Daniela Rago: "La menopausia es solo una etapa, como cuando pasamos la adolescencia"
Daniela Rago, la autora de Mujeres 5.0 rompe mitos sobre menopausia, identidad y trabajo: apuesta por el humor, la salud y proyectos para reinventarse.
Daniela Rago, creadora de Mujeres 5.0
Santiago Aulicino / MDZA los 50, asegura Daniela Rago, comienza una etapa poderosa y todavía poco nombrada: una "madurescencia" llena de proyectos, humor y reconexión personal. En esta charla, la psicopedagoga y autora de Mujeres 5.0 derriba mitos sobre la menopausia, reivindica el deseo de reinventarse laboralmente, habla de salud y de identidad, y muestra cómo el humor puede ser una herramienta vital para atravesar los cambios y vivir esta etapa con energía, creatividad y libertad.
Daniela Rago es esposa, mamá de dos mujeres, licenciada en psicopedagogía, docente, autora de varios libros, entre ellos un libro que hemos presentado previamente: Mujeres 5.0. No somos una menopausia.
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-Bienvenida nuevamente, Daniela. Un gusto tenerte. Vamos a retomar un poco esta conversación. Nos interpela el subtítulo “No somos una menopausia”.
-Esa es la idea, impactar, interpelar. Cuando empecé con Mujeres 5.0, una comunidad de mujeres de 50 que quieren ver la vida desde otro lugar, no desde la idea de que solo nos atraviesa la menopausia y no hay nada más, pensé: hay mucho más. Es solo una etapa, como cuando pasamos la adolescencia. Tiene aspectos físicos y emocionales, pero no es que el adolescente va a adolecer toda la vida. En teoría es una etapa, y no es que las mujeres de 50 somos solo ese tema. Investigando en libros que definían a la mujer según su edad, cuando llegaban a los 50 no éramos “sexuales”, ni “lindas”, ni “trabajadoras”, ni “empresarias”: solo “menopausia”. Y pensé: esto tiene que cambiar. Además, la idea es hacerlo divertido, no presentar solo una lista de trastornos. Tampoco es que no hay vida más allá de eso. Exactamente.
-Mencionabas el humor, que ya habíamos comentado. ¿Es el eje troncal?
-Sí, es el eje. Yo soy así: trato de tomarme todo con una “diversión seria”, con contenido y humor. A veces el humor está desvalorizado, como si una no se tomara las cosas en serio, pero se puede transmitir el mismo contenido de manera divertida. En redes trato de mostrar muchos videos de mujeres de 50 desde el humor, con situaciones que “nos salen mal”, entre comillas, pero desde otro lugar.
-¿En qué medida contribuye el humor a la salud, al bienestar general?
-Reírse es lo mejor que le puede pasar al sistema nervioso y al cuerpo. Tomar las cosas con humor es una filosofía de vida, porque así las “tragás” mejor, como si te tomaras una pastilla de humor. Pasa mejor y se entiende fácil. Creo que el humor es la puerta para todo: si entrás a un lugar sonriendo, con buen ánimo, se te abren puertas. Y vas a vivir mejor esta etapa si te lo tomás con más humor, porque hay cosas que realmente molestan. Pero se puede salir adelante.
-El título 5.0 remite al aspecto tecnológico. Conversábamos sobre mujeres de 50 o 60 que quieren cambiar el rumbo laboral. ¿Qué pasa frente al desafío tecnológico?
-Es un desafío que no es tan difícil como creemos. Tenemos fantasmas. Si te jubilás y querés empezar otro trabajo aparece la idea de que vamos a entrar a una empresa con tecnología elevadísima, rodeadas de jóvenes que “nos superan” porque nacieron con la tecnología incorporada. Pero nosotras tenemos mucha experiencia y recursos: podemos estudiar, pedir ayuda. Tenemos compromiso, que no lo tiene cualquiera, y una cierta “juventud”, entre comillas, para seguir adelante. Estamos en un intermedio.
"Estamos totalmente capacitados para tener propósito"
-¿Qué herramientas tenemos? Mencionaste la experiencia...
-Es sencillo, por ejemplo, jubilarse y buscar otro trabajo. A veces pensamos que será algo completamente nuevo, y ahí surge la fantasía de “no sé nada”. Pero lo más probable es que busques algo relacionado con lo que ya hacés. Si sos docente, quizás des clases online. O tal vez elijas algo artístico, donde la tecnología se usa distinto. Con la experiencia que cada una tiene se abren opciones: tomar clases particulares, trabajar con compañeros jóvenes que siempre ayudan —son muy macanudos—. No es como mi hija, a quien quiero mucho, que cuando le pido ayuda me dice: “Sí, mami, ya va, ya va…”. Antes me costaba, pero fui aprendiendo. Si tuviera que elegir un trabajo nuevo sería en comunicación, donde creo tener experiencia. Hay que bajar la fantasía de que vamos a entrar a algo que no sabemos. Lo clave es buscar un trabajo acorde a lo anterior.
-Y en cuanto a darnos permisos para cosas que antes postergamos por la crianza o la maternidad.
