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El verano que cambió para siempre a Mar del Plata: tragedia, fama y conmoción en 1988

El fallecimiento de la jueza Alicia Ramos Fondeville, quien condenó a Carlos Monzón, reactualiza el impacto de aquellos hechos y el valor histórico de una sentencia que sentó precedente en la Justicia argentina.

Alicia Ramos Fondeville juicio

El verano de 1988 quedó grabado en la memoria colectiva de la Argentina como uno de los más oscuros en la historia de Mar del Plata. En poco más de dos semanas, la ciudad fue escenario de dos hechos trágicos que conmocionaron al país y marcaron un quiebre cultural, social y judicial: el asesinato de Alicia Muñiz y la muerte de Alberto Olmedo. Lo que debía ser una temporada de teatro, glamour y descanso terminó convertida en un símbolo de dolor, violencia y estupor.

El primer golpe ocurrió en la madrugada del 14 de febrero de 1988, cuando Alicia Muñiz fue asesinada en el chalet conocido como “La Mansión”, en el barrio Los Troncos. La modelo uruguaya y ex pareja del boxeador Carlos Monzón murió tras una brutal agresión y luego de ser arrojada desde un balcón. El crimen, cometido por una de las figuras deportivas más admiradas del país, expuso de manera descarnada la violencia contra las mujeres en una época en la que el término femicidio aún no ocupaba un lugar central en la agenda pública.

El impacto fue inmediato. La caída del ídolo, la violencia ejercida puertas adentro y el rol de la Justicia generaron una conmoción que trascendió a Mar del Plata y sacudió a toda la sociedad argentina. En 1989, el caso marcó un hito judicial cuando la jueza Alicia Ramos Fondeville presidió la Cámara Penal que condenó a Carlos Monzón a 11 años de prisión por el femicidio de Muñiz. La sentencia significó un punto de inflexión: por primera vez, un ídolo popular era condenado por un crimen cometido en el ámbito privado.

La figura de Ramos Fondeville volvió a cobrar relevancia en las últimas horas tras conocerse su fallecimiento. La magistrada murió el 1 de enero de 2026, a los 90 años, luego de atravesar una prolongada enfermedad. El Colegio de Magistrados y Funcionarios del Departamento Judicial Mar del Plata la despidió con un comunicado en el que destacó su trayectoria y su rol pionero: fue la primera mujer en presidir esa institución, abriendo camino para la participación femenina en espacios de conducción judicial.

“La Dra. Ramos Fondeville fue una figura histórica de la Justicia local y nacional”, expresaron desde la entidad, al tiempo que recordaron su firmeza, independencia y vocación de servicio. En agosto de 2025, al cumplirse los 50 años del Colegio, había recibido una medalla conmemorativa en reconocimiento a su legado y a su aporte a una Justicia más cercana y comprometida con la comunidad. Sus restos serán velados este viernes en una casa velatoria de la ciudad.

Alberto Olmedo Carlos Monzón

Mientras tanto, Mar del Plata aún intentaba asimilar el crimen de Muñiz cuando, el 5 de marzo de 1988, la tragedia volvió a golpear. Alberto Olmedo, uno de los humoristas más queridos y populares del país, murió al caer desde el balcón del piso 11 del edificio Maral 39, en pleno centro marplatense. El artista se encontraba en el punto más alto de su carrera y encabezaba la cartelera teatral de la temporada. Su muerte, rodeada de versiones contradictorias y preguntas sin respuestas definitivas, paralizó al país.

El contraste entre el brillo de las marquesinas y la crudeza de los hechos resultó imposible de ignorar. La ciudad turística, emblema del espectáculo argentino, quedó envuelta en un clima de duelo y desconcierto. Aquel verano dejó al descubierto las tensiones entre fama, poder, excesos y silencio, y marcó un antes y un después en la forma de mirar a los ídolos.

A más de tres décadas de distancia, el verano de 1988 sigue siendo recordado como una temporada trágica. La reciente muerte de Alicia Ramos Fondeville vuelve a poner en primer plano el caso Muñiz y el valor de una sentencia que sentó precedente. Mar del Plata volvió a brillar en otros veranos, pero aquel quedó congelado en la memoria colectiva como el momento en que la tragedia y la Justicia se impusieron sobre el espectáculo.