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Dormir no debería doler: por qué dejar llorar a los bebés ya no es una opción

La neurociencia y las políticas públicas cuestionan el “déjalo llorar”: el llanto es comunicación y el descanso infantil se construye con presencia y cuidado.

El llanto de un bebé no es manipulación, es una forma de comunicación.

El llanto de un bebé no es manipulación, es una forma de comunicación.

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Durante años se repitió como un mantra: “déjalo llorar, así aprende a dormir solo”. Hoy, esa frase empieza a desmoronarse. Dinamarca acaba de dar un paso histórico al retirar oficialmente la recomendación de dejar llorar a bebés y niños pequeños para inducir el sueño, luego de que más de 700 profesionales de la salud mental advirtieran sobre los riesgos neurológicos y emocionales que esta práctica conlleva.

Este giro no es una moda. Es el reflejo de décadas de investigación en neurociencia afectiva y desarrollo infantil que hoy llegan, por fin, a las políticas públicas. El llanto no es manipulación, es una forma de comunicación.

Un bebé no llora para “dominar” a un adulto

Llora porque su sistema nervioso es inmaduro y depende por completo de otro cuerpo para regularse. Cuando un niño llora y nadie responde, su organismo entra en estado de alerta: aumenta el cortisol (hormona del estrés), se acelera el corazón y el cerebro activa circuitos de supervivencia. Aunque eventualmente el bebé “se quede quieto”, eso no significa que esté calmado: significa que su cuerpo aprendió a desconectarse para soportar el estrés. Esto es lo que los especialistas advierten hoy con claridad: callar no es lo mismo que regularse. Y si bien los entrenamientos de sueño pueden ser tentadores, las consecuencias son peligrosas.

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Los bebés lloran porque su sistema nervioso es inmaduro y dependen por completo de otro cuerpo para regularse.

Los bebés lloran porque su sistema nervioso es inmaduro y dependen por completo de otro cuerpo para regularse.

Qué sucede en el cerebro cuando dejamos llorar

En los primeros años de vida, el cerebro se está moldeando a partir de las experiencias relacionales. Cada vez que un adulto responde al llanto con presencia, contacto y voz calmada, el niño aprende algo fundamental: el mundo es seguro, mis emociones pueden ser sostenidas. Puedo contar con alguien más. Cuando esa respuesta no llega de forma repetida, el cerebro prioriza circuitos de autoprotección en lugar de circuitos de confianza. Esto puede impactar, a largo plazo, en:

  • Dificultades para regular emociones
  • Mayor sensibilidad al estrés
  • Inseguridad vincular
  • Problemas de sueño persistentes
  • Desconexión emocional

Dormir no debería implicar sufrir

El descanso es importante. Pero el precio no puede ser el sufrimiento emocional silencioso de la infancia. El sueño saludable no se construye a partir del abandono emocional, sino desde la co-regulación. Dormir acompañado, con rutinas previsibles, contacto físico, presencia segura y tiempos respetados según la etapa evolutiva.

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El cerebro de un bebé se está moldeando a partir de las experiencias relacionales.

El cerebro de un bebé se está moldeando a partir de las experiencias relacionales.

La independencia real se construye cuando un niño crece sintiéndose sostenido. Este pronunciamiento también expone una herida cultural profunda: la idea de que criar con sensibilidad “malcría”, “debilita” o “hace dependientes”. Pero la evidencia muestra lo contrario: los niños que fueron acompañados emocionalmente desarrollan mayor autonomía, mejor autoestima y más capacidad de autorregulación en la adolescencia y adultez.

Dinamarca acaba de encender una luz que invita al mundo a revisar prácticas heredadas que ya no se sostienen desde la ciencia ni desde la ética del cuidado. Las noches pueden ser largas, y cada familia encontrará distintas maneras de sobrellevarlas, pero ninguna de ellas, debería incluir el entrenamiento del sueño infantil a costa del llanto y el miedo de quiénes más nos necesitan.

Entre los tres y seis años de vida la mayoría de los niños consigue dormir toda la noche de corrido. La infancia, el período mas corto de la vida, el que más huella deja.

* Brenda Tróccoli. Coach ontologica. Especialista en crianza y familias. Autora “El nudo invisible” (Ed. Planeta 2025) Puericultora.

familiaspoderosas.com