz alta
No es lo mismo denunciar desde el Real Madrid que hacerlo desde el Benfica. El primero es el club más influyente del mundo, con capacidad real de incidencia en las grandes decisiones del fútbol europeo. El segundo es una institución histórica, formadora y exportadora de talento, que compite en un ecosistema económico distinto. Cuando Vinícius habla, lo hace respaldado por la estructura deportiva y mediática más poderosa del continente. Cuando Prestianni se defiende, lo hace desde una posición mucho menos amplificada. No es una cuestión de méritos ni de grandeza deportiva. Es una cuestión de peso institucional. El sistema no es neutral. Nunca lo fue.
Semántica conflictiva: cuando la entonación también juega
Hay un matiz cultural que casi nadie está mirando. En el fútbol argentino, “hermano” no siempre es amable. Puede ser un “dale, hermano” dicho con fastidio, con el gesto de “dame la pelota”, a centímetros del rival. La palabra es una cosa. La entonación es otra. Entonces aparece la zona gris. Un “hermano” dicho con tensión, tapándose la boca, en medio del ruido, puede sonar distinto si quien escucha viene de años de insultos racistas. Cuando alguien está en guardia, el oído también lo está. Esa semántica conflictiva no absuelve ni condena. Explica la complejidad.
El tribunal digital ya dictó sentencia
Mientras la UEFA investiga, hay otro escenario donde el veredicto es inmediato: las redes sociales. En minutos, el nombre de Prestianni quedó asociado globalmente a una acusación de racismo. Aunque mañana no haya sanción disciplinaria, el rastro digital ya está. Los titulares ya circularon. El buscador ya indexó. Eso es una pena anticipada. No jurídica, pero sí reputacional. Y muchas veces más difícil de revertir que una suspensión.
El precedente incómodo
El racismo en el fútbol europeo es real. No enfrentarlo con firmeza sería inaceptable. Pero el sistema acaba de cruzar una línea delicada. Desde ahora sabemos que una sola palabra puede detener un espectáculo multimillonario en tiempo real. Y que el juicio público puede correr más rápido que la investigación. Pep Guardiola lo dijo sin rodeos esta semana: “Tu color de piel o dónde naciste no te hace mejor que nadie. El racismo está en la sociedad, no solo en el fútbol”. Añadió que la solución está en las escuelas, no en los estadios. El caso Prestianni–Vinícius no se juega solo en si hubo o no un insulto. Se juega en el modelo que está naciendo.
Porque combatir el racismo es imprescindible
Pero si el sistema no logra equilibrar reacción inmediata con garantías mínimas, el riesgo no es menor: que, en nombre de la justicia, termine debilitando su propia credibilidad.
* Helena García, criminóloga.
* Lic. Eduardo Muñoz. Criminólogo. Divulgador en Medios. Análisis criminológico aplicado a temas sociales de actualidad y seguridad.
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