Del teatro a las docencia: el camino de Gervasio Usaj
Gervasio Usaj, actor y locutor recordó sus comienzos, habló de la publicidad y reveló por qué la docencia ocupa hoy un lugar clave en su carrera profesional.
Gervasio Usaj pasó por Entrevistas MDZ y dejó una charla atravesada por la vocación, los giros inesperados y el trabajo sostenido en distintos frentes. Actor, locutor y docente, contó que su recorrido no respondió a un plan rígido, sino a una serie de decisiones que fue tomando a medida que descubría dónde se sentía más cómodo, más vivo y más auténtico.
De Bariloche a los escenarios, del micrófono publicitario a las aulas, Usaj reconstruyó una trayectoria marcada por la inquietud, la autogestión y el deseo de seguir aprendiendo. En sus palabras aparecieron el teatro, la radio, el cine, la publicidad y la docencia como mundos distintos, pero conectados por una misma pulsión: hacer, probar, compartir y crecer en el oficio.
Mira la entrevista a Gervasio Usaj
- ¿La docencia era algo que imaginabas desde antes o apareció más tarde en tu vida?
- La docencia fue como un sueño autocumplido. Siempre me dio esa impresión porque vengo de una familia de docentes: mi vieja, mi hermano, y eso de algún modo estaba rondando. Yo sabía que en algún momento iba a pasar, pero me imaginaba que iba a llegar más adelante, no de joven. En la profesión nuestra también me pasaba eso, que pensaba que la docencia venía con los años, con cierta experiencia, con otra cabeza. Entonces tenía como la ilusión de que me pasara más o menos a los 40, y a los 40 arranqué. Por eso digo que fue un sueño, porque fue algo que estaba ahí dando vueltas y finalmente se cumplió. Después hice el tramo de formación docente a partir de la licenciatura, me lancé y ahí descubrí algo muy fuerte, que era que me gustaba muchísimo enseñar. Incluso sentí que como docente era mejor que como actor y locutor. Son esas cosas que uno no planifica del todo y, sin embargo, terminan apareciendo con mucha claridad.
- ¿Cómo fue el camino que te llevó desde la actuación a enseñar lo que sabías?
- En realidad, medio que las cosas me fueron pasando así, viste, no fue un plan perfectamente armado. Yo no me vine a estudiar actuación: me vine a estudiar hotelería. Soy de Bariloche, y en el primer año me enseñaron que entrada era check in y salida era check out, y yo sentí que algo no cerraba, que me estaban sacando la plata, digamos. En ese tiempo me empecé a juntar con una gente que iba a lo que en ese momento era el conservatorio, hoy la UNA, y andaban siempre por esa zona del edificio hermoso que está ahí. Me di cuenta de que me llevaba mucho mejor con ellos, que la pasaba mejor con la gente del conservatorio que con la de hotelería. Yo ya tenía algún curso hecho de adolescente, porque era un pibe inquieto, así que al otro año cambié de rubro y empecé a formarme como actor. Ahí empezó el recorrido. Y con el tiempo, además de la actuación, fui incorporando otras herramientas, algunas vinculadas a la autogestión, al trabajo independiente y después también a la posibilidad de transmitir eso. Entonces enseñar no fue separar una cosa de la otra, sino seguir el mismo camino desde otro lugar.
La docencia de los actores
- ¿Qué recordás de tus primeras experiencias frente al público?
- Las primeras veces arriba del escenario no tuvieron que ver exactamente con el teatro. Tuvieron más que ver con agarrar un micrófono en Bariloche, en canales de cable, con 16 o 17 años, y salir a hacerme el loco por las discotecas. Antes de hacer teatro yo hacía algunas monerías, algunas travesuras, era un pibe bastante inquieto. Hay una escena que tengo muy grabada: en mi noche de egresados brindé un poco de más, era muy chico, y animé un poco la fiesta con los padres. Era una fiesta grande, había como 400 personas, y eso para mí fue un evento. Lo tengo grabado, incluso literalmente, porque quedó en un VHS. Eso lo recuerdo como un comienzo, como una primera vez en la que aparecía algo mío frente a mucha gente. Después, a partir de esa misma actividad, fui sumando formación, oficio y herramientas. Primero estaba la inquietud, las ganas de estar ahí, de jugar con eso; después vino el estudio y la profesionalización.
- ¿La locución fue una búsqueda personal o surgió a partir del trabajo?
- Surgió bastante a partir del trabajo. Yo hacía acting radial con Carlitos Capello, en Pelo de la Rana, un estudio muy conocido que ya no está, pero por donde pasó muchísima gente. En la publicidad radial, la parte actuada la hacían actores, pero nosotros no podíamos decir marcas, no podíamos hacer el copete, la bajada, los legales, no podíamos hacer nada de eso porque era tarea de locutor. Entonces ganábamos menos, aunque se pagaba bien igual, y era un trabajo muy lindo porque era muy creativo frente al micrófono. En ese grupito éramos varios que después terminamos siendo locutores. Y en un momento Carlitos nos dijo: ustedes tendrían que sacar el carné. Así que fui por ahí. Por eso digo que posiblemente soy un actor que se hizo locutor. Igual siempre aclaro que pienso que soy mejor actor que locutor, porque hay una vocación del locutor de raza que yo no mamé. Yo no escuchaba AM, no tenía esa inquietud por la radio como formato radial desde chico. Esa inquietud vino después, con el trabajo, con la práctica y con el tiempo. Hoy sí la tengo mucho más, y sigo trabajando bastante en publicidad radial.
