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"Con las patas en la fuente", una foto que explica el peronismo

El 17 de octubre es el nacimiento del peronismo, e indefectiblemente estableció una bisagra en la historia argentina.

Peronismo fuente

“El 17 de octubre” representa lo que se conocerá en el marco de la liturgia peronista como “Día de la Lealtad”, recordando aquella jornada de movilización obrera y sindical hacía la Plaza de Mayo de Buenos Aires, exigiendo y consiguiendo la liberación del entonces coronel Juan Perón.

La fecha emblemática de ese miércoles 17 de octubre de 1945 fue considerada como el nacimiento del peronismo, e indefectiblemente estableció una bisagra en la historia argentina, siendo también el indiscutido comienzo de un debate que nunca pareciera terminar. Sin vueltas, ni tapujos, desde el mismo arranque de aquella jornada: despertando ciegas pasiones contrapuestas, ubicadas en las antípodas, dentro del marco de una antinomia que llegó a ser sangrienta, hasta el punto tal de despertar fanáticos amores incondicionales o peyorativos odios viscerales. “Perón o muerte”, “viva el cáncer que mató a Eva”, “paredón a todos los gorilas, cipayos, vendepatria”, “negros de mierda”, “ustedes son la puta oligarquía”. Munición gruesa, de uno y otro lado. Preludio de una sinfonía que no para aún de sonar.

“El 17” reflejará además uno de los momentos más importantes de la historia del movimiento trabajador argentino, estableciendo la consolidación de los sectores obreros como un sujeto social y político protagónico de la vida nacional.

Será iconográfica aquella imagen de la Plaza de Mayo llena de trabajadores, que tras haber atravesado, a nado o en balsas, el histórico Riachuelo llegarán del “sur” (Avellaneda, Lanús, Quilmes, La Plata, Berisso, etc.) a la capital porteña, luego que la policía levantará los puentes para impedir el avance de los manifestantes obreros.

Pero si habrá algo referencial, grabado en la memoria colectiva argentina, fue la foto de autor anónimo denominada: “Las patas en la fuente”, que cruzó transversalmente la historia nacional desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, convirtiéndose en una postal icónica de ese momento.

Dicha fotografía fue tomada en la tarde de aquel 17. En ella se observa una fuente que ya no existe, con la Casa Rosada de fondo. El gráfico testimonio se encuentra actualmente en el Archivo General de la Nación. Con el paso del tiempo (adhiriendo lealmente al justicialismo o reprobando tenazmente a ese movimiento), el sensible registro fotográfico, mostró lo evidente para unos y lo inentendible para otros: había nacido el peronismo. Esas “patas en la fuente” se convirtieron en una verdadera foto del bautismo peronista.

El entorno de la foto, también trasladará una clara definición simbólica. “Las patas en la fuente” están en medio de la Plaza de Mayo, que se encuentra rodeada por edificios que parecían ser patrimonio único del poder (político, eclesiástico y financiero) en la Argentina: el Cabildo histórico, la Casa Rosada, la Catedral Metropolitana, el edificio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la casa central del Banco Nación y la sede principal de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, encuadran un ámbito casi sagrado y de uso (prácticamente) exclusivo de las élites argentinas. Y hasta allí llegaron “los cabecitas negras”, a meter irreverentemente, “las patas en la fuente”.

PINTURA DE UN TIEMPO

“(…) Juan Molina y su hermano están sentados al borde de la fuente en Plaza de Mayo. Ambos con saco oscuro, gomina, pantalones arremangados, pies en el agua. En el medio de los dos, se ve el sombrero de uno de ellos. Juan trabajaba en una fábrica de gaseosas, pero ese día no fue, su hermano le dijo que ‘había que ir a rescatar a Perón’. Se tomaron el tren en Caseros hasta Palermo y desde ahí caminaron hasta Plaza de Mayo. Juan usaba calzado ortopédico, la caminata desde Palermo fue agotadora. Hacía demasiado calor ese 17 de octubre de 1945.

Al lado de ellos está Armando Ponce, santiagueño de 17 años; se sacó la camisa y el saco y se refrescó los pies en la fuente. Armando era cadete en una sastrería. Esa mañana el delegado lo convocó a ir a la plaza: ‘Perón está en Martín García y lo quieren fusilar porque nos defiende’, les dijo. Y allá fueron, se encontraron con miles haciendo lo mismo que ellos. Armando recién a las diez de la noche, antes de volver a su casa, comió su primera comida del día, una porción de pizza en Chacarita. Trabajadores desde todos los puntos cardinales del conurbano bonaerense llegaron como pudieron ese día a la Plaza de Mayo. Para muchos era la primera vez que iban a la Capital. Miles de personas atravesaron el Riachuelo y la General Paz (fronteras físicas, pero también simbólicas) porque sentían que quien los defendía estaba en peligro.

