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El ángel humano, escapando a su soledad

No todo es como parece, por lo que siempre es bueno, ante la duda, apuntalar la versión más benigna de los hechos

La mano de dios, esa que le ayudó a Dieguito a hacerle aquel glorioso gol a los ingleses, esta vez sirvió para concretar el sueño de un ser humano.

La mano de dios, esa que le ayudó a Dieguito a hacerle aquel glorioso gol a los ingleses, esta vez sirvió para concretar el sueño de un ser humano.

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Él, siempre soñó con volar. Pero no en un avión, ni en un ala delta, ni siquiera en paracaídas, sino con alas, como un pájaro: como un verdadero pájaro. Pero, ya se sabe que los seres humanos no vuelan como los pájaros, ni pueden estar mucho tiempo bajo el agua como los peces. Simplemente deben conformarse con pasar su vida en un sánguche hecho de cielo y agua, y vivir sobre la tierra.

Pero estas cuestiones eran para él estupideces de los cuerdos, y siempre pensó que tarde o temprano iba a tener su oportunidad de volar.

Por eso, en sus ratos libres, cuando se escapaba de la cordura que le imponía su sociedad, se iba a la terraza de los edificios más altos y gozaba sintiendo el viento que lo golpeaba en la cara. Los fines de semana se iba por ahí a escalar algún cerro, para sentir, además del vientito, la libertad que da el alejarse de esa fábrica de humo y tristeza que se llama ciudad.

Durante los horarios de oficina se disfrazaba de hombre común, y le salía bastante bien, porque nunca nadie sospechó de él.

 Él, siempre soñó con volar. Pero no en un avión, ni en un ala delta, ni siquiera en paracaídas, sino con alas.

Él, siempre soñó con volar. Pero no en un avión, ni en un ala delta, ni siquiera en paracaídas, sino con alas.

Versiones oficiales versus teorías científicas

Así fue pasando el tiempo, y a medida que los años avanzaban, fue perfeccionando su idea; y ya tenía prefijados los lugares por los que iba a volar cuando ése glorioso día llegara.

Y como para hacer honor a la frase del burro, y de su objetivo logrado en base a la insistencia, una tarde de otoño, mientras estaba en la terraza del edificio más alto del lugar con los ojos cerrados, analizando uno de los recorridos que iba a realizar, algo lo empujó al vacío.

La versión oficial dice que fue suicidio

Un ingeniero me explicó que el viento, a esa altura, desarrolla una velocidad de no se cuantos kilómetros por hora, lo que en una superficie de aprox. tantos metros cuadrados que tiene un cuerpo humano visto de frente, genera una fuerza en la dirección del viento, lo que hace que el centro de gravedad de la persona se desplace y lo saque de su posición de equilibrio, produciendo al fin, una caída libre desde un montón de metros de altura y que, teniendo en cuenta la resistencia del tejido orgánico, era lógico que dicho ser terminara hecho pelota contra el asfalto.

Cuando se escapaba de la cordura que le imponía su sociedad, se iba a la terraza de los edificios más altos y gozaba sintiendo el viento.

Cuando se escapaba de la cordura que le imponía su sociedad, se iba a la terraza de los edificios más altos y gozaba sintiendo el viento.

Las verdades de potrero, a veces se imponen

Por último, un hincha de fútbol me dio su versión de los hechos, según la cual la mano de dios, esa que le ayudó a Dieguito a hacerle aquel glorioso gol a los ingleses, esta vez sirvió para concretar el sueño de un ser humano, aunque sea por unos segundos, empujándolo, suavemente, rumbo a sus deseos más profundos.

Yo, con todo el respeto que me merecen los ingenieros y las historias oficiales, me quedo con la última opción, porque me permite pensar que aquel loco lindo anda por ahí, hecho todo un ángel, volando bajito con el viento pegándole en la cara, esquivando realidades y sin tragarse ni una mosca, pero eso sí, muy seguramente, recorriendo los caminos que siempre soñó.

Texto basado en el cuento “Ángel”, publicado en el libro “Alquimia” (1993)