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Gustavo Sofovich: "El Día del Padre con mi viejo es todos los días"

Gustavo Sofovich repasa su vínculo con Gerardo, su rol como padre y el peso de un apellido que marcó la televisión argentina.


Gustavo Sofovich abre una conversación en Entrevistas MDZ, atravesada por la memoria familiar, el legado televisivo y su presente como padre de dos hijos adultos. En el Día del Padre, el productor y conductor vuelve sobre la figura de Gerardo Sofovich, una presencia que, lejos de haberse apagado, sigue activa en su vida cotidiana a través de recuerdos, imágenes y una relación que define como permanente. “El Día del Padre con mi viejo es todos los días”, afirma, como síntesis de una historia que no se interrumpe con la ausencia.

En ese recorrido también aparece su propia construcción como padre, marcada por la distancia geográfica con sus hijos y por un intento consciente de corregir y evolucionar respecto de lo vivido. Entre la admiración por su padre, las luces y sombras del vínculo y la responsabilidad de sostener un apellido histórico, Sofovich traza un relato íntimo donde la identidad familiar y la experiencia personal se entrelazan sin disociarse.

Entrevista completa a Gustavo Sofovich

-¿Qué representa para vos el Día del Padre?

-El Día del Padre con mi viejo es todos los días. No es una fecha, no es un momento puntual. Es algo cotidiano. Tengo la suerte de que cuando quiero verlo entro a YouTube y veo a Gerardo de todas las edades, en distintas etapas de su vida. Y eso hace que esté siempre presente. A veces lo busco y a veces no, pero aparece igual. Es muy fuerte eso. Me siento un bendecido por poder tenerlo así, a mano, de alguna manera. Incluso hay momentos en los que me llegan alertas, me aparece su nombre, y es como si siguiera estando en movimiento, en la vida diaria.

-¿Cómo definís a tu padre, Gerardo Sofovich?

-Para mí mi viejo es una parte central de lo que fue el espectáculo en la Argentina. No hablo solo desde lo afectivo, sino desde lo profesional. Fue alguien que entendió el negocio de la televisión como muy pocos. Yo creo que fue de los que lo inventaron, literalmente, junto a otros nombres de esa época. La televisión en blanco y negro, los primeros formatos, todo eso lo atravesó él. Y eso lo convierte en una figura muy importante, más allá de ser mi padre. Es alguien que dejó una huella muy profunda en la cultura del entretenimiento del país.

Estoy en el mejor momento de mi vida

-¿Qué te quedó de esa relación con él?

-Me quedó todo. No siento que haya cosas que hayan quedado pendientes. Eso es algo que valoro muchísimo. El último año fue muy especial porque yo volví a vivir con él a los 46 años, después de haberme ido de casa a los 17. Y ahí se dio algo muy fuerte, muy íntimo. Compartimos un tiempo que cerró muchas cosas. Lo acompañé en su último tramo de vida, estuve con él hasta el final. En Punta del Este, en esos días previos, compartíamos cosas muy simples pero muy profundas. Nos dijimos todo. No quedó nada sin decir. Eso para mí es una tranquilidad enorme.

-¿Hubo momentos de distancia entre ustedes?

-Sí, hubo luces y sombras, como pasa en cualquier familia. Yo estuve enojado con mi viejo en algunos momentos, y él también tuvo sus tiempos de distancia, de resguardo. No era una ausencia total, pero sí había momentos en los que uno sentía otras cosas. Con el tiempo entendés que eran formas de protegerse, de manejar situaciones. Pero en ese momento se viven con intensidad. Hoy lo veo como parte de una historia compleja, pero profundamente humana. No lo borro ni lo cambio, porque también me hizo quien soy.

-¿Qué significa para vos el apellido Sofovich hoy?

-El apellido es una responsabilidad muy grande. No es solamente una bendición. Es un apellido que tiene un peso histórico en la televisión argentina, en el espectáculo. Te abre puertas, sí, pero también te exige estar a la altura. Yo no siento que tenga que competir con eso ni superarlo, pero sí sostenerlo. Y si puedo, aportar algo más. No por una cuestión de ego, sino porque siento que es parte de una continuidad. Es una marca que viene de muy atrás y que todavía hoy sigue teniendo un significado.

-¿Cómo es tu camino como padre?

-Tengo dos hijos. Una mujer de 34 años que es médica forense y psicóloga, con tres carreras universitarias, y un varón de 22 que se acaba de graduar en Boston University con honores. Los dos tienen su vida armada, viven afuera, y eso a veces genera una distancia física que no es fácil. Yo soy bastante intenso con eso, me gustaría verlos más, que me llamen más seguido. Pero al mismo tiempo entiendo que son adultos, que tienen sus vidas hechas. Y eso también es un orgullo enorme. Son independientes, formados, y eso para mí es muy importante.

-¿Qué aprendiste de tu propia experiencia para ser padre?

-Yo creo que nadie nace sabiendo ser padre. Mi viejo tampoco nació sabiendo serlo. Seguramente hizo lo que pudo con lo que recibió. Y yo trato de trabajar todos los días en eso: en cambiar lo que vi que podía cambiarse. No desde el reproche, sino desde la evolución. La idea es que mis hijos puedan ser mejores, que puedan tener más herramientas que las que uno tuvo. Y que eso continúe. Es un proceso permanente, no algo terminado. Yo tengo que evolucionar a la par de ellos.

Tengo dos hijos, una mujer de 35 años y una varón de 22

-¿Cómo estás hoy en lo personal?

-Estoy en el mejor momento de mi vida. No lo digo como frase hecha, lo siento así. Cada día que me despierto siento que es el mejor momento. No tengo ganas de volver atrás. Estoy conforme, tranquilo, feliz con quien soy hoy. Tengo una rutina muy marcada, hago ejercicio todos los días, me ordena mucho. Y eso también tiene que ver con cómo estoy internamente. Es un momento de mucha claridad, de mucha estabilidad emocional, y lo valoro muchísimo.