-¿Cómo ves hoy el mundo de la publicidad y el trabajo en locución?
-No está pagándose como antes, eso seguro. Hay cierta nostalgia con eso, sobre todo en el mundo de la publicidad. Igual, dentro de todo, tanto en el audiovisual como en el radial suele pagarse mejor que en muchas otras jornadas laborales, porque es una situación puntual, concreta, muy específica. Después se negocia según el cliente, según el lugar, según el presupuesto, según lo que quiera pautar. Hoy además muchos estudios hacen la misma publicidad para radio, para redes y para tele. O sea, hacen distintas versiones según el cliente y el dinero: de 15 segundos, de 30, de 45. En mi caso hago locuciones para Córdoba, para Bariloche, para distintos lugares, y no es lo mismo hacerle una pieza a un hipermercado que a una tiendita chica. Uno va trabajando ahí, armando vínculos, contactos, muchas veces con gente amiga. Y siempre me pasa eso de que me piden presupuesto y yo termino diciendo: bueno, decime vos cuánto. Ahí empieza la negociación. También está esto de los tiempos: por ahí una grabación te lleva media hora, pero en realidad no son media hora. Como decía Dolina, cuánto tardás en hacer un programa de radio: 40 años y cinco minutos. Bueno, un poco eso. Tardás media hora porque hay un recorrido previo que te permite resolver rápido.
- ¿Te genera algo especial trabajar con actores muy reconocidos?
- No soy muy cholulo de la gente con la que laburo. No me pasa mucho eso con los actores. Tal vez me pasa más con músicos, con otras profesiones, pero con actores no tanto, quizás porque hacemos lo mismo y entonces no me generan una cosa tan especial si no es genuina. Igual hubo momentos que sí me quedaron muy marcados. Me pasó en una serie que no salió, “El perro verde”, para Telefe. Ahí estaba Claudio Rissi y a mí me tocó hacer uno de esos personajes que me suelen tocar, medio loco, medio malvado, una especie de amante desequilibrado de un personaje de Betiana Blum. Betiana sí era alguien a quien yo veía con mucho amor, por todo lo que hizo, por su historia, por lo que representa. Y en esa misma escena estaba Hilda Bernard, que ya era una mujer muy grande, con más de 90 años. Era muy curioso verla en los camarines, con un caniche, muy chiquitita, muy flaquita, muy señora, y después cuando arrancaba la escena era una máquina. Energéticamente tenía una potencia tremenda, una impronta impresionante. Eso sí te impacta. Después en cine me tocaron algunas escenas con Darín, con Francella, con varios de los que hoy se consideran del primer grupo, y claro que es una satisfacción verte ahí. También por mi viejo, que es mi fan número uno y se manda la parte cuando me ve en pantalla.
- ¿Qué te da el teatro que no te dan otros trabajos dentro de la actuación?
- El teatro tiene algo muy especial: nunca es igual. Ninguna función es igual a la otra. Eso es totalmente cierto. Y además hay algo que a mí me encanta, que es la tertulia del antes y del después, que casi te diría que es igual de disfrutable que la obra en sí. Cuando hacés un buen grupo, esos momentos previos y posteriores son muy lindos, muy divertidos. Puede tocarte un grupo donde vas, laburás y te vas, pero a mí no me pasó mucho eso, quizás porque en teatro siempre estuve en espacios más deseados, más elegidos, no tan dentro de un circuito comercial duro. Hace un tiempo estuvimos dos años con una obra dirigida por Mónica Bonomi, con Ana Celentano, Ariel Pérez De María, Aldana y otros compañeros, y pasamos por el 25 de Mayo, por la avenida Triunvirato, por el Cultural San Martín. Fueron temporadas hermosas. El teatro tiene además una relación muy fuerte con el público, con esa gente que está ahí, presente, acompañando. Y eso pasa tanto en una obra independiente, como en una comedia más comercial, como en el microteatro. Hay gente que va, se toma una cerveza entre una sala y otra, la pasa genial. Y hay otra que va a ver una obra con otro tono y también la disfruta. A mí me parece que el evento teatral es valioso en cualquiera de sus formas.
"Me toca hacer de personajes de asesinos o locos"
- ¿Qué encontrás hoy en tus talleres y en tus clases de teatro?
- Encontrás de todo, y eso es lo más lindo. Yo tengo mi escuela hace seis años, además de trabajar en una facultad y dar clases en otros espacios. En ese recorrido vas viendo cómo llega gente que quiere probar por primera vez, gente que viene porque tenía ganas de hacer algo distinto, otros que fureon casi empujados por alguien que les dijo andá a socializar un poco, y también personas que se lo toman cada vez más en serio y empiezan a avanzar. Siempre hay un volumen grande de gente que quiere probar, y esos grupos suelen ser muy divertidos. El año pasado tuve un alumno de 90 años, Rubén, que era maravilloso, verdaderamente maravilloso. Y pasan cosas muy lindas: gente que te dice “desde que vengo a hacer teatro no me enfermé más”, y vos ves que el espacio les hace bien de verdad. Después están los que quieren profundizar, enfrentar otro tipo de entrenamiento, trabajar más sobre contexto, disciplina, autogestión, ya con una idea más avanzada. Y eso también es hermoso, porque empezás a ver el crecimiento. De hecho, hoy tengo exalumnos que ya se lanzaron a autogestionar sus propias obras, y algunos incluso me convocan para dirigirlos. Ver ese recorrido, ver que alguien vino a probar y después arma su propio proyecto, es una de las cosas más gratificantes que me da la docencia.