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Fabiana Gómez Sabio: "Ser docente es trabajar con personas, con almas y con el futuro"

Fabiana Gómez Sabio habla de vocación docente, educación actual y su trabajo solidario acompañando a personas en cuidados paliativos.

Fabiana Gómez Sabio llegó a la docencia más are en su vida, luego de formarse como traductora de inglés y trabajar durante años en el ámbito empresarial. Sin embargo, lo que parecía un cambio obligado terminó siendo un punto de inflexión personal y profesional: descubrir que enseñar no era solo una opción laboral, sino una vocación profundamente arraigada.

Con más de 17 años de experiencia en el aula, Fabiana reflexiona sobre los desafíos de la educación actual, la necesidad de docentes creativos y atentos a las diferencias de cada estudiante, y el valor de acompañar procesos humanos dentro y fuera de la escuela. Además, comparte su compromiso como voluntario en cuidados paliativos, una tarea que define como transformadora y profundamente humana.

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Entrevista Fabiana Gómez Sabio

-¿Cómo llegaste a la docencia si tu formación inicial fue otra?

-Yo creo que la vocación uno la tiene desde siempre, pero muchas veces no la reconoce en el momento en que tiene que elegir una carrera. En mi caso, saliendo del secundario estudié traductorado de inglés, algo que no tenía que ver directamente con la docencia. Con los años trabajé en distintas empresas y adquirí experiencia en otros ámbitos, pero había algo que no terminaba de cerrar. Cuando finalmente se prescindió de mí en uno de esos trabajos, entendí que ese era el momento que necesitaba para elegir ser docente y animarme a seguir ese llamado que siempre había estado ahí.

-¿Te costó tomar esa decisión de cambiar de rumbo profesional?

-No, la verdad es que no me costó nada. Con el tiempo me di cuenta de que lo que realmente me costaba era seguir en el otro camino. Si bien no puedo quejarme porque en los lugares donde trabajé siempre me trataron bien y me gustaba lo que hacía, sentía que no estaba completamente satisfecha. En la docencia encontré un espacio donde podía dar mucho más de mí y donde el trabajo tenía un sentido mucho más profundo.

-¿Qué significó la docencia en tu vida personal y profesional?

-Fue un antes y un después en todo sentido. No solo cambió mi vida profesional, sino también mi vida personal. Cuando uno puede trabajar de lo que ama, de lo que realmente le gusta, y además siente que eso tiene un impacto en otras personas, todo cobra otro significado. Sentir que uno puede mejorar o cambiar, aunque sea un poco, la vida de alguien, es algo que no tiene precio.

La importancia del docente

La importancia del docente

-Suele decirse que la docencia no termina cuando termina el horario escolar. ¿Lo vivís así?

-Totalmente. Ser docente es un trabajo 24/7. Este año, por ejemplo, tuve 28 chicos y para mí eran como 28 hijos. Cada uno era único, irrepetible, y pensaba en cada uno de ellos como si fuera mi único hijo. Uno se va a su casa, pero sigue pensando en cómo ayudar, en qué le pasa a cada chico, en cómo acompañarlo mejor.

-¿Cómo ves a los estudiantes de hoy y los cambios en la educación?

-La educación cambió muchísimo. Yo diría que en un 90%. No tanto en los contenidos o en la currícula, porque muchas cosas se mantienen, sino en la forma de enseñar y en la manera en que los chicos reciben lo que uno les da. Hoy están muy bombardeados por estímulos externos, por las pantallas, los celulares y los medios de comunicación, y necesitan todo rápido. Eso cambia completamente la dinámica del aula.

-¿Qué desafíos implica este contexto para los docentes?

-El principal desafío es no quedarse atrás. Si el docente no logra captar la atención del chico, se aburre y lo perdiste. Por eso hay que ser creativo constantemente. Además, hoy sabemos que los chicos no son todos iguales: existen dislexias, trastornos de déficit de atención, Asperger y muchas otras realidades que antes no se visualizaban. Por eso es tan importante trabajar desde la idea de las inteligencias múltiples y entender que cada alumno aprende de una manera distinta.

-Además de tu rol como docente, realizás un trabajo solidario en cuidados paliativos. ¿Qué te impulsó a hacerlo?

-Siempre me gustó ayudar y hacer acción social. Durante muchos años cuidé a mis padres: mi mamá tuvo Alzheimer durante diez años y mi papá Parkinson durante cinco. Cuando surgió la posibilidad de ir al hospice, pensé si iba a poder hacerlo, si no me iba a encariñar con las personas sabiendo que tenían poco tiempo de vida. Pero después entendí que, si había podido acompañar a mis padres en ese proceso, también podía hacerlo con otras personas.

El dilema de encariñarse

El dilema de encariñarse

-¿Qué te deja esa experiencia como voluntario?

-Uno cree que va a dar, pero en realidad el que recibe es uno. A veces es algo tan simple como quedarse al lado de una persona mientras toma un café para que no se ahogue, acompañar en silencio o escuchar. Esas cosas tan simples son las que más reconfortan. Saber que esas personas pueden transitar el final de su vida en paz, con amor, y sentirse como en su casa, es algo que marca profundamente.