De los aviones en Malvinas a la BBC: el regreso como una segunda oportunidad, la controversia y una vida que cambió para siempre
Gustavo Muro combatió en Malvinas y, tras volver, encontró en el periodismo una segunda oportunidad y una nueva forma de entender su vida.
La Base Aérea Militar argentina en las islas Malvinas.
Fuerza Aérea ArgentinaSon muchos los excombatientes de la guerra de Malvinas que, con el paso de los años, eligen callar su historia. A veces por el trauma, por lo difícil que fue atravesarla o simplemente porque prefieren que ese capítulo no defina sus vidas. Ese parece ser el caso de Gustavo Muro, quien fue parte de la Fuerza Aérea y cuya historia no termina en la guerra, sino que se resignifica muchos años después, ya desde el periodismo.
“Yo hablo muy poco de esto y vos podés decirlo porque te enteraste de casualidad”, me dijo, casi como una advertencia, como si cada palabra tuviera un peso que todavía hoy cuesta soltar.
Su historia apareció sin buscarla. Era alguien con quien compartía charlas cotidianas, encuentros en el gimnasio o en algunos lugares del barrio. Hasta que un día, casi como quien deja caer un dato sin importancia, mencionó que había estado en las Islas Malvinas. A partir de ahí, el relato empezó a armarse de a poco: primero fragmentado, después más profundo. La guerra, el después y, años más tarde, su trabajo como corresponsal de la BBC en Sudamérica, con el peso que eso tiene para una persona que vivió el combate en primera persona.
El inicio de la guerra de Malvinas y el desconocimiento
Cuando le tocó la guerra, Gustavo tenía apenas 20 años y estaba haciendo el servicio militar en la Fuerza Aérea. No hubo épica en el inicio, ni una conciencia real de lo que estaba pasando. “Creo que en ese momento no sentí nada. En realidad no entendía mucho de qué se trataba”.
El conflicto, al menos al principio, no se vivía como tal. La información no llegaba, o llegaba fragmentada, confusa: “Mirá, información ninguna, cero”. Su rol no era el de combate directo en tierra. Su rutina consistía en cargar aviones, trasladar elementos estratégicos y moverse constantemente entre el continente y las islas. Un ida y vuelta permanente que, lejos de aclarar el panorama, profundizaba la sensación de incertidumbre.
“Los pilotos de combate no sabían lo que tenían que hacer hasta el momento en que les decían cuál era su plan de vuelo”. Ni siquiera quienes estaban en la primera línea tenían claridad más allá de las cadenas de mando y recurrían a él, un soldado, para información. La guerra avanzaba, pero para muchos, seguía siendo algo difícil de dimensionar.
El miedo, el cansancio y la pérdida del tiempo
Con el correr de los días, lo que al principio era desconcierto empezó a transformarse en otra cosa. El miedo apareció, aunque no siempre de forma consciente. “Vos no sos consciente a los 20 años que te podés morir”, explica.
La rutina era caótica. No había horarios ni descanso real. Dormir poco, comer cuando se podía y sostener una tensión constante que desgastaba tanto el cuerpo como la cabeza. “Era una pérdida de la noción del tiempo. No tenías horario de comida, de sueño, de descanso, era permanente y continuo”.
Los bombardeos, los vuelos donde “escuchas el ruido de un bombazo, ves un fogonazo, te tiembla el avión, el ruido constante”, y todo se mezclaba en una experiencia donde los días dejaban de tener forma. Incluso los momentos más intensos se volvían parte de una rutina forzada. “Cuando ya pasan 20 días, vos ya esperabas que te peguen”.
Los que no volvieron y los que nadie recuerda
En medio de ese ritmo, explicó cómo se hacía con esas ausencias que no tenían explicación: “Un par de pilotos no los veías al otro día y no te decían nada”, al igual que aquellos a quienes no se destacó. “Destaco mucho a los civiles que trabajaron volando aviones, que estaban en permanente contacto y volando, pilotos de Aerolíneas Argentinas o pilotos privados, que en realidad daban vueltas alrededor de la zona del conflicto para radarizar y dar las posibilidades de dónde estaban los barcos. Y casi no se les reconoció nunca su función”.
Lo que la guerra deja después
La guerra no termina cuando se firman los papeles. En muchos casos, empieza a procesarse recién después. “A la vuelta empecé a entender qué había pasado”.
En su caso, no hubo secuelas visibles, pero sí marcas que permanecen. “Yo sufro el frío mucho más que antes. Cuando hay sensación de frío, tengo una sensación de depresión o de pérdida”.
Junto a esa “alegría” de poder seguir con su vida, a los 21 años prácticamente, también hubo cambios que lo marcaron para su carrera profesional. “No sé si es un efecto posterior de la guerra, pero yo era extremadamente tímido y después es como fui extremadamente extrovertido. Y eso yo te diría que me cambió profundamente”. Una transformación que, según él mismo reconoce, también influyó en su camino profesional.
De Malvinas a la BBC y la “controversia” que generó
Lejos de quedar atrapado en ese pasado, Gustavo construyó una carrera en el periodismo. Terminó sus estudios en comunicación y comenzó desde abajo, como tantos otros. “Hacías café, llevabas cables, alcanzabas notas”.
Hasta que llegó una oportunidad que marcaría su recorrido: trabajar para la BBC. Durante años fue parte del medio británico, incluso como director para el Mercosur. Una experiencia que, en un principio, generaba miradas incómodas. “Desde afuera, el que no sabía me miraba como diciendo ‘te vendiste’. El que sabía no me decía nada”.
Con el tiempo, esa contradicción se transformó en otra cosa: una forma de entender el periodismo desde otro lugar.
El recuerdo y lo que queda
Hoy, la guerra ocupa un lugar distinto. Ya no es una presencia constante, a diferencia de antes, donde le marcaba el orgullo. “Antes significaba mucho más por un recuerdo permanente y más cuando mis hijos, que ya son grandes, en el colegio, permanentemente iba en el primario y me hacían cartitas y dibujitos”, y donde ahora ese recuerdo él lo vive de otra forma: “Lo tomo como un día de meditación, de recuerdo”.
Además, estuvo ese reconocimiento, que llegó, pero tarde. Y, como en muchos casos, de forma desigual: “El Estado nos reconoció mucho tiempo después”. Sin embargo, su vida siguió por otro camino. Y eso también marca una diferencia. “A veces me importa más que me reconozcan como periodista que como veterano de guerra”.
Y donde hoy, desde el recuerdo a todos los que no volvieron, hay algo que queda claro en su relato: la guerra es una experiencia que nadie termina de entender hasta que la atraviesa.
“Uno no entiende qué significa defender la tierra de uno hasta que eso ocurre. Porque te enseñan desde chiquito en los manuales el concepto de nación, de patria, de país y nuestros héroes. Pero si uno tenía miedo, uno tiene que pensar que, quiera o no, más allá del entrenamiento, el hecho de defender la patria y del país uno lo tiene en el alma y seguramente eso va a ser que, aunque uno no lo piense, naturalmente va a defender el país”, explica casi desde la inconciencia de aquel chico.
Y también, una certeza que se repite como deseo: “Ojalá que nunca más vuelva a ocurrir y podamos recuperar las Islas Malvinas de forma pacífica”.



