A qué peligros se enfrentan y cuáles son las especies en peligro de extinción en Mendoza
En el Día Internacional de la Diversidad Biológica, especialistas alertan por especies mendocinas que se encuentran en peligro de extinción.
Desde el gato andino hasta la ranita del Pehuenche, varias especies de Mendoza enfrentan amenazas cada vez más difíciles de revertir.
Este 22 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Diversidad Biológica, una fecha impulsada por la ONU para generar conciencia sobre la importancia de proteger la enorme variedad de especies y ecosistemas que sostienen la vida en el planeta. En Mendoza, la discusión toma un peso especial: varias especies emblemáticas atraviesan situaciones críticas y algunas podrían desaparecer si continúan las amenazas sobre sus hábitats.
La provincia cuenta desde 1998 con la Ley 6.599, impulsada junto a Fundación Cullunche, que declara Monumento Natural Provincial a distintas especies de fauna silvestre. Esa figura representa el máximo nivel de protección legal y prohíbe su caza, captura, comercialización o tenencia.
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Sin embargo, desde organizaciones ambientalistas advierten que las amenazas siguen creciendo. La caza furtiva, los atropellamientos, la destrucción del monte nativo, los incendios y el avance de actividades humanas sobre áreas sensibles aparecen entre los principales problemas que afectan a la fauna mendocina.
Las especies del ecosistema local más comprometidas
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Entre las especies que aparecen en una situación más delicada se destaca la ranita del Pehuenche, un anfibio endémico que solamente habita una pequeña zona cercana al Paso Pehuenche, en Malargüe. Su hábitat reducido la convierte en una especie extremadamente vulnerable ante cualquier alteración ambiental.
Jennifer Ibarra, integrante de Fundación Cullunche, recordó a MDZ el fuerte impacto que sufrió la especie durante la construcción de la ruta internacional. “Cuando hicieron el Paso Pehuenche hicieron unas zanjas, como mini acequias, donde todas las ranitas quedaron atrapadas y se murieron un montón. Eso fue un desastre”, explicó.
Otro caso crítico es el de la lagartija del Nihuil, una especie endémica de las dunas cercanas al embalse El Nihuil. Durante años se creyó extinta hasta que fue redescubierta en 2010. Hoy sigue amenazada por la fragilidad de su hábitat y por el avance de actividades humanas sobre los médanos.
El felino más amenazado del continente
El gato andino también figura entre las especies que más preocupan. Se trata de uno de los felinos más amenazados de América y habita zonas de alta montaña. Su población es pequeña, fragmentada y extremadamente difícil de registrar.
Según explicó Ibarra, la expansión de proyectos de megaminería y la creciente presencia humana en áreas cordilleranas podrían agravar aún más la situación. “El gato andino va a tener dificultades al igual que el choique, y se van a ir dispersando por tanto movimiento humano y las explosiones”, sostuvo.
El choique o suri, considerado vulnerable en Mendoza, enfrenta además otros problemas históricos como la recolección de huevos, la caza furtiva y la competencia con el ganado. Algo similar ocurre con el guanaco, cuya población todavía es importante en zonas como La Payunia, aunque sufre la presión de la caza ilegal y los alambrados que interrumpen sus desplazamientos naturales.
Aves amenazadas por el tráfico ilegal
El cardenal amarillo y el siete cuchillos son otras de las especies que atraviesan una situación delicada en Mendoza. En ambos casos, el tráfico ilegal de aves canoras sigue siendo una de las principales amenazas.
“Lo que más nos afecta es la cacería furtiva para venderlos como aves ornamentales”, explicó Jennifer Ibarra. A eso se suma el desmonte y los incendios que reducen cada vez más las áreas de monte y matorral donde habitan.
En el caso del águila coronada, la situación también es alarmante. Se estima que quedan menos de mil ejemplares en todo el país. En Mendoza, una de las mayores causas de muerte son los ahogamientos en tanques australianos y la electrocución en tendidos eléctricos.
Desde Fundación Cullunche destacaron que en los últimos años se avanzó en trabajos conjuntos con empresas eléctricas y productores rurales para reducir esas muertes. “Hubo muy buena predisposición para solucionar el problema”, señalaron tras las denuncias por ejemplares encontrados muertos.
El drama silencioso de los atropellamientos
Otro de los problemas que más preocupa a las organizaciones ambientales es el aumento de animales atropellados en rutas mendocinas. Desde la fundación advirtieron que la “defaunación” por accidentes viales se volvió un fenómeno cada vez más frecuente en Argentina.
“El otro día fuimos a Malargüe y de ida y vuelta vimos más o menos una decena de animales muertos”, relató Ibarra a MDZ. La situación se repite especialmente en rutas donde muchos vehículos circulan a velocidades muy altas en zonas de cruce de fauna.
Por eso, desde Cullunche adelantaron que impulsarán campañas de concientización y pedidos formales para sumar más señalización vial que advierta sobre la presencia de animales silvestres.
Especies invisibles pero amenazadas
Entre los animales menos conocidos aparece el pichiciego, un pequeño armadillo subterráneo endémico de la región central argentina. En Mendoza se sabe muy poco sobre su población y ni siquiera existen estimaciones precisas sobre cuántos ejemplares quedan.
“El movimiento de tierra y la presencia humana afectan sus cuevas y hacen que el pichiciego desaparezca del lugar”, explicó Ibarra. Algo parecido sucede con el piche, otro armadillo muy perseguido por la caza furtiva debido al consumo de su carne.
La tortuga del macizo extracordillerano del Nevado también atraviesa una situación delicada. Muchas son capturadas ilegalmente para mascotismo o retiradas de su ambiente por personas que desconocen que está prohibido trasladarlas.
Una biodiversidad que retrocede
Aunque algunas especies como el cóndor o el guanaco todavía mantienen poblaciones relativamente visibles, especialistas remarcan que eso no significa que estén fuera de peligro. En el caso del cóndor andino, el uso ilegal de cebos tóxicos y la intoxicación por plomo continúan provocando muertes.
“Los cóndores bajan a comer animales muertos y son los primeros en consumir el veneno”, explicó Ibarra. También advirtió que muchas veces ingieren restos de municiones o reciben disparos, lo que termina afectando lentamente su organismo.
Uno de los mayores problemas para dimensionar la crisis es la falta de censos completos sobre la fauna mendocina. Salvo algunos trabajos puntuales sobre cóndores, guanacos o águila coronada, en muchos casos no existen datos concretos sobre cuántos ejemplares sobreviven.
Aun así, ambientalistas sostienen que el deterioro del ambiente, la presión humana y la pérdida de hábitat muestran una tendencia clara: Mendoza enfrenta una pérdida silenciosa de biodiversidad que avanza año tras año y que amenaza incluso a especies únicas en el mundo.