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Cáncer de cuello de utero: una enfermedad frecuente pero prevenible

El PAP, el test de VPH y la vacuna permiten prevenir y detectar a tiempo una enfermedad que aún representa un desafío sanitario.

El cáncer de cuello uterino es, en gran medida, prevenible.

El cáncer de cuello uterino es, en gran medida, prevenible.

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Una enfermedad prevenible, con herramientas disponibles hoy: la detección temprana y la vacunación son claves para reducir su impacto. El cáncer de cuello de útero es el cuarto tipo más común entre las mujeres a nivel mundial y, en algunas regiones como América Latina, las tasas de incidencia y mortalidad son superiores a la media, llegando a ser el tercero más frecuente.

Este tipo de cáncer tiene una particularidad

A diferencia de muchos otros, sabemos cómo se origina, cómo detectarlo en etapas tempranas y, en la mayoría de los casos, cómo prevenirlo. Sin embargo, sigue siendo un problema de salud pública vigente. La causa principal es la infección persistente por ciertos tipos de Virus del Papiloma Humano (VPH), un virus muy frecuente que se transmite por contacto íntimo. La mayoría de las personas lo contrae en algún momento de su vida, pero sólo una pequeña proporción desarrollará lesiones que, con el tiempo, podrían evolucionar a cáncer.

Y ese “con el tiempo” es clave: este proceso suele ser lento, lo que nos da una enorme oportunidad de intervenir. Esa intervención no sólo implica corregir factores de riesgo, como el tabaquismo, sino también utilizar herramientas validadas de prevención médica a nivel de salud pública.

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El cáncer de cuello de útero es el cuarto tipo más común entre las mujeres a nivel mundial

El cáncer de cuello de útero es el cuarto tipo más común entre las mujeres a nivel mundial

La prevención

La prevención es la mejor herramienta con la que contamos. En este caso, existe una vacuna que constituye el eje central de la prevención primaria. Aplicada a tiempo, puede evitar la mayoría de los casos. En nuestro país, está incluida en el Calendario Nacional de Vacunación para niños y niñas de 11 años. Por otro lado, contamos con la prevención secundaria, que incluye el Papanicolaou (PAP) y el test de VPH. Durante años, el PAP fue —y sigue siendo— una herramienta fundamental. Este estudio no detecta el virus, sino los cambios celulares que puede producir en el cuello uterino. Es decir, identifica lesiones cuando ya están presentes. Hoy, además, contamos con el test de VPH, que representa un cambio de paradigma. Este estudio permite detectar la presencia del virus antes de que existan lesiones visibles, identificando a las personas con mayor riesgo de desarrollar la enfermedad incluso cuando el cuello uterino aún está sano.

¿PAP o test de VPH? Una estrategia complementaria

La respuesta no es uno u otro, sino su uso complementario, siempre considerando el contexto y la población. El test de VPH tiene mayor sensibilidad para detectar riesgo y, en muchos esquemas actuales, se utiliza como método de tamizaje primario a partir de cierta edad, complementándose con el PAP cuando es necesario. En otros contextos donde el test no está disponible, el PAP sigue siendo una herramienta válida y segura para la detección precoz. Comprender esta diferencia es clave para que cada persona reciba el control adecuado según su edad y situación. Ahora bien, ninguna herramienta es efectiva si no se utiliza. Uno de los principales desafíos sigue siendo la falta de controles regulares. Muchas veces, por falta de información, miedo, postergación o dificultades de acceso, los chequeos se retrasan. Y ahí es donde se pierde la oportunidad de detectar a tiempo lo que tiene solución.

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La prevención es la mejor herramienta con la que contamos.

La prevención es la mejor herramienta con la que contamos.

Prevención integral: información, vacunación y controles

Hablar de prevención no es sólo hablar de estudios. También implica promover la vacunación contra el VPH, que reduce significativamente el riesgo de infección por los tipos de mayor riesgo, y fomentar los controles ginecológicos periódicos, donde cada caso pueda evaluarse de manera individual.

El cáncer de cuello uterino es, en gran medida, prevenible. Pero para que esa prevención sea real, necesitamos información clara, acceso a los controles y una decisión activa de priorizar la salud. Porque en este caso, llegar antes hace la diferencia.

* Dra. Yael Braunsteni (MN 161369), coordinadora del programa de ovodonación de Halitus Instituto Médico.