El lado B de la marcha contra la reforma laboral: destrozos, infiltrados "pro Milei" y bombas Molotov
Desde adentro de la marcha, entre sindicatos, vendedores ambulantes, infiltrados y disturbios que marcaron una jornada atravesada por la tensión política
Personas detras de tablones y camiones hidrantes, una de las secuencias que dejó la marcha.
MDZ | Juan Mateo AberastainEste miércoles no comenzó como un día más en Argentina, y mucho menos en Buenos Aires. Desde cerca del mediodía, la jornada empezó a latir al ritmo del debate en el Senado por la reforma laboral. Una discusión que, mientras se desarrollaba dentro del Congreso de la Nación, comenzó a reunir pasado el mediodía a miles de manifestantes en las calles.
De hecho, varias columnas sindicales ya habían anunciado su presencia en la movilización e incluso convocaban a otros a sumarse, con algunos sectores anticipando paros en sus servicios.
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Entre disturbios, columnas gremiales e infiltrados
Lo que empezó como una manifestación pacífica, con los de siempre intentando empujar vallas y arrojando objetos contra la Policía Federal —que desde temprano había activado el protocolo antipiquetes— terminó, con el correr de las horas, en disturbios y violencia.
Pero mientras a pocos metros del vallado se encendían los primeros focos de tensión, más atrás el paisaje era otro. Banderas, bombos, columnas organizadas. ATE, Camioneros, molineros, metalúrgicos, la CATT y muchos más. Algunos habían viajado desde Córdoba y Santa Fe. Todos movilizados contra la reforma laboral. O no.
Porque ahí, donde parecía que todos marchaban por la misma causa —por convicción propia o por alguien cercano— también estaban los infiltrados. Mezclados entre la gente, con una bandera argentina sin identificación gremial, sin colores ni insignias. Los que, en voz baja, soltaban frases como “Yo estoy a favor” o “Yo lo voté a Milei”, pero igual caminaban junto a sus compañeros, más por inercia que por convicción.
También estaban los que veían en la movilización una oportunidad económica. Porque donde hay multitud, hay mercado. Camuflados o no tanto, lejos de cualquier consigna salarial, circulaban con heladeritas, carritos y canastas. Otros directamente habían montado su parrilla sobre la vereda. Por $3.000, un sándwich de milanesa; por $5.000, alguna bebida alcohólica. La protesta, también, tenía su propio circuito comercial.
Los disturbios que terminaron en corridas
Pero entre charlas y fuegos artificiales —que por momentos sonaban como disparos— empezó a sentirse el movimiento. La gente comenzó a dispersarse. Más adelante, los disturbios ya eran un hecho. Algunos armaban Molotovs y se resguardaban detrás de tablones para luego arrojarlas contra las fuerzas de seguridad. Otros rompían baldosas a martillazos y lanzaban escombros.
Una movilización que había comenzado con un propósito —protestar contra una reforma que todavía se debate y que probablemente deje mucha tela para cortar— terminó atravesada por la violencia, las corridas y actos que dejaron imágenes salvajes.


