Cómo sufren los argentinos el calor en Francia: sin aire acondicionado, con brumizadores y desmayos
Con temperaturas cercanas a los 40°C, los argentinos que viven en Francia acuden a los ventiladores y brumizadores para enfrentar la ola de calor.
Turistas y parisinos se tiran a las fuentes y ríos para afrontar la ola de calor en Francia.
EFEHospitales sin aire acondicionado, funerarias saturadas, monumentos cerrados y temperaturas cercanas a los 40 grados. Francia atraviesa una de las olas de calor más severas de su historia reciente y quienes viven allí aseguran que su vida cambió por completo. Argentinos radicados en París relataron a MDZ cómo enfrentan jornadas cada vez más extremas, apenas comienza el verano.
"Me estoy cocinando": la experiencia de un argentino en París
Javier Mastrantonio llegó a Francia a fines de marzo, en plena primavera, con el deseo de trabajar en la ciudad de las luces. A medida que avanzaba la temporada, los franceses que conocía en el camino le aseguraban que el calor intenso llegaría recién en el mes de julio. Sin embargo, este año, se adelantó. La semana del 21 de junio, justo en inicio de la estación estival, comenzó la ola de calor en Europa, siendo París una de las ciudades más afectadas.
"Me estoy cocinando. Se siente muy pesado. Acá no hay aire acondicionado”, relató Javier a MDZ, sobre cómo vive la ola de calor en la capital francesa. Es que, a pesar de estar acostumbrado a afrontar calores intensos en la Ciudad de Mendoza, donde vivió los últimos años, siempre tuvo la posibilidad de prender el aire acondicionado en su casa y, así, apaciguar la sensación de sofocación. Pero, en Europa, pese a tratarse del primer mundo, el uso de aire acondicionado no es común. “Es sofocante", aseguró el bartender que trabaja actualmente en un bar del Barrio Latino en París.
Uno de los aspectos que más le llamó la atención fue la dificultad para instalar aire acondicionado en cualquier departamento de la ciudad. "Necesitás autorización del propietario y también del ayuntamiento. En París es muy difícil conseguir esos permisos porque cuidan muchísimo la arquitectura de la ciudad", explicó y agregó: “Lo máximo que vas a ver es un sistema de aire acondicionado central, como los que usan los hoteles y se ve frecuentemente en bares”.
"Lo que hacemos la mayoría es tratar de ir al parque más cercano posible para pasar el día. Hay veces que ni siquiera se puede estar en casa”, agregó.
Los subtes, colapsados
Javi asegura que la rutina consiste en tomarse muchas duchas frías, mucha hidratación y evitar salir durante las horas de mayor temperatura. Pero hay otro problema inesperado: el transporte público.
"Hay personas que se desmayan dentro del metro (trenes subterráneos) por el calor. Cuando eso pasa, por protocolo detienen los trenes y termina afectando toda la circulación del día”, narró respecto a las consecuencias indirectas de la ola de calor, que afectan a los millones de franceses que viajan al trabajo en el metro. En consecuencia, algunos optan por tomarse colectivos o trenes convencionales.
Qué son los brumizadores, el alivio en medio de la ola de calor en París
Frente a la falta de aires acondicionados y el calor extremo, aparecen los brumizadores en distintos puntos de la vía pública de la capital francesa. Se trata de dispositivos que pulverizan agua en forma de una fina niebla para refrescar el ambiente consumiendo mucha menos energía que un aire acondicionado.
“Es como un dispositivo que genera una niebla muy fina de agua y refresca a la gente en la calle. Funciona con una bomba que pulveriza el agua de forma microscópica por unas boquillas; es más fina que el agua con la que te duchás. Al ser más fina, se evapora de inmediato, pero absorbe el calor del aire y de la piel, produciendo como una sensación de frescor. Obviamente, consume menos agua y menor electricidad y es más económico que un aire acondicionado”, explicó Mastrantonio a MDZ.
