El Artista, ese gigante sobre el que la tecnología se está parando
Durante los últimos días las redes sociales, los grupos de WhatsApp y varios medios se vieron llenos de imágenes en estilo de dibujos animados que yo veía en la televisión cuando era chico. OpenAI, la creadora de ChatGPT (entre otras aplicaciones), hizo publico como uno de sus modelos más recientes tiene la capacidad de generar imágenes recreando estilos artísticos con una calidad realmente envidiable. De este modo, no solo fue posible generar una imagen muy convincente de una situación en particular, sino que además incluyó la posibilidad de replicar una imagen que se le diese como input, pero en el estilo deseado.
El estilo que caló más hondo y generó interés en las personas es el de poder replicar imágenes en el estilo de los Animé creados por Studio Ghibli, aquel que nos trajo historias fantásticas como “Mi Vecino Totoro”, “El Viaje de Chihiro”, “La Princesa Mononoke” y muchas más. Un estilo que aunque se asemeja en gran medida a otros Animé, industria gigantesca de Japón, tiene ciertas características que lo hacen único.
Esto generó una nueva discusión respecto de como un artista puede estar protegido al hecho que una Inteligencia Artificial replique un estilo característico sin que dicho artista pueda percibir compensación sobre ellos (según parece, un estilo legalmente no puede tener derechos de autor, distinto a una obra específica que si).
El mismo Hayao Miyazaki, fundador y mandamás de Studio Ghibli, dio su parecer hace años en un video que ha circulado, cuando al presenciar lo que podría hacer una IA en el proceso creativo, dio a entender que es algo que consideraba “un insulto a la vida misma”. Pero el problema es que Miyazaki, tanto como el musico, el pintor o el escritor, están encontrándose desamparados frente a una realidad en la que las empresas gastan miles de millones de dólares en tecnología de cómputos y servidores y una infinitamente menor suma en compensar a los autores del contenido que han servido para entrenar los modelos.
No deja de parecerme preocupante como algunas dinámicas no han cambiado y como aquellos que hacen posible la disponibilidad de la materia prima son aquellos que peor compensados están en la cadena de valor de los productos. Mismo en eras en las que la tecnología debería apuntar a democratizar, el foco está puesto en darle a mas personas la capacidad de crear cosas, pero no en compensar a aquellos que fruto de esfuerzo, talento y capacidad las han hecho posibles antes.
Existe una premisa, que yo sostengo, que es que estas herramientas deberían ayudarnos a hacer un mejor uso de nuestro tiempo, y poder justamente abocarnos mas a tareas creativas, de bien común y positivas para la sociedad. Creo que si queremos que esto sea así, justamente se debe empezar por proteger a los artistas, a los pensadores, a aquellos que hicieron esto posible desde el talento y la sensibilidad humana.
Isaac Newton una vez dijo “Si yo he podido ver más allá, es porque estoy parado en los hombros de gigantes”, en clara referencia a como pudo valerse del trabajo de otros para realizar sus estudios.
Va siendo hora que las empresas de IA empiecen a tomar la palabra de Newton y empiecen a compensar a esos gigantes, los conocidos y los que no

* Cristian Figoli. Profesional de Marketing, Medios, Publicidad y Tecnología.

