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De abogada a escritora: Viviana Rivero y las mujeres que inspiran sus historias

La escritora y abogada habló con MDZ sobre su vocación, sus mujeres protagonistas, el oficio de escribir y el camino que la llevó a dejar los tribunales.


Viviana Rivero lleva 17 libros publicados y una historia personal atravesada por dos mundos: la abogacía y la literatura. Durante más de diez años ejerció como abogada, hasta que una novela y un premio nacional de literatura la llevaron a tomar una decisión que cambiaría su vida. “Las vocaciones nos persiguen y nos atrapan en algún momento de la vida”, sostiene.

Su nuevo libro, Ellas. Historias breves y no tanto de mujeres como vos, vuelve a poner en el centro a mujeres con historias, contradicciones y experiencias diversas. En Entrevistas MDZ, Rivero repasó sus comienzos, explicó por qué elige protagonistas femeninas, contó cómo construye sus historias y reflexionó sobre el valor de encontrar aquello que realmente apasiona.

Entrevista completa a Viviana Rivero

-¿Cuándo descubriste que tu verdadera vocación era escribir?

-Las vocaciones nos persiguen y nos atrapan en algún momento de la vida. Yo creo que las traemos grabadas en el ADN, que no es que las elegimos, sino que las descubrimos. Uno empieza a descubrir qué bueno que soy para enseñar, qué bueno que soy para tratar con las personas, qué buena que soy con las letras, qué bueno que soy con los números. Y cuando lográs encausar eso, yo creo que el mundo se hace un poquito mejor porque ya no trabajás por el dinero, sino que trabajás porque es lo que te gusta y lo vas a hacer. Le vas a dar el 100% sin pensar mucho cuánto te van a pagar. Yo venía de una familia donde mi papá era escritor y había ganado premios, pero no podía vivir de la literatura. Entonces nos criamos en una casa donde mi mamá nos decía: “Acá nadie va a seguir carreras que tengan que ver con la literatura”. Por eso, durante mucho tiempo, la literatura no fue mirada como un medio de vida. Pero evidentemente esa vocación estaba ahí y, en algún momento, terminó apareciendo.

-¿Cómo influyó tu familia en el camino que finalmente elegiste?

-Mi mamá fue muy clara con nosotros porque había visto lo que había pasado con mi papá. Él era un buen escritor, había ganado premios, pero no podía vivir de la literatura. Entonces ella decía que para el loco ya estaba tu papá y que nosotros teníamos que buscar otra cosa. Y yo hice caso: estudié abogacía y trabajé de abogada durante más de diez años. Pero después terminé heredando, como diría mi madre, “la locura de tu padre”. Mi papá llegó a verme vender muchos libros y eso le llamó mucho la atención, porque yo no le había contado que estaba escribiendo hasta que el libro estaba casi listo. Él llegó a verme poner los libros en la primera mesa de una librería, que viniera la gente, los comprara y que yo pudiera vivir de eso. Y me decía: “Viví, disfruta”. Él sabía lo que significaba porque a él no le había pasado.

-¿Qué momento fue determinante para decidir que podías vivir de la escritura?

-El segundo libro gana un primer premio de novela histórica a nivel nacional y yo dije: “Bueno, creo que puedo vivir de esto”. Me acuerdo que el premio era dinero en efectivo y llevé a mi familia a África. Estaban tan contentos porque veían que esto podía funcionar. Y ahí fue cuando dije que podía cambiar de profesión. Entonces me encerré y, en vez de ir a tribunales todos los días, me encerraba a escribir. En vez de ponerme los tacos altos e ir a los tribunales, me cerraba a escribir en un lugarcito que había armado en la casa. En el tercer libro ya fui escritora cien por ciento. Mandaba a los chicos a la escuela, que eran chiquitos, y me ponía a escribir. Le podía dar mi mejor horario porque todo lo otro lo había sacado, lo que me sobraba. A ese tercer libro ya le di lo mejor: tiempo completo.

Las vocaciones nos persiguen y nos atrapan

-¿Por qué las mujeres ocupan un lugar tan importante en tus historias?

-A mí me gusta mucho traer a la pionera. Como escritora de novela histórica, miro hacia atrás y hay cien mujeres que hacían prácticamente lo mismo, pero una no. Entonces traigo esa, esa que es muy inspiradora. Desde mi primer libro ya había mujeres fuertes. No era algo que estuviera de moda para mí. Cuando yo saco mi primer libro, en 2009, era una mujer que se reinventa, una mujer joven a la que le sale todo al revés de lo que pensaba en la vida y se reinventa. En ese momento la novela histórica que estaba de moda tenía mujeres virginales, donde el que sabía todo era el hombre. Entonces esto fue algo nuevo. Y a partir de ahí todos mis libros fueron así. Me gusta buscar esas mujeres que hicieron cosas, que fueron pioneras y que pueden ser muy inspiradoras.

