Cómo se hace la cerveza que consumen todos los argentinos y que nace en Mendoza
La cervecería abre sus puertas y revela cómo la malta, el lúpulo, la levadura y diferentes procesos se combinan para crear una cerveza histórica en el país.
Así se hace la cerveza en la fábrica más antigua de Mendoza.
Milagros Lostes - MDZAdentrarse en la histórica Cervecería Andes en Mendoza es meterse en un proceso que combina ciencia, tradición y producción a gran escala. En cada rincón de la planta se entiende cómo una bebida cotidiana tiene detrás una cadena precisa de pasos y controles. La experiencia permite ver de cerca cómo se transforma la materia prima en cerveza lista para consumir.
Todo comienza con la selección de los granos, principalmente cebada cultivada en Argentina. Ese grano pasa por un proceso llamado malteado, donde se activa su capacidad para generar azúcares fermentables. A partir de ahí se empieza a definir el perfil de cada cerveza.

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En la planta de Cervecería y Maltería Quilmes, además, trabajan equipos de jóvenes con formación técnica: ingenieros, bromatólogos y especialistas en instrumentación. Ellos supervisan un sistema que funciona por tandas y que puede cambiar la producción cada seis horas. En ese ritmo, se elaboran alrededor de 150 mil litros de cerveza por tanda.
Del grano a la malta: el inicio del proceso
El malteado tiene varias etapas que transforman la cebada en un insumo clave. Primero se limpia el grano para eliminar impurezas y luego se lo remoja durante varios días para activar la germinación. En ese momento se generan enzimas fundamentales para el proceso cervecero.
Después viene la germinación controlada, donde el grano empieza a brotar. Ese crecimiento se detiene con calor en la etapa de secado y tostado. Según la temperatura aplicada, se obtienen distintos tipos de malta, que definen color y sabor.
En la cervecería se utilizan variedades como Pilsen, Múnich o tostadas. Cada una aporta características distintas a la bebida final. Incluso en algunos casos se incorporan otros cereales como maíz para ajustar el perfil.
La cocción y el rol del lúpulo
Una vez lista la malta, se muele y se mezcla con agua en un proceso llamado maceración. Ahí se genera el mosto, un líquido azucarado que será la base de la cerveza. En esta etapa ya se empieza a definir el nivel de alcohol que tendrá el producto.
Luego el mosto se hierve y se incorpora el lúpulo, un ingrediente que aporta amargor y aroma. En la planta se utiliza lúpulo en pellets, una forma que permite conservar mejor sus propiedades frente a la luz y el calor. El momento en que se agrega define si predomina el amargor o el aroma.
Durante este proceso también se separan los residuos sólidos del grano, conocidos como bagazo. Ese subproducto se reutiliza, principalmente como alimento animal. Así, la producción incorpora prácticas de aprovechamiento de recursos.
Fermentación y control del sabor
Después de la cocción, el mosto se enfría y se le agrega levadura. Este microorganismo consume los azúcares y genera alcohol y gas. La fermentación dura entre seis y siete días y es una de las etapas que más influye en el sabor.
La cervecería trabaja con cepas propias de levadura, controladas a nivel genético para mantener perfiles constantes. Además, se regula la temperatura para obtener distintos resultados según el tipo de cerveza. Todo está medido para que cada lote tenga las mismas características.
Una vez finalizada la fermentación, la cerveza se enfría a temperaturas cercanas a cero grados. Esto permite estabilizarla antes del filtrado. En total, el proceso completo puede durar entre 12 y 15 días.
Filtrado, envasado y producción en masa
La cerveza pasa por un filtrado con tierra diatomea, que elimina restos de levadura y proteínas. Así se logra una bebida más brillante, como la que llega al consumidor. En este punto ya está lista para el envasado.
La línea de latas funciona a gran velocidad y con alta precisión. Las latas llegan vacías, se llenan y se cierran en cuestión de segundos para evitar el contacto con oxígeno. Luego pasan por un pasteurizador que garantiza la seguridad del producto.
En un día se pueden producir cientos de miles de litros solo en latas. El proceso incluye empaquetado, fechado y armado de pallets para distribución. Todo el sistema está pensado para mantener calidad en grandes volúmenes.
Cómo servirla y con qué combinarla
Más allá de la producción, también hay recomendaciones para disfrutar la cerveza. El servido correcto incluye generar una capa de espuma que actúa como protección frente al oxígeno. Además, ayuda a mantener la temperatura.
También se recomienda tomarla en vaso, ya que mejora la experiencia sensorial. Los vasos más finos se usan para cervezas rubias, mientras que los más anchos acompañan estilos más intensos. La limpieza del vaso también influye en el resultado.
En cuanto a los maridajes, la lógica es acompañar la intensidad de la comida con la cerveza. Un asado puede ir bien con cervezas más robustas, mientras que comidas livianas combinan mejor con estilos suaves. Incluso las cervezas negras pueden acompañar postres con chocolate.
Una industria que no se detiene
La cervecería no solo produce cerveza, también gaseosas y maneja una red de distribución que llega a supermercados y mayoristas. Parte del producto sale directo y otra parte se canaliza a través de grandes distribuidores.
Así, detrás de cada lata o botella, hay un proceso complejo que mezcla conocimiento, tecnología y trabajo humano. Un recorrido que empieza en el campo y termina en la mano de todos los argentinos.





