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Esto también es ciencia: Roy, el perro entrenado para buscar pichiciegos y combatir la enfermedad de Chagas

Un proyecto que conecta al canino con la mejora de la salud y la preservación de la fauna local. No te pierdas el proceso de su adiestramiento.

Descubrí todo el proceso que ayudará al avance de importantes investigaciones.

Descubrí todo el proceso que ayudará al avance de importantes investigaciones.

PH: Julieta Navarro

Detrás de cada proyecto científico hay años de sacrificio y una gran vocación por la investigación que engloban décadas de vida. En esta ocasión, una de las iniciativas desarrolladas en el CONICET tiene a un protagonista especial, quien con su labor, aporta futuros avances conectados con la flora, fauna y salud en Mendoza.

Hablamos de Roy, un perro adiestrado en Europa que recorre distintos sectores estratégicos de la provincia con dos misiones complejas: ayudar a la búsqueda del pichiciego y rastrear vinchucas silvestres para prevenir la enfermedad de Chagas.

La historia detrás de la iniciativa

A la cabeza de “CAN-TRACK: Perros que detectan, Ciencia que protege” se encuentra la doctora Mariella Superina, investigadora del CONICET en el Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo. De origen suizo, llegó al país y construyó una sólida trayectoria.

“Me recibí de veterinaria en 1998... hice mi doctorado y me vine a hacer una pasantía en Bahía Blanca. Me fui a Estados Unidos a hacer otro doctorado en biología de la conservación, pero con toda la investigación acá. Después pedí una beca postdoctoral de Conicet en 2008, en 2011 ingresé a la Carrera del Investigador Científico y desde ese entonces me dedico a conservación de quirquinchos.”. Hoy encabeza este megaproyecto que vincula la salud con la conservación de la fauna silvestre.

Del otro lado está Roy, un perro específicamente entrenado para la causa. Se trata de un Pointer Alemán de dos años que nació en Hungría y fue trasladado a los Países Bajos para su adiestramiento. La elección no fue al azar: su fisonomía de pelo corto, ideal para soportar las altas temperaturas y la vegetación espinosa de Mendoza, le permitió formar parte de la investigación.

El inicio de la travesía

Empujada por su pasión sobre la fauna mendocina y a través de diversas vías de contacto, Mariella logró dar con la fundación Scent Imprint Conservation Dogs, una organización internacional referente en adiestramiento canino que despliega canes en ecosistemas críticos de todo el mundo. Para que Roy aprendiera a detectar al ejemplar, exclusivo de las zonas áridas argentinas, la investigadora debió enviar muestras de olor mediante tubos plásticos especiales.

Superina aclara que Roy está condicionado exclusivamente para dos percepciones clave (pichiciegos y vinchucas): “Si yo le sumo más cosas, es un lío para él. Es la misma lógica que los perros policías: no les enseñan drogas y explosivos al mismo tiempo para que no haya falsas alarmas”.

Más allá de lo técnico, la llegada del perro también exigió un cambio en el propio hogar de la doctora: “Tuve que construir un canil... me costaba un horror, decía: ‘Pobre perrito’, pero él está tan acostumbrado al canil que yo le abro la puerta y él entra, porque es su casa, es su territorio y él está feliz. Necesita su lugar porque tiene que poder descansar y concentrarse”.

El entrenamiento de Roy

Con su llegada al país en abril de este año, Roy realiza sus prácticas de rastreo cinco a treinta minutos, seis veces por semana. Recibe órdenes y comandos en holandés o alemán. Lejos de ser un sufrimiento, Mariella destierra los prejuicios de algunos sectores: “Para él es juego, no es un trabajo”. Sumado a esto, en junio viajó especialmente a Mendoza una de sus entrenadoras principales, Nadia Esplugas Muñoz.

