Así es la marmosa, el pequeño y tierno animal mendocino que casi nadie conoce
Pequeñas y casi invisibles, las marmosas habitan Mendoza y son estudiadas por el Conicet por su extraño ciclo de vida y su rol en el ambiente.
El tierno animal que vive en Mendoza y es investigado por el Conicet.
ConicetEn los paisajes áridos y semiáridos de Mendoza vive un animal tan tierno como desconocido: la marmosa. Pequeña, sigilosa y poco visible, este marsupial despierta cada vez más interés entre investigadores del Conicet, justamente porque la información sobre su biología es escasa y, en muchos casos, antigua.
En Argentina se reconocen seis especies de marmosas, de las cuales dos habitan en la provincia: Thylamys pallidior y Thylamys bruchi. Se trata de animales diminutos, con pelaje suave de tonos tricolores, orejas grandes y una cola prensil que les permite moverse con agilidad tanto en el suelo como entre las ramas de los árboles.
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A diferencia de las comadrejas overas, las marmosas no tienen marsupio, es decir, no cuentan con la típica “bolsa” para proteger a sus crías. Este detalle, sumado a su tamaño y hábitos nocturnos, hace que pasen desapercibidas para la mayoría de las personas.
Un ciclo de vida tan corto como sorprendente
Rosarito Sánchez Dómina, becaria doctoral del Conicet e integrante del grupo Ecología Integrativa de Fauna Silvestre del Iadiza, explica que una de las especies mendocinas presenta una estrategia de vida muy poco común. En el caso de Thylamys bruchi, se reproduce una sola vez y luego muere.
Para que esta estrategia funcione, todo debe darse en el momento justo. El nacimiento y el destete de las crías tienen que coincidir con la época de mayor abundancia de alimento, lo que les permite crecer rápido y acumular reservas para atravesar el invierno.
Durante su desarrollo, las crías pasan una primera etapa completamente dependientes de la madre, adheridas al pezón. Más adelante, los adultos comienzan a almacenar grasa en la base de la cola, una reserva fundamental para sobrevivir cuando escasea el alimento.
Qué comen y por qué importan en el ambiente
Las marmosas son omnívoras con una dieta principalmente insectívora. Se alimentan de artrópodos y, según la disponibilidad, también incorporan plantas y frutos. Este hábito las convierte en potenciales controladoras naturales de insectos y arácnidos.
Además, forman parte de la cadena alimentaria como presas de otros animales. Zorros, gatos silvestres, culebras y aves rapaces encuentran en ellas una fuente de alimento, lo que refuerza su importancia dentro del ecosistema mendocino.
Aunque el estudio de su ecología lleva más de una década en la provincia, aún hay muy pocos trabajos sobre su fisiología. Esto deja muchas preguntas abiertas sobre cómo funcionan estos pequeños marsupiales y cómo responden a los cambios del entorno.
Un futuro condicionado por el clima
Sánchez Dómina advierte que los cambios ambientales actuales, especialmente la intensificación de las sequías, representan una amenaza concreta. Estas alteraciones pueden romper la sincronía entre la reproducción y las condiciones favorables del ambiente.
A diferencia de otros pequeños mamíferos, como los roedores, las marmosas tienen una capacidad limitada para ajustar su reproducción. Si el clima no acompaña, las consecuencias pueden ser graves para poblaciones ya de por sí poco conocidas.
Por eso, desde el Conicet destacan que cada nuevo dato aporta herramientas para pensar estrategias de conservación. Conocerlas mejor no solo permite proteger a las marmosas, sino también a los ambientes donde viven y cumplen un rol silencioso pero fundamental.