-¿Cómo encontrás la inspiración para construir esas historias?

-Yo siempre digo que el escritor es un gran observador de la realidad. De la macro, que es lo que está pasando en las guerras, el mundo, el estrecho de Ormuz, todo eso. Y de la micro, que es tu casa, tu familia, cómo reacciona ante distintas cosas, tu vecino cercano. Todo eso te marca y termina inspirándote para escribir un tema. Yo observo todo. A veces en mi casa me dicen “ya basta”, porque armo como películas de lo que va a pasar o de lo que ha pasado. Pero para mí eso forma parte de mirar la realidad. Incluso una situación cotidiana puede terminar dando lugar a una historia. Me pasó, por ejemplo, cuando me preguntaba si era una mujer feliz. Una mañana estaba tomando mi taza de té, vi a mi gato y a mi perro, los árboles que había plantado y un rayito de sol que entraba a esa hora. Y pensé: “Este es un momento insignificante”, pero me sentí feliz. Entonces descubrí que había varios momentos así durante el día.

-¿Cómo fue el proceso de escritura de Ellas. Historias breves y no tanto de mujeres como vos?

-En este libro empecé escribiendo lo mío. Conté cuatro o cinco relatos de aquellos tragos dulces y los amargos que nos toca vivir como mujeres. Y después dije: “Ya está, ahora yo voy a ficcionar algunos, voy a inventar”. Entonces pensé por qué no pedirles a las mujeres que conozco que me cuenten sus tragos dulces y sus tragos amargos. Primero les pregunté a mis amigas y a mis sobrinas. Después pasé a periodistas, amigas, madres del colegio y distintas mujeres de mi vida. Ellas empezaron a contarme cosas y se animaron. Algunas eran súper especiales, otras muy dramáticas y otras eran cosas comunes. Me llamó mucho la atención, por ejemplo, encontrar tantas mujeres que habían tenido problemas alimenticios y que lo habían vivido en secreto, sin que nadie lo supiera. Era como una adicción y tenían que cuidarse constantemente porque siempre se puede recaer. Eso me llamó tanto la atención que lo conté.

-¿Qué buscás que suceda con esas historias cuando llegan a los lectores?

-Yo digo que una mujer que lee eso ahora no se siente sola. Esa es una de las cosas que me interesaban. Porque hay mujeres que atraviesan situaciones muy especiales, algunas muy dramáticas, y muchas veces creen que solamente les pasa a ellas. Cuando otra mujer lee una historia parecida puede decir: “Esto también me pasó a mí” o “no soy la única”. Y también me interesa que un hombre pueda leer cosas del alma de la mujer y aprender a conocer un poco más a las mujeres. Por eso el libro tiene historias muy distintas, algunas ficcionadas y otras que parten de experiencias que me contaron. Hay tragos dulces y tragos amargos, porque esa es también la vida: momentos en los que uno piensa “qué lindo que es ser mujer” y otros en los que dice “qué feo, qué rabia me da ser mujer”.

Escribi el primero de mis libros ejerciendo aun como abogada

-¿Cómo es tu rutina para escribir y cuánto tiempo te lleva terminar un libro?

-A mí me gusta mucho escribir en la mañana. Muchas veces son las seis de la mañana, es invierno, está oscuro y voy prendiendo la luz y levantando la calefacción. No hay nadie despierto, ni mis vecinos que mandan chicos a la escuela. Es un buen horario porque todavía no te atrapó la vida. No te habla la contadora para plantearte un problema. Ese es un buen horario para mí. Pero, en general, yo puedo escribir en cualquier lugar y no necesito lugares especiales. Me atrapa mi libro y ya no me preocupo. Para crear una hoja de computadora tardo más o menos una hora. Después viene el tiempo que se necesita para corregir, tanto mis correcciones como las que hago con un corrector. Entonces una hoja de computadora son aproximadamente dos horas de trabajo. Por eso escribir es lento. Este libro, por ejemplo, requiere mucho tiempo. A veces mi editora quiere más libros, pero si lo querés hacer con amor, lleva tiempo. Yo dejé una carrera por otra justamente porque me gusta hacer esto. Para mí no se trata simplemente de producir libros, sino de poder darles lo mejor de mi tiempo y de mi trabajo