El arte de mantener la línea, rayando el sol...
Tras perder casi totalmente la vista, el artista transformó la oscuridad en una nueva forma de mirar, crear y encontrar sentido a través del arte.
Urgió un orden: la luz de mis obras.
Ilustración de Lisandro Ruiz.¿Por qué ya no se peina con raya al medio? ¿Por qué el pantalón ya no se plancha con raya al medio? Tu deseo es tu mejor pregunta. ¿A quién confiarnos? Me confié al tacto, a ser oyente, a la extensión del cuerpo en un bastón blanco. Había perdido la vista casi totalmente… ¿me había perdido de mí?
Fue entonces que lo que descubrí dentro mío redescubrió el “afuera”. Fue entonces que la fe fue más que la voluntad… Y el vínculo la razón! Porque así como fui notando el modo de ser de Dios en mí fluyó mi modo de ser. El vínculo es la fuerza de atracción. Y atender a cómo Dios crée en mí me hizo creer en Él.
¡Lo que más podemos dar es dar sentido!
Y como puedo ser puedo hacer…
Y como puedo hacer puedo ser…
La motivación es tal como creés en mí.
Y es como creo en vos…
Dios nos confía unos a otros. Es su confianza confiarnos al otro.
Motivar es la señal vial.
Creer en el camino lo abre
El deseo es lo que te hace saber de vos.
Un día se soltó de mis manos la expresión… Al modo de un espejo lo que podía expresar podía ver.
No tenía que decir lo que veía. Necesitaba expresar lo que sentía. Esa luz crepuscular es tan así… Como en el alba se empieza a ver y como al atardecer dejamos de ver…
Pintar en pastel tiza con las yemas de mis dedos es mi andar por cualquier superficie y de cualquier dimensión. Nazco de mí y el alcance es lo que nace de mí. Obras muy pequeñas y muy grandes. Y en la tinta de los últimos años el trazo también asume lo de siempre, como el bastón blanco, acompañar lo que puedo de lo que quiero, lo que puedo ser de lo que quiero ser.
La imaginación es un rayador que atraviesa la oscuridad filtrando líneas de luz.
Más aún de lo aún menos: ¡Perdí la vista gané una visión.!
Como la línea-luz reconozco a mis rayas. A modo de linternas o antorchas o fósforos o la posibilidad que sea de encendernos al alcance.
El trazo es la disponibilidad del orden. Y la memoria hacedora del lugar, del hábito que transforma en hábitat al lugar.
Rectas y curvas dialogan con el silencio del color hasta despertarlo melodía. El ritmo es la edad de la luz.
¿Rayamos?
Y… ¡Algo más que hojas de papel! Ahora los objetos de arte de FarmaBarros. La “mía” es de esas farmacias de hoy en día que recetan motivaciones para ser el motivo:
Botellas que llevan mensajes, cajas que abren regalos, cuadernos, dados a arrojar, los táper de lo fantástico, el brindis de las copas, alcancías de sueños.
Los sueños son tus últimos ahorros. ¡Cuidalos!
Siempre, la sorpresa de hallar en lo visto la metáfora. Y en el sentido lo que sentimos…
Ver no es el límite de la realidad
Urgió un orden: la luz de mis obras.
Pintar y dibujar es ir a tientas por mí proyectándolo en el mundo.
¡Abrirse abriéndonos¡
Confiarnos a sí mismos “Sin otra luz y guía que la que en mi corazón ardía” “Un entender no entendiendo toda ciencia trascendiendo” (San Juan de la cruz)
A oscuras la visibilidad no es el orden si el orden no es la visibilidad.
El arte nos desafía a vivir abriéndonos
¡Somos un regalo a abrir!
Somos lo abierto de Dios.
La obra de arte es todo lo que sabe del artista.
Allí la mejor traducción del ayer es el hoy…
¡Frente a tantos “tipos de cambios” el arte es de mi tipo!
Y… ¡No hay dificultades para importar si descubrís que importás!
En los desiertos de la Tebaida en el naciente siglo IV…
“Unos extraños hombres, de espaldas al poder, inclinados sobre sí, tejen canastos de mimbre; algunos murmuran un algo incomprensible, inseparable del murmullo, del aliento, otros nada, callan; todos, cabeza baja, sin prisa alguna tejen.
Ni cuentan ni sacan cuentas, en el silencio y la soledad, no hay nada que contar. Callan, tejen, buscan el estado más elevado al que la mente humana puede llegar, buscan, o más bien, dejan llegar, la serenidad: el recogimiento de sí en el olvido de sí mismos. Allí, en el desierto, donde todo es interior, donde la lejanía es la propia hondura; allí mismo don- de en verdad se está más allá de lo interior o lo exterior, del allá o del aquí, de la poesía o de la plegaria.
Cae el sol, el ardiente sol de un desierto, y el trabajo cesa. Dejan de tejer, dejan de entrelazar el silencio de sus vidas. Uno a uno y uno sobre otro apilan los canastos... No los acumulan, no lucran: los queman, los sacrifican. Eran solo un medio de concentración, un medio para rezar, un medio para nada, una liberación de todo”.
(El saber de no saberse / Hugo Mujica)
Al despertar y durante todo el día, entregado a lo que me entrega tal como soy, yo estoy rayando…
No nos hace amar lo que no amamos.
Soy como fui mirado al mirarme
Lo que aprendemos de nosotros es lo que aprendemos del otro…
Tu mirada es un espejo en el que me alcanzo a Ver.
El pasado no es la única diferencia.
* Juan Barros, energizante natural. Apto para todo público.



