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Adopción: microagresiones en el ámbito de padres e hijos

Todos los que somos afines al ámbito de la adopción tenemos que ser conscientes de las microagresiones para intervenir adecuadamente favoreciendo el conocimiento y el aprendizaje.

En Mendoza hay 648 niños y adolescentes viviendo en 45 hogares. 

En Mendoza hay 648 niños y adolescentes viviendo en 45 hogares. 

Archivo MDZ

¿De qué estamos hablando cuando nos referimos a microagresiones en la adopción? Estamos haciendo referencia a todas esos comportamientos o comentarios, más o menos sutiles, a menudo inconscientes, que transmiten prejuicios y envían mensajes discriminatorios que dañan. Hay personas que no terminan de entender y con sus dichos generan un impacto negativo tanto en hijos como en padres adoptivos.

Es responsabilidad de todos conocer y aprender a hacernos cargo de nuestras palabras

Me voy a detener en algunas microagresiones frecuentes que lastiman por el desconocimiento, la ignorancia, la falta de comprensión y de empatía. Si empezamos por las microagresiones más comunes a padres adoptivos, la primera que seguramente hayamos escuchado más de una vez es esa voz que dice “Qué generosidad… sos una santa… sos un santo”. Los padres adoptivos no somos ningunos santos, tenemos nuestras virtudes y defectos como todos los padres, pero lo que duele de esta frase es que quien la escucha no se siente validado en su opción de ser verdaderamente madre o padre. En el fondo, detrás de estas palabras hay un prejuicio muy profundo, una desvalorización del vínculo adoptivo. Porque la realidad es que seguramente quien hizo el comentario hubiera hecho lo mismo por su hijo.

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Los padres adoptivos no somos ningunos santos, tenemos nuestras virtudes y defectos como todos los padres

Los padres adoptivos no somos ningunos santos, tenemos nuestras virtudes y defectos como todos los padres

En esta misma línea se escuchan frases como “y además, ¿tenés un hijo propio?”, “tu hijo, ¿se relaciona con la madre verdadera?” …. “y yo quien soy? ¿Un monigote?” respondió una madre adoptiva una vez. Y si hablamos de padres o madres adoptivos lesbianas o gays, además conviven con una estigmatización adicional basada en la identidad sexual.

También los hijos adoptivos tienen que escuchar frases como “¡qué agradecido estarás!”, “¡qué suerte que tuviste!”, un hijo adoptivo tiene que estar tan agradecido como cualquier otro hijo; y honestamente, no tuvo suerte, para poder ser adoptado tuvo que sufrir muchísimo, tuvo que perder a su familia de origen; y fue adoptado porque es el derecho de todo niño poder crecer y desarrollarse en familia.

Hay que derribar el estigma que existe en torno a la adopción

Es un hecho que lo sienten tanto los hijos adoptivos como los padres adoptivos y los padres biológicos de niños o adolescentes adoptados. Un estigma es una marca, una huella, un vestigio de deshonra. Es responsabilidad de todos hacer que con nuestras palabras y actitudes se vaya borrando ese estigma. Que no sean ellas las que afiancen esa impronta.

Los hijos y padres adoptivos también experimentan muchas microagresiones cuando los niños o adolescentes son incorporados a la familia ampliada. Creo que es importante acompañar a todos los miembros de la familia para que puedan trabajar la certeza de que la pertenencia prima y ha de primar siempre por sobre el vinculo de sangre. Es solo desde aquí que podremos alojar a quien llega a la familia desde lo totalmente ajeno para ser uno más, tan nieto, tan sobrino, como todos los demás; sin exigencias particulares, aceptando sus limitaciones con la misma paciencia que a todos.

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Hay que derribar el estigma que existe en torno a la adopción.

Hay que derribar el estigma que existe en torno a la adopción.

Si somos honestos con nosotros mismos todos somos micro agresores o lo hemos sido. Allí donde no hemos comprendido, donde desconocíamos, donde no hemos empatizado, seguramente alguna vez hayamos hecho un comentario en el que, queriéndolo o no, hemos lastimado por ignorancia o falta de conocimiento.

Estemos atentos, para agudizar la sensibilidad

Para desarrollar una mayor empatía, esa competencia emocional que consiste en reconocer no solo el pensamiento del otro sino también sus significados y afectos. Gracias a la empatía, seremos capaces de ponernos en el punto de vista de los otros, de escucharlos desde su marco de referencia, de darnos cuenta de lo que sienten, necesitan y piensan. Y así, poder comunicarnos y alentar a otros a comunicarse de modo que la persona se sienta comprendida. La empatía implica resonar con lo que le pasa al otro y poder expresárselo; se trata de captar el mundo implícito del otro sin juzgarlo, sin aconsejarlo ni analizarlo. Favoreciendo la empatía desaparecerán las microagresiones.

* Cristina Ma. Goldaracena. Madre Adoptiva. Counselor en adopción y acompañamiento familiar.