Duchas, ventiladores y toallas húmedas
Agustín Cáceres, instalado en París desde hace cuatro años y medio, reconoce que prefiere trabajar desde la oficina porque allí sí cuentan con aire acondicionado, mientras que en su departamento, no. Cuando está en casa, debe recurrir a tomarse varias duchas diarias y dormir con una toalla húmeda sobre la cabeza.
Cecilia, que vive desde hace nueve años en la capital francesa, también depende del ventilador, el agua fría y un pequeño pulverizador manual para poder descansar durante la noche.
Claudia, residente desde hace tres años, coincide con el diagnóstico general: este verano supera ampliamente al anterior. Además, cuenta que las autoridades insisten en la hidratación constante y hasta recomendaron evitar el consumo de alcohol en espacios públicos durante los días más críticos.
La realidad también se repite en Alemania
Yohanna vive desde hace un año en Ambach, un pequeño pueblo del sur de Alemania, y vivió, previamente, dos años en París. En diálogo con MDZ, la joven asegura que la falta de aire acondicionado tampoco es una excepción en su nuevo hogar.
"Es raro encontrar departamentos que tengan aire acondicionado. Los edificios más modernos sí pueden tenerlo, pero los alquileres son mucho más caros”, contó la santiagueña que actualmente trabaja en la cocina de un restaurante alemán. En ese contexto, Yohanna contó que, aunque en la cocina cuentan con climatizadores, reconoce que el calor frente a las hornallas sigue siendo intenso.
Su estrategia para sobrellevar las jornadas consiste en hidratarse constantemente y aprovechar un lago ubicado a pocos metros de su trabajo. "En las pausas me doy un chapuzón y a la noche uso un ventilador. Por suerte, donde vivo las temperaturas bajan bastante cuando cae el sol”, aseguró.
Las cifras de la ola de calor en Francia
La ola de calor en Francia dejó, hasta el momento, una cifra de 55 víctimas fatales por ahogamiento hasta el final de la jornada del jueves, entre ellos, dos niños de 2 y 4 años.
Mientras los turistas y vecinos buscan refrescarse en parques, plazas y cerca de brumizadores, y los monumentos permanecen cerrados, la crisis climática expone una realidad mucho más profunda. Los hospitales comenzaron a reforzar sus sistemas de climatización de urgencia y las funerarias de París trabajan por encima de su capacidad habitual debido al incremento de fallecimientos asociados al calor extremo. El recuerdo de la histórica ola de calor de 2003, que dejó unas 15.000 víctimas en Francia, vuelve a instalarse en el debate público.
La situación obligó al Gobierno francés a encargar 30.000 equipos de aire acondicionado para hospitales, muchos de los cuales solo cuentan con climatización parcial. La decisión llegó en medio de un fuerte aumento de pacientes en las guardias y mientras cerca de la mitad del país continúa bajo alerta roja por calor extremo. Pero detrás de esta crisis aparece un problema estructural: gran parte de Europa nunca fue diseñada para soportar temperaturas tan elevadas.
Por qué casi no hay aire acondicionado en Francia
A diferencia de América Latina, donde el aire acondicionado forma parte de la vida cotidiana durante el verano, en gran parte de Europa instalar uno puede convertirse en un verdadero desafío.
Muchos edificios fueron construidos hace décadas y las restricciones patrimoniales impiden modificar sus fachadas. A eso se suma una fuerte discusión política y ambiental: ampliar masivamente el uso de aire acondicionado implicaría un mayor consumo energético y pondría en tensión los objetivos europeos de alcanzar la neutralidad climática para 2050. Por eso, en muchos países se priorizan ventiladores o sistemas de climatización centralizados antes que equipos individuales.
El problema es que el continente europeo se calienta entre dos y tres veces más rápido que el promedio mundial. La infraestructura tampoco acompaña: las viviendas conservan el calor, las vías ferroviarias sufren deformaciones y miles de personas quedan expuestas a temperaturas extremas durante varios días consecutivos.





