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Por qué Juan Pablo II seguirá siendo mi Papa favorito

He visto cuatro pontífices y el Papa polaco fue el que más recuerdo. Eso, a pesar de que fue Francisco el Papa que me conocer y ver a pocos metros.
Foto: GETTY IMAGES
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La figura del Papa sobrepasa lo que es la fé católica y es uno de los hombres con mayor poder en todo el mundo, porque su figura abre caminos y acerca posiciones como nadie más en el mundo puede hacerlo. Por eso es justo decir que el fallecido papa Francisco fue el argentino más importante de la historia, porque todos los demás que se elevan como figuras destacadas del país fueron famosos, célebres o destacados en sus ámbitos, pero ninguno llegó a tener un rol único en el planeta.

Sin embargo, con toda la simpatía que generaba Francisco y a la espera de lo que puede ser la gestión de León XIV, cuando suceden estos eventos que concentran la atención mundial, es imposible que no se venga a la mente la imagen de los pontífices que marcaron algunos momentos de nuestras vidas.

En mi caso, como creyente con dudas, que estuvo cerca de la Iglesia y ahora tomó distancia, confirmé que Juan Pablo II seguirá siendo mi Papa favorito. El polaco Karol Józef Wojtyla tenía esa capacidad de sentirse cercano a pesar que nunca lo viste en persona, pero a la vez daba muestras de que entendía que su rol iba más allá de la fé y debía jugar un rol importante en el orden mundial. Eso, a pesar que nunca estuve cerca de Wojtyla y sí me tocó ver muy de cerca a Francisco en Chile en las ciudades de Santiago, Temuco e Iquique.

Por eso, recuerdo siempre que el día que murió era un sábado que me encontró jugando un partido de fútbol a más de 2.000 metros de altura en Calama, Región de Antofagasta, Chile. Mientras almorzábamos y recuperábamos energías, se anunció la muerte del pontífice, algo que pegó fuerte porque comenzó su pontificado justo el año que nací y durante 27 años. Pero Juan Pablo II se fue convirtiendo en el Papa favorito cuando comencé a tener noción de su trabajo cuando crecí y recordaba momentos que me tocó vivir, pero que por cuestiones de edad comprendí y valoré con el paso de los años.

Viajó a Chile en la misma gira que lo trajo a Mendoza en el 2007 y su paso estuvo lleno de imágenes que hasta el día de hoy marcaron la historia en el país. Un encuentro con jóvenes en el que lanzó una frase ante miles de jóvenes en el Estadio Nacional de Santiago en medio del proceso para que Pinochet cumpliera con el llamado a un plebiscito para terminar con la dictadura. "No tengan miedo de mirarlo a él", dijo enérgico y con carácter.

En ese mismo viaje fue a la población La Bandera, una de las más pobres de Chile en los 80, y allí escuchó a los pobladores que sufrían los efectos de la dictadura, un tema que no esquivó y que con gestos simples, hizo incomodar al régimen imperante. El pontífice sabía que su presencia permitiría a los pobladores tener los momentos de hablar cosas que por esos años en Chile no se podían decir a través de los medios.

Luego vino el acto en el Parque O'Higgins, el mismo en el que estuvo Francisco en enero de 2018, y donde se registró una fuerte represión a las personas que intentaron protestar contra la dictadura durante la misa que se hizo en el recinto. La imagen del Papa mirando lo que sucedía con una cara de angustia y preocupación recorría el mundo.

Sin dudas, Chile no fue el mismo después de esa visita y apenas un año después de su paso, en el plebiscito ganaba la opción No y volverían a registrarse elecciones democráticas. Todo eso, sin mencionar lo que nos dejó la historia y su intervención para evitar una guerra entre Argentina y Chile por el Beagle.

Juan Pablo II tenía muy claro su rol en momentos de un mundo muy convulsionado, quizás más que ahora, y su largo pontificado estuvo marcado por numerosos hechos marcaron la historia de la humanidad. Por eso, aparece como el Papa más cercano para mí, aunque en 2018 cubrí para MDZ la gira por Chile del papa Francisco y estuve en todos sus eventos. Fue una visita muy diferente a la de Wojtyla, porque había un distanciamiento entre el ciudadano y la Iglesia Católica al otro lado de la cordillera por los casos de abusos cometidos por sacerdotes.

De hecho, los actos no fueron tan masivos como se esperaban, especialmente el que se hizo en Iquique, donde Bergoglio -incluso- tuvo frases que sonaron a defensa del obispo Juan Barros, quien era acusado por encubrir abusos contra menores. "El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia", dijo en una breve salida de protocolo. Tiempo después le quitaría su apoyo y reconocería “graves equivocaciones de valoración”.