El poco difundido arte de mirar de noche al cielo
No cualquiera que mira para arriba observa al cielo, o al menos así lo creen algunas personas.
El secreto para convertirse en un Mirador Nocturno de Cielo es, como su nombre lo indica, un secreto.
Archivo MDZEl arte de mirar de noche el cielo, como tantos otros, no es un arte que se obtenga de primera mano; en general las personas mirantes antes eran otra cosa, y obtuvieron esta virtud como un efecto secundario de un oficio que no fue lo suficientemente satisfactorio como para retenerlas. Así como toda mariposa fue alguna vez gusano, del mismo modo los Miradores Nocturnos de Cielo fueron alguna vez astrónomos, astrólogos, fotógrafos de casamientos, astronautas, poetas, meteorólogos, enamorados o simples borrachos desconocidos.
Todas estas tareas ponen a sus miembros en algún momento de su vida cotidiana mirando al cielo, lo que de todos modos no es suficiente para convertirse en un Mirador Nocturno: del mismo modo, hay que aclarar que la mayoría de los gusanos nunca tendrán un hermoso par de alas de colores balanceadas por la brisa. Suponer lo contrario sería un elogio a la flojera: bastaría con echarse al suelo y mirar para arriba para que la cosa fluya, minimizando y dejando sin virtud al arte en sí.
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Como convertirse en Mirador Nocturno: el secreto menos difundido
El secreto para convertirse en un Mirador Nocturno de Cielo es, como su nombre lo indica, un secreto. Y no es que se presuma de algo que puede contarse pero que de todos modos se evita la confesión: es uno de esos secretos que se conocen o se ignoran, pero que terminan siendo intransferibles, aún con toda la voluntad puesta en hacerlo. Las gentes practicantes de este arte afirman (aparentemente con franqueza) que, sin causa justificada, en medio de la noche, mientras realizaban las funciones correspondientes a su oficio anterior, sintieron un sonoro ¡¡boing!! en sus cabezas, que las dejó mirando las estrellas. Imposibilitadas de seguir con su simple tarea quedaron ahí, perplejas, sintiendo su humana insignificancia ante todo un universo que, con el efímero brillo del sol y la amarga complicidad del alumbrado público se oculta, día tras día, a la mayoría de la humanidad. Porque ya va siendo hora de que se declare que, aunque resulta posible mirar al cielo de día, nada puede hacer la claridad solar para equiparar las bondades de su ausencia a la hora de mirar para arriba, más allá de las incontables virtudes que nuestro querido astro rey posee para la gran mayoría de las actividades vitales de los habitantes de este planeta. Así las cosas, la principal ventaja de este arte es que todo indicaría que no es necesario ningún conocimiento previo para llegar al éxtasis. Hay quienes piensan que es necesario, como mínimo, contar con el sentido de la vista. Personalmente no comparto esta teoría: si uno tiene el arte de Mirar el Cielo de Noche, puede ser ciego o tener los ojos cerrados, y es muy probable que nada cambie, aunque tampoco puedo asegurarlo: habrá que arriesgar, llegado el caso.
Miradores novatos y expertos, y diferentes cielos para ver
Los Miradores Nocturnos novatos observan, sin prisa pero sin pausa, el brillo de las estrellas. También es muy codiciada la luna llena, en la que puede verse un rostro según algunos Miradores, un conejo según otros, y según algunos astrónomos (que aún no se convierten a la Verdad Revelada) un conjunto de cráteres sin conexión entre sí. Los Miradores más expertos, con más noches encima, miran un poquito más allá. En la oscuridad logran ver algunas estrellas fugaces, algún satélite artificial, una vez cada tanto un cometa... hay también, según cuenta la leyenda y a pesar de la oposición de los terraplanistas, Miradores Nocturnos de Cielo privilegiados que han logrado observar, en cercanías de los polos auroras boreales o australes, dependiendo de si las vieron en el norte o en el sur del planeta: será cuestión de creer a quienes juran haber observado esas luces danzantes de vivos verdes, rojos o violetas, o de reventar en el intento.
Pero más allá de miramientos privilegiados o de simples observaciones desde la plaza del barrio, el arte de Mirar al Cielo de Noche sigue sumando adeptos, aunque la falta de registros oficiales impide cuantificar a las personas que, cada vez que la ausencia de luz se los permite, disfrutan en silencio del espectáculo que la naturaleza les regala, sin más expectativas que la de solo mirar (y ver) a un cielo que está formalmente al alcance de todas las personas que habitamos en el planeta, pero que de todos modos buena parte de la humanidad, porfiadamente, se resiste aun a observar.
Texto basado en el cuento “El arte de mirar de noche el cielo”, publicado en el libro “Artes, oficios y otras hierbas” (1998)
* Pablo Rafael Gómez, escritor autopercibido
IG: @prgmez