Dentro de la fuente de agua en la Plaza de Mayo hay dos mujeres y un hombre de pie, una de ellas, de espaldas en la foto, lleva un traje de saco con mangas largas, pollera y sostiene unos zapatos de taco alto en la mano. La otra muchacha, muy jovencita, de vestido y saco, mira hacia atrás, lleva en el brazo otra prenda que podría ser una chaquetilla. Se pusieron ropa adecuada para ir al centro. Otros improvisaron vinchas de tela y pañuelos para atajar el sudor. Boinas, sombreros, tiradores, camisetas, sacos, camisas. Nunca como con esta foto se habló tanto de ropa para hablar de política. Hay mucha más gente en la fotografía. Alguien lee un diario, un muchacho sostiene un mástil con la bandera argentina. No se ve ningún otro cartel, ninguna otra bandera. En el margen izquierdo de la foto los protagonistas son chicos. Juegan en el bebedero, uno tiene una alpargata rota en la mano, el resto está en patas, pantalones cortos o arremangados. A lo lejos varios lograron treparse al monumento de Belgrano. Seguro se ve mucho mejor la escena desde ahí arriba (…)”. En la foto están “casi” todos: mujeres, hombres, niños, rengos, banderas, camisetas, boinas, trabajadores.

Lo expuesto es un texto de Cora Gamarnik. Licenciada en Comunicación Social; Doctora en Ciencias Sociales; Docente e investigadora de fotoperiodismo; Coordinadora del área de Estudios sobre Fotografía de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA); Investigadora de Conicet. Abuse de su nítida semblanza, pues creo que refleja cabalmente un costado de la nueva historia que empezaba a escribirse desde ese día en Argentina. De ahí en más, la historia de la patria, lamentablemente, se partía en dos pedazos, y donde cada costado de la grieta encontrará siempre abundantes argumentos para sentirse como propietario de la única verdad: la propia.

EL MITO FUNDANTE

“Las patas en la fuente” es más que una foto. Vuelvo a otro concepto de Gamarnik. Dicha foto funciona como arquetipo del nacimiento de un mito y como una nueva pintura histórica que apela a la memoria colectiva. Es la foto de la plaza, no del balcón. Es la imagen-símbolo del origen del peronismo y sin embargo no está Perón. Esa fotografía se transformó en un símbolo popular; en un código que trasladó lo específico a lo general, lo real a lo simbólico. Es, por todo ello, que se convirtió en una puerta de entrada para pensar el proceso histórico y político que se inició aquel día. ¿Qué hay en esa foto que la vuelve especial?

La imagen muestra la Argentina visceral, dicotómica. Agrietada siempre. Aún sin la imagen del líder (como pasará posteriormente, ya con el general muerto), pues se sujeta en la identidad compartida que trasciende a las personas. Eso la convierte en un símbolo, y por eso no requiere de la presencia del ídolo.

Para el antiperonismo la imagen representó lo irracional, lo regresivo, la profanación de lo público, la violación a lo establecido, lo condenable, invasivo, la degradación, la amenaza. “¿Qué es eso de protestar; y meter las patas en la fuente?” Para los antiperonistas: inaceptable, repudiable.

Muy por el contrario, para el peronismo implicó la irreverencia, el desafío, la manifestación popular, la visibilización de su queja. “¿Y por qué no, meter las patas en la fuente?”. Para ellos: un hecho espontáneo, natural, necesario.

VIDAS PARALELAS

Muchas de las tragedias argentinas tuvieron que ver con estas irreconciliables distancias relatadas. No siempre. Pero muchas, si tuvieron que ver. La historia argentina contemporánea (sobre todo desde el 1945) está llena de peronistas y de antiperonistas. Pero también de chantas, incompetentes, oportunistas, gente siniestra, inescrupulosos, chorros, corruptos, sínicos, delincuentes, abusadores, mentirosos, demagogos, pedófilos, encarcelados, con prisión domiciliaria, coimeros, tramposos e hipócritas, que siendo dirigentes, funcionarios y gobernantes se multiplicaron en ambos costados. Siempre planteo lo mismo: “No te enojes con los peronistas o con los antiperonistas; enójate con los delincuentes que muchas veces pululan en los dos equipos”.

Concluyendo; la foto descripta mostró nítidamente el subsuelo y el suelo argentino. La foto de “las patas en la fuente” expuso físicamente una parte real del país, aunque la otra parte de la nación, a pesar de que no mostrarse en la imagen, también estaba presente. Por ese motivo, ese día se convirtió en una bisagra histórica que determinó un antes y un después en el devenir de los tiempos argentinos.

A los pocos años, nuevamente pasiones mediante, la plaza volverá a llenarse de humores y colores opuestos a los del 1945; con otros ruidos, más sangre, y seguro también aparecerá otra foto distintiva (diametralmente opuesta a la expuesta) que buscará resignificar su pretendida identidad, justificando un antojadizo nuevo comienzo de otro momento nacional. En el fondo, así se escribió la zigzagueante historia argentina. Mientras tanto, las sectarias vidas paralelas, de unos y otros que aún hoy habitan en ambos costados de la grieta, parecieran estar cada vez más lejos y con débiles posibilidades de acercarse, y aunque seguirán caminando juntos, cada uno por su senda como hace 80 años, marcharán siempre esquivando zancadillas, mirándose desconfiados y de reojo. Pero llegará un día en que ambos costados (cada vez más reducidos) se deberán poner juntos a pensar en que hay un solo país, en el que seguimos viviendo cotidianamente una amplísima mayoría que está harta de jugar al gato y al ratón, y que de una vez por todas necesita ser un país que se parezca (aunque sea más o menos) a un país serio.