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Conrado Estol: "En el ACV vos podés reducir en un 90% el riesgo"

Conrado Estol, neurólogo y especialista en ACV, analiza la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de una de las principales causas de muerte.

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En el marco de la primera edición del ciclo MDZ En Diálogo, dedicado a la salud, el neurólogo Conrado Estol abordó en profundidad el accidente cerebrovascular (ACV), una problemática que, lejos de ser excepcional, atraviesa a toda la sociedad.

Con una mirada didáctica y basada en su experiencia internacional, explicó por qué la prevención es clave y cómo actuar ante una emergencia.

El especialista, director de la Unidad de ACV del sanatorio Güemes, remarcó la importancia de los sistemas de atención especializados y destacó el impacto que tienen en la reducción de la mortalidad y las secuelas. También hizo hincapié en la necesidad de actuar con rapidez ante los primeros síntomas.

A lo largo de la entrevista, Estol desarmó mitos frecuentes, como la idea de que el ACV solo afecta a personas con factores de riesgo evidentes, y subrayó que los hábitos de vida saludable pueden reducir drásticamente las probabilidades de sufrirlo.

Finalmente, reflexionó sobre la rehabilitación y la calidad de vida posterior a un evento de este tipo, así como sobre el rol de la neurología en el abordaje integral del paciente.

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Entrevista al Dr. Conrado Estol para MDZ en diálogo

El doctor Conrado Estol nos habla sobre la importancia de la prevención de los ACV.

Si hay una unidad específica de ACV, ¿es porque este tema está muy presente en la salud y en la sociedad?

—No te equivocás en nada. La historia se remonta a 1961, cuando un cardiólogo propuso concentrar a los pacientes con infarto en un solo lugar, creando las unidades coronarias. En 1990, en Escandinavia, surgió la idea de hacer lo mismo con el ACV. Se comprobó que en estas unidades baja la mortalidad, disminuyen las secuelas, el tiempo de internación y los costos. Sin embargo, todavía hay pocas en el mundo. En América Latina son escasas, y esta es la única en Argentina certificada formalmente por la Organización Mundial de ACV.

—Todos le tenemos miedo a un ACV, pero ¿está asociado solo a problemas como el colesterol o el corazón?

—Todo lo que decís es correcto, pero es más amplio. A cualquiera le puede pasar. Por eso escribí un libro titulado A mí no me va a pasar. Muchas personas creen que por ser jóvenes, hacer ejercicio o no tener colesterol alto están protegidas, pero no es así. No existe una protección total.

Entonces, ¿cómo se explica ese riesgo?

—Hay enfermedades inusuales que pueden tocarle a cualquiera, pero en el caso del ACV podés reducir el riesgo en un 90%. No es solo ejercicio: es un conjunto de hábitos de vida sana que previenen hipertensión, colesterol alto, diabetes y obesidad. Eso disminuye el riesgo de ACV, infarto, demencia, enfermedades del riñón y otras.

¿Existe alguna relación entre el ACV y los trasplantes?

—Es una relación indirecta. Durante mi formación en Pittsburgh participé en investigaciones sobre trasplantes hepáticos y complicaciones neurológicas. El ACV puede aparecer en ese contexto, pero en general puede ocurrir en cualquier persona.

Después del ACV, aparece el desafío de la rehabilitación. ¿Es posible recuperarse?

—Muchos no llegan a una recuperación total. Pero lo más importante es actuar rápido. Si alguien de cualquier edad empieza a hablar mal, caminar mal o pierde visión, hay que sospechar un ACV. Cada minuto mueren neuronas. Hay pocas horas para administrar un medicamento que disuelve el coágulo que tapó la arteria. Cuanto antes se actúe, mayores son las probabilidades de recuperación.

¿Qué opciones de tratamiento existen en la urgencia?

—Además del medicamento, hay un procedimiento en el que se introduce un catéter hasta la arteria y se extrae el coágulo. Luego viene la rehabilitación, que es fundamental. No siempre se recupera completamente la fuerza, pero se puede lograr que la persona vuelva a hacer muchas de sus actividades.

Pero no, eso no quiere decir que tengo que esperar a la hora seis y voy y todavía me lo pueden dar. No, si puedo llegar en 20 minutos, esa es la idea. Vemos a alguien que en la casa le pasa, en la calle, en la oficina, en el trabajo, donde sea, vos tenés que llevarlo lo antes posible.

Mientras antes le inyectás este remedio que rompe coagulos, más probabilidades de romper el coágulo y que la persona se recupere. Y después tenemos un segundo mecanismo, que ahí tenés más tiempo, mucho más tiempo, un día, capaz que más tiempo todavía, que es meter un catéter, llegás a la arteria tapada y podés aspirar, como una aspiradora, literalmente, el coagulo que tapa la arteria. Y, por último, la rehabilitación.

Eso lo viví mucho, apasionadamente, porque en el hospital Spalding, en Boston, considerado, ranqueado, siempre el primero en rehabilitación en el mundo, junto con otro en California, pero teníamos un piso entero de ACV. Yo trabajaba en ese, y entonces la gente del sanatorio que fuera, en Boston, que había tenido ACV, seis días el tratamiento agudo, para ponerte estable. Y de ahí venían a la rehabilitación. Estadía promedio, un mes.

¿Qué hacían en la rehabilitación? No te voy a devolver la fuerza a la persona hemipléjica, pero yo logro que la persona pueda hacer las cosas lo mejor posible, o lo más cerca posible a como las hacía antes del ACV. Algunos se recuperan más, otros menos, pero rehabilitación fundamental.

¿Cómo se relaciona la neurología con el ACV?

—El ACV es una enfermedad del cerebro, el órgano más sensible a la falta de oxígeno. Así como el infarto afecta al corazón, el ACV afecta al cerebro y deja secuelas como pérdida del habla, de la visión o del movimiento. Limita mucho la vida funcional del ser humano. Por eso es parte central de la neurología.

Para cerrar, ¿qué consejo le darías a la gente?

—No hay que dudar. Hay que adoptar hábitos de vida sana: dormir al menos siete horas, hacer ejercicio, alimentarse bien (preferentemente con plantas), no fumar y consumir alcohol con moderación. También es importante mantener vínculos sociales y aprender a distinguir información confiable. Eso es clave para tener una vida más saludable.

Que la gente no dude en tener los hábitos de vida sana, en meditar, en encontrarnos con nuestros amigos y nuestra familia. Tenemos que dormir siete horas. Si Obama podía dormir siete horas, todo lo demás podemos. En lo ideal, dormir lo suficiente. Ejercicio siempre. No importa, te guste, no te guste, no es opcional.

Si querés cumplir 90 años en buen estado cognitivo y físico: nutrición sana, comer comida, preferentemente plantas. Ese es el dictum de oro, digamos así. Cero cigarrillos. Alcohol moderado. Entonces, eso es lo que tenés que respetar. Eso es lo que uno tiene que tener inculcado en la cabeza.

Escuchar las redes y saber detectar quién está ahí para tener seguidores, quién es creíble y te está dando un mensaje que te va a ayudar a tener una mejor vida.