Federico Beines: La literatura infantil como resistencia al impacto de las pantallas
El psiquiatra y escritor Federico Beines apuesta por la literatura infantil para combatir la distracción digital y fomentar la creatividad en los niños.
La literatura infantil, que era tan predominante antes de la emergencia de la tecnología.
Gentileza.Federico Beines es especialista en psiquiatría infanto juvenil desde hace 20 años y escritor desde que tiene uso de razón. En marzo del 2020, su hijo mayor empezaba el primer grado. Junto con él y para que el principio de su escolarización no se viera tan afectado por la pandemia y el cierre de las aulas, comenzó a crear historias para niños.
Luego se sumó su hijo más pequeño que en ese momento era un recién nacido. A partir de allí, Beines creó una editorial llamada “El pulpo literato” que está lanzando en este momento su séptimo libro: “Dardo diseña su calesita”. El psiquiatra y escritor entiende a la literatura infantil como un lugar de resistencia ante el scrolleo de pantallas y videos de 15 segundos. “Existen hoy problemas de desatención y aprendizaje en los niños por este nivel de consumo digital. La literatura requiere sí o sí de mayores niveles de atención, por eso ahí está, como un espacio de resistencia”, explica el profesional.
La literatura infantil como un lugar de resistencia
-¿Cómo nació esta historia de escribir literatura infantil con tus propios hijos?
-Mi hijo Camilo empezó primer grado con mucho entusiasmo, y a la semana se declaró la cuarentena. Hubo un tiempo hasta que los sistemas educativos se acomodaron con clases virtuales, pero la alfabetización iba a tener que suceder en casa. En ese tiempo, comencé a notar que Camilo tenía un especial placer en inventar historias e, incluso, a querer cambiar los finales de las historias que otros contaban. Entonces le propuse que hiciéramos cuentos nosotros. Yo empezaba con algún personaje, y se iba dando algo así como un taller literario en medio de la pandemia. Con seis años, en esas condiciones tan extrañas, teníamos una usina de invenciones que me di cuenta que debía pasar al papel. Así se armó la saga de Dardo, el primero de nuestros personajes. Con el correr de los años, Lisandro, que en ese momento era un recién nacido, se sumó a la editorial desde la creación de contenidos multimedia.
-¿Por qué convertir una actividad familiar en un proyecto editorial?
-El proyecto editorial no tiene que ver sólo con literatura infantil. “El Pulpo Literato” tiene una sección infantil, pero también libros para adultos. Nuestros libros están profundamente conceptualizados desde lo estético, mi socio es diseñador gráfico y tenemos esta condición. Otro de los preceptos es incluir lo tecnológico o multimedial como característica que quizás sí surge desde esta cuestión infantil, de enlazar con otros finales, o textos que no están incluidos en la edición impresa. Hace mucho pienso que las notas al pie son lo que más me molesta de un libro, de modo que todo lo que se pueda conectar, que lo haga la tecnología mediante un escaneo de un QR que te lleve a otro lado. Y si no, se puede proseguir la lectura sin alterar el ritmo. Tenemos publicados siete títulos, y otros tantos en carpeta. El autor de los libros infantiles es Losbei, un seudónimo para nombrar al complejo autoral que me involucra junto con Camilo y Lisandro, por eso Losbei como abreviatura de Los Beines.
El autor de los libros infantiles es Losbei
-Desde tu mirada médica, ¿qué está pasando hoy con la atención y el aprendizaje en los niños?
-Por ejemplo, los videos y contenidos multimedia del libro que se acceden por códigos QR, como te decía, suelen ser la lectura de los cuentos con secuencias de acción con juguetes, y la lectura dura entre cinco y siete minutos. Esto para un chico que está acostumbrado a ver shorts en el celular, es un mundo de diferencia. La apuesta es que, al tratarse de un derivado de un libro impreso, el chico se tome el tiempo de ver un video más largo. Desde la instalación de las pantallas como algo omnipresente en la cultura y en el acceso a tempranas edades, vemos que las capacidades de concentrarse y prestar atención son más volátiles. Para que un chico pueda aprender, debe interactuar con personas reales, que ofrezcan estímulos para su creatividad y no sólo ser espectadores pasivos. Ya estamos observando chicos que no entienden lo que leen, y no se trata de un problema con la aptitud de la lectura.
la lectura dura entre cinco y siete minutos
Sabemos que si un chico pasa más tiempo con una interacción pasiva, o incluso simulada como pueden ser las “redes sociales”, la falta de matices en la comunicación, de intercambio con personas reales con códigos de socialización, todo va generando niveles más bajos de comprensión. Y esta es la puerta de entrada para toda una serie de problemas de salud más amplios que el mero hecho de que te vaya mal en la escuela. “En la editorial, apostamos a que cada chico pueda usar el arte de forma más activa, potenciando la creatividad, generando una vertiente saludable que consiste ni más ni menos que en aprovechar lo que un niño está preparado para hacer: imaginar, jugar, curiosear, explorar.
Por eso la literatura infantil, que era tan predominante antes de la emergencia de la tecnología, hoy sigue ofreciéndonos un espacio único, tal vez como resistencia al auge de las pantallas”, finaliza el médico y escritor.