El lado B del aniversario de la Arístides: venta ambulante y precios que rompieron los acuerdos previos
Mientras la avenida celebraba su octava edición bajo nubes amenazantes, una interna de precios dejó a los comerciantes con un balance agridulce.
La lluvia no frenó el brindis en la calle más famosa de Mendoza.
La octava edición de la fiesta de la calle Arístides Villanueva se vivió como un torbellino de emociones. El intendente Ulpiano Suarez recorrió una arteria colmada por 70 mil personas que, ni ante la amenaza de tormenta ni los relámpagos, abandonaron sus puestos.
Sin embargo, detrás de la energía generada por Conociendo Rusia y el DJ Ezequiel Arias, entre otros artistas, se gestó una tensión económica invisible para el turista, pero algo complicado para el empresario local. La logística de los bares, que instalaron mesones y cajeros en las veredas, se vio empañada por un quiebre en las reglas del juego comercial.
Una competencia desigual en plena Arístides
Previo al evento, los propietarios de los bares habían acordado un "piso" ético desde 10.000 pesos para los combos gastronómicos, incluso así estaba anunciado en los canales oficiales. No obstante, la realidad de la noche fue otra: algunos locales, presionados por fuertes inversiones en mercadería, decidieron perforar ese precio ofreciendo promociones por 6.000 pesos.
La sombra de la informalidad y la venta ambulante
A la lucha interna se sumó un enemigo externo: la venta ambulante, estrictamente prohibida para alimentos y bebidas. Según los testimonios, los vendedores callejeros ofrecieron latas de cerveza a precios imposibles de igualar para quienes pagan impuestos y servicios. "Una lata de cerveza nos cuesta a nosotros 2.000 pesos; venderla a dos por 6.000 es ganar casi nada, pero los ambulantes lo hacen porque no facturan, no pagan IVA ni nada", explicaron algunos trabajadores gastronómicos. Esta situación generó una "competencia desleal" que se sintió con fuerza en la facturación de los locales establecidos.
El vacío técnico en el corazón de la avenida
No todo el descontento fue económico; la organización técnica también quedó bajo la lupa. Mientras los extremos de la calle vibraban con los escenarios principales, las cuadras centrales se convirtieron en "zonas muertas". "Hubo temas macro que fallaron: en las cuadras del medio no se escuchaban las bandas ni había pantallas mostrando lo que pasaba en los escenarios", señalaron algunos comerciantes. Esta falta de conectividad visual y sonora centralizó el movimiento fuerte frente a los escenarios, desaprovechando el potencial de toda la extensión de la avenida y afectando a los bares situados en el "corazón" del festejo, pese a que entre Martínez de Rozas y Granaderos se ubicó el camión de una conocida marca de energizantes que hizo su propia pista con DJ a bordo, pero con un sonido escueto que solo alcanzaba el frente de ese espacio, a los laterales ya no se escuchaba por la falta de potencia.
Pese a los tragos amargos de la organización y la economía, la Arístides confirmó su estatus de ícono cultural. La capacidad de resiliencia del sector, que llegó a vender 3 latas de cerveza por 12.000 pesos o combos de pizzetas, sandwichs o empanadas con una birra por 13.000 para salvar la noche, demuestra que el polo gastronómico sigue vivo. El desafío para la novena edición será reconciliar el éxito de convocatoria con un control real de la venta ambulante y una cobertura técnica que no deje sectores en silencio. Mendoza espera que el próximo marzo la armonía entre precios y calidad sea otra gran protagonista.




