Crianza en una sociedad tóxica: la causa de la desregulación infantil y adolescente.
Crianza marcada por redes, consumismo y violencia simbólica: el origen de la desregulación en niños y adolescentes de hoy.
Criar en una sociedad tóxica es un desafío, pero también una oportunidad.
Archivo MDZVivimos en una sociedad que corre a un ritmo frenético, que muchas veces confunde “estimulación” con “exigencia” y “entretenimiento” con “conexión”. En este contexto, la infancia se ve atrapada en una vorágine que impacta directamente en su regulación emocional y corporal. Cada vez más niños presentan irritabilidad, falta de atención, ansiedad y conductas que etiquetamos como “problemas de conducta”, cuando en realidad son respuestas a un entorno que no respeta sus necesidades básicas.
¿Qué está pasando con nuestros niños?
La desregulación infantil no surge de la nada: es el reflejo de una crianza atravesada por un modelo social que normaliza hábitos tóxicos. Entre ellos encontramos:
Horarios extra exigentes: niños que van del colegio a la actividad extracurricular, luego a la terapia, después a la clase de idiomas… Apenas hay espacio para jugar libremente, aburrirse o simplemente estar. El tiempo vacío, ese que permite crear, imaginar y descansar, está siendo reemplazado por agendas adultizadas.
Alimentación ultraprocesada: la prisa diaria hace que las comidas rápidas y los productos ultraprocesados se vuelvan la norma. Esto no solo impacta en la salud física, sino también en la regulación emocional: un cuerpo inflamado, sin nutrientes suficientes, tiene más dificultades para gestionar emociones.
Poco movimiento y contacto con la naturaleza: las infancias pasan más tiempo sentadas, en aulas cerradas o frente a pantallas, que corriendo, saltando o explorando al aire libre. El movimiento libre y el contacto con el sol son esenciales para el desarrollo cerebral y la regulación del sistema nervioso.
- Exceso de pantallas: las pantallas han reemplazado los momentos de juego compartido, de silencio y de mirada. Aunque son parte de la vida actual, su uso desmedido altera el sueño, reduce la tolerancia a la frustración y disminuye la capacidad de conexión.
Claves para criar en conexión
No se trata de vivir aislados ni de rechazar la modernidad, sino de recuperar lo esencial para que nuestros hijos crezcan sanos física y emocionalmente. Aquí algunas prácticas que marcan la diferencia:
- Conexión emocional por encima de la corrección: más que corregir conductas, necesitamos comprender lo que hay detrás. Dedicar tiempo para mirar, abrazar y validar emociones es la base para que los niños se sientan seguros y puedan autorregularse.
- Tiempo en familia sin prisa ni pantallas: crear rutinas de encuentro real. La comida sin dispositivos, una charla antes de dormir, una caminata juntos. Estos momentos son más nutritivos que cualquier clase extra.
- Movimiento y naturaleza como prioridad: cada día, al menos una hora al aire libre. Deja que juegue, se ensucie, se mueva. El cuerpo necesita experiencias reales para desarrollarse.
- Alimentación consciente: más alimentos vivos, menos ultraprocesados. Cocinar juntos no solo nutre el cuerpo, también fortalece el vínculo.
- Pantallas con límites claros: no se trata de prohibir, sino de acompañar el uso, establecer horarios y ofrecer alternativas reale,: juegos, lectura, conversación.
- Simplificar agendas: los niños no necesitan ser productivos, necesitan ser niños. Reducir actividades extra y priorizar el juego libre es una decisión poderosa.
La desregulación infantil no es un problema individual, es el síntoma de una cultura que ha perdido el eje. Recuperar el equilibrio implica menos exigencia, más presencia; menos pantallas, más mirada; menos prisa, más conexión.
Criar en una sociedad tóxica es un desafío, pero también una oportunidad: la de volver a elegir cuáles son nuestras prioridades en el medio de un sistema que confunde éxito con felicidad.
* Brenda Tróccoli. Coach ontologico. Especialista en crianza y familias. Puericultora.
IG: @brendatroccoli