Bajo el adiestramiento de Superina, el animal emplea diferentes mecanismos de entrenamiento: “Al comienzo, siempre escondía la misma cantidad de muestras. Y Nadia, su entrenadora, me dice: ‘No, porque él va a saber, después de cuatro muestras, que hay una quinta, porque siempre entrenás con cinco’. Entonces, tengo una base de datos donde registro cada entrenamiento para ir variando”.

Primera misión: la búsqueda del pichiciego

Como se mencionó en un principio, uno de los puntos del proyecto es la búsqueda del pichiciego (Chlamyphorus truncatus) en la Reserva de Ñacuñán, una especie subterránea, diminuta y poco conocida de la fauna argentina. Como advierte la científica: “Desde el siglo XIX sabemos que hay pichiciegos, pero no sabemos dónde están exactamente. Queremos conocer más sobre ellos para poder determinar su estado de conservación y ver si tenemos que iniciar alguna medida para proteger esta especie tan emblemática, que solo existe en zonas áridas y semiáridas de Argentina”.

Para graficar lo esquivo que es el animal en la naturaleza, Mariella relata una vivencia: “Una mujer de 84 años que vivió toda su vida en un puesto rural de General Alvear me afirmó haber visto solo tres pichiciegos en toda su existencia”. La dificultad para dar con ellos es tal que, según remarca la investigadora, “productoras de televisión internacionales de Japón han venido y han fracasado totalmente intentando filmarlos con drones y cámaras térmicas”.

Ante semejante desafío, el olfato de Roy es un paso clave, pero bajo un protocolo de conservación inquebrantable: el animal trabaja con correa, marca el sitio exacto donde detecta el rastro, pero jamás escarba ni lastima al ejemplar, protegiendo a esta especie que además es Monumento Natural Provincial.

Segunda misión: rastrear vinchucas

La otra parte se enlaza directamente con la salud y se articula la Reserva de Ñacuñán, en conjunto con el Gran Mendoza. Debido a los drásticos cambios en el uso del suelo, las vinchucas silvestres se están acercando cada vez más a las viviendas urbanas.

“Nos interesa saber dónde están y por qué se están acercando cada vez más a las viviendas debido a los cambios en el uso del suelo. Las vinchucas son insectos que se alimentan de sangre y pueden transmitir el parásito causante de la enfermedad de Chagas, una de las enfermedades parasitarias más importantes de América Latina”, explica Superina, quien define a esta patología como un padecimiento profundamente “silenciado y silencioso”.

Con las primeras pruebas, el perro logró hallar en dos minutos a tres insectos ocultos dentro de un salón preparado. Pese al peligro latente que esto representa para la población, Mariella lamenta con preocupación que las campañas de prevención sobre el Chagas se estén perdiendo.

Ciencia de bolsillo en tiempos de crisis

Mariella Superina mostró a MDZ todo el proceso.

Mariella Superina mostró a MDZ todo el proceso.

Toda esta estructura de investigación choca con la crisis presupuestaria en el país que ataca de lleno al CONICET. El proyecto sobrevive gracias al esfuerzo personal de la científica y al respaldo de la fundación extranjera. Con franqueza, Mariella resume la ayuda del Gobierno con una frase lapidaria: “Conicet cero”.

Esta falta de recursos económicos golpea de lleno en la formación de recursos humanos. Mencionado en otros artículos y debido a los inminentes recortes, una becaria postdoctoral especializada en la investigación del Chagas fue despedida tras ocho años de formación. Aún así, la investigadora detalla que debió costear los respectivos traslados internacionales, la construcción del canil y gastos logísticos desde su propio bolsillo para no frenar la línea de investigación.

Pese al panorama, la convicción permanece intacta: “Sin duda, para el CONICET Mendoza este proyecto reviste importancia, ya que integra dos líneas de investigación de relevancia para la región: la conservación de una de las especies más difíciles de estudiar de la fauna argentina y el estudio de las vinchucas. Buscamos integrar el conocimiento ecológico con métodos éticos de investigación”.