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Entre el teléfono descompuesto y los relatos mesiánicos: cómo se vivió el meteotsunami en Mar Chiquita

Mar Chiquita se vio convulsionado por la muerte de Yair Amir Manno Núñez. Cómo impactó el meteotsunami en este pueblo de 700 habitantes.

Mar Chiquita fue declarado como Reserva de Biósfera por la Unesco.

Mar Chiquita fue declarado como Reserva de Biósfera por la Unesco.

Mar Chiquita, Buenos Aires

"Te devuelvo este pejerrey que me salvó la vida", clamó victorioso un pescador de Mar Chiquita en uno de los comercios linderos a la laguna, minutos después de que un meteotsunami terminara con la vida de Yair Amir Manno Núñez. "Yo estaba pescando al lado de los chicos que se llevó la ola, pero me fui cinco minutos para comprar carnada. Cuando volví ya no quedaba nadie, había pasado el agua", relató con unos ojos redondos y brillantes, como si se tratara del milagro de Lázaro.

La muerte de Manno Núñez descolocó al balneario de Mar Chiquita, una localidad bonaerense que en el último censo de 2022 alcanzó los 700 habitantes y que a diferencia de otras localidades costeras, no tiene un alto crecimiento durante los meses de verano. En Mar Chiquita hay una sola calle con asfalto, un supermercado, un almacén, tres restaurantes y tres bares, que según la oferta de cada noche pueden ser uno u otro en la misma semana.

Mar Chiquita también tiene su albufera, un lugar único declarado como Reserva de Biósfera por la Unesco, donde se mezcla el agua de mar con la confluencia de distintos arroyos de agua dulce, y de esa manera se forma una especie de laguna. Este lugar, que tiene un magnetismo especial para las aves migratorias como el playero, el chorlito, el gaviotín, la becasa de mar, entre otras, también resulta atractivo para los pescadores que gozan de presas poco vistas en otros terrenos, como la corvina negra o el lenguado, o para quienes practican deportes acuáticos como kitesurf o windsurf.

De la forma más cruda, la llegada del meteotsunami dejó en evidencia la fragilidad de la vida humana. Mientras le realizaban maniobras de RCP a Manno Núñez arriba de una lancha pesquera, una chica con una discapacidad motriz perdió su silla de ruedas en la ola de seis metros y quedó flotando boca abajo, a varios metros de donde la habían visto por última vez sus familiares. Los guardavidas, para quienes el único desafío hasta ese momento había sido pedirle a dos chicos de 15 años que navegaran con el kayak en algún lugar menos poblado por bañistas, se vieron abrumados por la desesperación colectiva que generó la llegada de este arsenal marítimo. Y poco pudieron hacer.

"No entendemos qué pasó", se sinceró uno de estos jóvenes frente a una señora que buscaba alguna explicación oceanográfica sobre la pérdida de todos sus bienes personales: celular, cartera, billetera, libro, gafas de sol, sandalias, remera, equipo de mate y todo lo que cualquier persona pueda llevar para disfrutar de una tarde de sol. Porque hasta antes de la llegada de la ola y la muerte de Manno Núñez, la tarde del 12 de enero de 2026 iba a ser recordada como uno de los mejores días de la temporada de verano, que, en lo que va del año, tan poco se parece a esta estación. Sol desde temprano, con un viento del noroeste que no obstaculizaba el disfrute y un mar sereno, más allá de una que otra ola que a lo lejos parecía más fuerte que el promedio.

"Estaba nadando muy tranquilo y de pronto vi distintos surcos en la orilla y se veía que el agua cambiaba de color", relató Lucas, un hombre de 54 años, que desde 1976 pasa sus veranos en Mar Chiquita. "Y de pronto quedé mirando para la orilla y vi cómo el agua arrasaba con todo, pero estando adentro en ningún momento sentí la fuerza de una ola de esa dimensión".

A partir de ese momento, pasadas las 16.20, la tarde tomó otro color, aunque el cielo seguía celeste y el mar, después del meteotsunami, volvió a ser ese lugar tan añorado por los turistas que con sus virtudes y sus miserias año a año eligen la costa bonaerense para veranear. De hecho, algunos despistados de las últimas noticias empezaron a llegar a la playa y se encontraron con un panorama pos-apocalíptico, con gente desesperada gritando de rodillas en la arena, buscando algún familiar perdido o algún objeto extraviado.

Con el pasar de los minutos, los guardavidas pusieron su refugio a disposición para armar una especie de gran cajón de cosas perdidas donde cada uno de los afectados por la ola llevaba algo que había encontrado sumergido en la arena o flotando en el mar y también buscaba si aparecían sus pertenencias. Así, de a poco aparecieron algunas ojotas, otros gorros y pocos celulares.

En los comercios, en las calles y en los chats de WhatsApp de los vecinos de Mar Chiquita la información comenzaba a circular como un gran teléfono descompuesto. "Parece que murieron cuatro que estaban pescando", comentó una vecina en la fila del supermercado. "A mi me dijeron que fueron cuatro en la laguna y seis en el mar", sumó otra. "¿Seis en el mar? serían diez en total, qué escándalo, por dios".

Estas conversaciones se repitieron durante toda la tarde. Mientras tanto, en la avenida San Martín, la única asfaltada, sonaban las sirenas de las ambulancias y los patrulleros que peleaban por la vida de Manno Núñez, que resultó ser la única víctima fatal de esta ola en Mar Chiquita.