El futuro del cine con Hitoshi Díaz: "Con un celular hoy todos podemos grabar una película y encuadrar"
En este episodio de Future Talks, Fernando Gril conversó con Luis Hitoshi Díaz, cineasta y creador, para pensar el futuro del cine este nuevo presente digital.
Hablamos con Luis Hitoshi Díaz sobre el futuro del cine.
En este nuevo episodio de Future Talks, Fernando Gril conversó con Luis Hitoshi Díaz, cineasta y creador, para pensar el futuro del cine desde una mirada que combina historia, autoría y presente digital. Lejos del entusiasmo acrítico o del rechazo nostálgico, la charla propone una pregunta central: ¿el cine está mutando su forma… o su esencia?
El cine nació como una experiencia técnica antes de convertirse en un arte. A fines del siglo XIX, una cámara fija y una pantalla blanca bastaban para provocar asombro. Desde entonces, cada salto tecnológico —el sonido, el color, la televisión, el video hogareño, el streaming— fue leído como una amenaza y, al mismo tiempo, como una promesa. El cine nunca dejó de estar “en crisis”. Y sin embargo, nunca dejó de transformarse.
Las nuevas dinámicas audiovisuales
Hoy, esa transformación vuelve a acelerarse. La inteligencia artificial, las narrativas transmedia y las nuevas formas de circulación de contenidos no solo cambian cómo se producen las películas, sino también qué entendemos por cine, quiénes pueden hacerlo y bajo qué reglas se crean y se protegen las obras.
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A lo largo de la entrevista, Luis Hitoshi recupera la memoria de un cine que siempre dialogó con la tecnología, pero también pone el foco en el presente: un momento en el que las historias ya no viven únicamente en una sala oscura, sino que se expanden en múltiples pantallas, plataformas y lenguajes. El cine como obra cerrada convive hoy con universos narrativos, fragmentos, series, reels, memes y relecturas constantes por parte de las audiencias.
“La persona que decide contar algo es irremplazable. Siempre vamos a necesitar una idea que demande esa narración o producto audiovisual”, afirma Hitoshi.
El cine como experiencia colectiva
Este nuevo escenario plantea desafíos profundos. ¿Qué ocurre con la experiencia colectiva del cine cuando la pantalla principal cabe en un bolsillo? ¿Cómo se redefine el rol del espectador cuando también es creador, comentarista y difusor? ¿Y qué lugar ocupa el cineasta en un ecosistema donde las herramientas creativas se multiplican, pero también se estandarizan?
La conversación avanza hacia uno de los grandes temas del futuro próximo: la inteligencia artificial aplicada a la creación audiovisual. Guiones generados por algoritmos, imágenes sintéticas, voces recreadas, estilos replicables. Frente a este panorama, surge una tensión inevitable entre potencia tecnológica y riesgo de homogeneización. Más aún, aparece una pregunta clave que atraviesa a toda la industria cultural: ¿quién es el autor cuando crea una máquina entrenada con millones de obras humanas?
“Las películas tal como las conocemos no van a dejar de estar, aunque obviamente van a realizarse de otras maneras”, dice Hitoshi.
En un mundo donde la tecnología avanza más rápido que las leyes, los derechos de autor se vuelven un terreno en disputa. Proteger la identidad creativa, reconocer el trabajo artístico y repensar la propiedad intelectual son desafíos urgentes si el cine quiere seguir siendo un espacio de expresión genuina y no solo de producción automatizada de contenidos.
El futuro del cine: un territorio abierto
Pero lejos de un diagnóstico pesimista, este episodio invita a mirar el futuro del cine como un territorio abierto. Un espacio donde la tecnología puede ampliar posibilidades, siempre que las historias sigan naciendo de una necesidad humana: contar, emocionar, incomodar, dejar huella.
“La democratización de la tecnología nos da el poder a cualquiera. Con un celular podemos filmar una película y todos sabemos encuadrar”, dice Hitoshi respecto de la facilidad para contar historias por parte de cualquiera.
Porque si algo demuestra la historia del cine es que las herramientas cambian, las pantallas se multiplican y los formatos se transforman. Pero mientras existan personas dispuestas a mirar y otras a contar, el cine —de una forma u otra— seguirá encontrando la manera de existir.