Un club con historia que resiste y renace en el corazón del Barrio Cano
En el corazón de la Ciudad de Mendoza, late una historia que se niega a apagarse. El Club Social y Deportivo Barrio Cano, fundado en 1951, nació como un sueño de vecinos que buscaban construir comunidad con un espacio de integración, deporte y encuentro. Con el paso del tiempo, ese sueño vivió altibajos: de los años dorados al abandono, y hoy, una reactivación que emociona. En medio de una zona urbana con muchas necesidades, el club supo reconstruirse con el impulso de sus propios socios y vecinos, quienes decidieron volver a darle vida al predio.
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El club fue siempre un símbolo de pertenencia para quienes crecieron en sus canchas y piletas. Pero la falta de inversión y el deterioro del entorno urbano lo arrinconaron durante años. Más de 70 años después, y tras un largo período de abandono, ese sueño volvió a tomar forma gracias al esfuerzo de la comunidad y una gestión que apostó fuerte a la recuperación.
Renacer
Lo que antes era silencio y pasto seco hoy es ruido de pelotas y voces de chicos corriendo. A partir de la llegada de una nueva conducción, en junio de 2023, se dio inició a una nueva etapa.
Con Rodrigo Hinojosa a la cabeza, la institución inició un proceso de recuperación de espacios, puesta en valor de instalaciones y generación de actividades permanentes. “Queríamos que el club no fuera solo de verano”, afirmó su presidente a MDZ.
Techaron la cancha de básquet, instalaron piso de parquet, refaccionaron los baños y los camarines; y recuperaron espacios perdidos, como la cancha de futsal y la playa de estacionamiento. Las canchas de pádel también se renovaron con superficie sintética, dándole otro aire al predio.
La recuperación física se tradujo también en una mejora del tejido social. Gracias a una gestión ordenada, más de 150 familias se sumaron como socias en menos de un año, así como también se reactivó el fútbol de salón con decenas de chicos de todas las categorías, volvió el tenis con grupos estables y se reavivó la esperanza de recuperar el básquet de forma competitiva a través de un acuerdo con la federación de básquet. Todo eso, mientras más de 150 chicos participaron en la escuela de verano gracias a un convenio con la municipalidad.
Enfrentar los desafíos de la comunidad
Sin embargo, el club no escapa a la realidad del barrio que lo rodea. La institución convive con una zona vulnerable, donde la inseguridad es parte del día a día. En ese contexto, reforzar los cerramientos y mejorar la seguridad fue prioritario, ya que los robos junto a los altos costos de servicios siguen siendo un dolor de cabeza.
Aún así, el espíritu del lugar persiste: es un espacio verde en plena ciudad, un refugio al que se entra y se siente diferente, como si el ruido quedara afuera.
Con esto, la experiencia de recorrer el club es particular. El contraste es fuerte, un club modesto en plena zona urbana y socios jugando al tenis, en un espacio donde uno esperaría encontrar abandono. El Cano es eso, una mezcla de nostalgia, lucha y voluntad. Un sitio que no brilla por presupuesto, sino por el esfuerzo a pulmón de quienes posibilitan su funcionamiento. En definitiva, éste es un club que está lejos de ser perfecto, pero su valor reside en lo humano, en el trabajo a pulmón y en el amor por lo que representa.


