Presenta:

Anticoncepción en tiempos de redes: quién influye realmente en nuestras decisiones

La dra. Lorena Bozza analizó el impacto de las redes sociales a la hora del cuidado sexual y la anticoncepción.

El 71,7% de losmédicos y médicas considera que sus pacientes consultan frecuentemente lasredes sociales para informarse sobre anticoncepción. Foto: Archivo

El 71,7% de los médicos y médicas considera que sus pacientes consultan frecuentemente las redes sociales para informarse sobre anticoncepción. Foto: Archivo

Vivimos en una época en la que pareciera que todo pasa por las redes sociales, y la salud no es la excepción. Instagram, TikTok, Google y, más recientemente, la inteligencia artificial se convirtieron en fuentes inmediatas de información sobre anticoncepción. Pero, ¿cuánto influyen realmente en las decisiones de las mujeres argentinas? Desde la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMAdA) decidimos estudiarlo, y algunos resultados nos sorprendieron.

El primer hallazgo fue la distancia entre lo que los profesionales creemos que sucede y lo que las mujeres dicen hacer. El 71,7% de los médicos y médicas considera que sus pacientes consultan frecuentemente las redes sociales para informarse sobre anticoncepción. Sin embargo, al preguntarles directamente a 2.055 mujeres de todo el país, solo el 33% dijo utilizarlas con ese fin.

¿Por qué los profesionales percibimos un fenómeno tan superior al real? Probablemente exista un "sesgo de consultorio": recordamos especialmente a la paciente que llega angustiada porque vio en TikTok que "las hormonas hacen mal", o a quien rechaza un DIU por la experiencia negativa que relató otra mujer en Instagram. Son consultas que demandan tiempo para desarmar mitos y, aunque no representen a la mayoría, tienen un enorme impacto sobre nuestra práctica diaria.

Buscar información en redes, además, no significa delegar en ellas la decisión final. En nuestro estudio, 3 de cada 10 mujeres manifestaron haber tomado alguna decisión sobre anticoncepción a partir de redes sociales, IA o plataformas digitales, y de ellas el 13,87% sintió que se había equivocado. Esto no permite afirmar una relación de causa, pero sí confirma algo central: las decisiones anticonceptivas requieren información de calidad, porque una elección inadecuada o el abandono de un método pueden tener consecuencias concretas.

Un dato alentador: el 97% de las mujeres prefiere recibir información y decidir junto a un profesional de la salud, y el 91% calificó como buena o muy buena esa información, frente a apenas el 55% cuando provenía de redes. Las redes tienen alcance, pero el profesional conserva la confianza.

Hablar hoy de anticoncepción implica hablar de salud sexual integral. Frente al aumento de infecciones de transmisión sexual, necesitamos volver a poner al preservativo en el centro de la conversación: los métodos anticonceptivos más eficaces —implantes, DIU, hormonales— no protegen frente a las ITS. Por eso la doble protección, combinando preservativo con otro método, sigue siendo una estrategia fundamental.

Durante mucho tiempo asociamos el preservativo casi exclusivamente al riesgo y al miedo. Hoy es momento de un cambio de paradigma: vincularlo también con el placer, el autocuidado y la responsabilidad compartida. Cuidarse no debería oponerse al disfrute; por el contrario, vivir un encuentro sexual con mayor seguridad y menor preocupación también es parte de una sexualidad placentera. Necesitamos dejar de comunicar solo "usá preservativo porque te puede pasar algo" y empezar a transmitir "usá preservativo porque cuidarte y cuidar a quien está con vos también es disfrutar".

El desafío no es elegir entre redes o profesionales, sino lograr que ambos mundos se encuentren: que las redes acerquen información basada en evidencia, y que el profesional siga aportando lo que ningún algoritmo puede reemplazar: contexto clínico, evaluación de riesgos y decisión compartida.