-Ahora es el momento ideal, porque estamos re jóvenes. Antes se decía que una mujer de 50 o 60 estaba “para cuidar a los nietos”. Hoy es distinto. Las abuelas de ahora son otra cosa. Tienen vida propia. Conozco muchas abuelas que salen a bailar salsa. Las mujeres de 50 tenemos una expectativa de vida de unos 20 años más: hasta los 95, aproximadamente. La idea es tener siempre proyectos: morir con un proyecto en la mano. Si no, ¿para qué vivir? El tío de mi marido, con más de 80, en el campo plantaba árboles nuevos. Todos nos reíamos pensando que no iba a verlos crecer. Y los vio. Tenía proyectos hasta el último día, y eso te da vida. Estamos totalmente capacitadas para tener objetivos toda la vida. Tenemos energía, plasticidad, todo. Neurológicamente podemos hacer muchas cosas porque ejercitamos el cerebro y la memoria. Sí, puede aparecer la “niebla mental” de la menopausia, pero se ejercita. Yo hago esfuerzo mental. Mi memoria nunca fue buena, pero si no me acuerdo de un nombre digo: “Esperemos un ratito”, y aparece. Es un ejercicio. Si te gusta algo, lo vas a lograr. La mente también es como un músculo que se va ejercitando.
-En cuanto a la salud, atravesaste una histerectomía. Lo contás en tu libro. ¿Cómo te influyó?
-Me encanta hablar de este tema. Cuando buscás “histerectomía” dice: “te extirpan el útero”. La palabra extirpar suena fuerte. Pero yo había sufrido mucho dolor porque tenía un problema en el útero. Cuando me dijeron que había que sacarlo, solo pensé en quitarme el dolor. No era de vida o muerte, pero era profundo. Soy positiva. La operación fue por laparoscopia. A los 50 hay muchos estudios que hay que hacerse y recomiendo siempre hacerse todo: mejor prevenir que curar. Después de la operación no me cambió la vida, no me afectó la identidad. A mí me vino bárbaro: menos dolor, no sangré más. No tuve conflictos con la idea de “la casa”, “la matriz”, ni nada de eso.
-¿Trabajado en terapia?
-Yo tenía mucho dolor y después de la operación, viví mejor: más energía, no perdía hierro. Hay muchos mitos. Y también está la idea de que la menopausia “te saca algo”, pero no es así. Ser maternal no pasa solo por procrear. Quien no tiene hijos tiene sobrinos, perros, alumnos. Yo espero los nietos cuando quieran, pero también materno escribiendo, creando, aportando ideas. Para mí es un momento divino.
-¿Cómo funciona? ¿Lo retroalimentás a través de las redes? ¿Te sugieren temas? ¿Te piden temas?
-En redes me sugieren temas. Escucho mucho a otras mujeres. Por ejemplo, una amiga que trabajó 27 años en un banco me decía que al jubilarse no sabía qué hacer. Su identidad era el banco. Entonces aprendí que, al jubilarnos, tenemos que reconstruir nuestra identidad. Es un tema clave.
-Y anticipaste un término extraño. Contános.
-Es “madurescencia”. Una mezcla entre madurez y adolescencia. Surge porque la expectativa de vida se alargó 20 años más. Entre los 45 y los 70 estamos en un lugar indefinido: no somos viejos, pero nos jubilamos; la vejez de antes no es la de ahora. El término nació en 2006 para nombrar esta etapa que no tiene nombre. La jubilación hoy se vive como un retiro, como un “no estoy en ningún lugar”. Y a los 50 pasan muchos cambios: el peso, la identidad, el nido vacío, separaciones, nuevas parejas, redes sociales. Entramos en una crisis que, si la trabajamos, nos reconstruye. Como en la adolescencia: adolecer es entrar en crisis. La crisis te lleva al cambio.Vivimos un “tsunami” emocional y físico, como los adolescentes, pero de otra naturaleza. Y aunque aparecen dificultades —como adelgazar—, si estamos sanas, seguimos adelante.
-Si tuvieras que decir cuatro o cinco herramientas clave; ejercicio es una, humor es otra...
-Antes de eso: no me gustan las listas rígidas, porque generan exigencia. Las mujeres de 50 estamos muy exigidas: nido vacío, padres mayores, algunas con maridos enfermos, trabajo, todo junto. Es mucha crisis. Entonces una lista más agobia. Por ejemplo: “hacer ejercicio, comer menos”. Yo no como tanto, pero igual aparece culpa. No somos nosotras: es la falta de estrógenos. Necesitamos más piedad con nosotras. Si no cumplimos la lista, nos frustramos. Fui al médico y estoy bien: no era para tanto. Prefiero cambiar la lista por algo divertido, como el humor. Y hay un concepto clave de los cuatro acuerdos toltecas: no te tomes nada personal. Es fundamental. Somos sensibles. Si lo aplicás, liberás estrés, baja el cortisol… incluso bajás de peso. Por supuesto, hacer ejercicio es importante, pero algo que te guste. Si te gusta caminar para “comprar ropa”, hacelo; si te gusta bailar, mejor. Yo hago salsa, que ayuda muchísimo para la espalda y es aeróbico. Y después pesas, porque a los 80 queremos tener la cadera fuerte. También cuidar las palabras: no lastimar. Eso genera cuidado mutuo.
-Daniela, para seguir leyéndote ¿con qué frecuencia te vamos a encontrar?
-Acá he quedado cada 15 días. Salimos domingo por medio. Estoy muy feliz, son un equipo bárbaro, muy profesionales. Me gusta mucho lo que piden para cada artículo. Todo lo mejor para ustedes.
-¿Y en las redes?
-Estoy en Instagram; es como mi casa, porque ahí están el humor, la información, el contenido y la idea de no sentirnos culpables. Yo quiero que la mujer de 50 se sienta bien. Es @mujeres5.0ok, cinco punto cero “ok”. Y después estoy en YouTube, LinkedIn, Facebook, en todas las demás plataformas. Y próximamente, vamos a retomar el podcast.