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Valentina Alazraki: "Francisco tiene las riendas del gobierno de la Iglesia, nunca ha perdido la lucidez"

A 20 años del fallecimiento del Papa Juan Pablo II, la periodista mexicana, Valentina Alazraki, recuerda los últimos años de Wojtyla y reflexiona sobre el presente de Francisco.

Cinco Papas y 50 años cubriendo el Vaticano marcan la trayectoria de Valentina Alazraki. La periodista y escritora mexicana es conocida de forma particular por la simpatía que despertaba en san Juan Pablo II, a quien acompañó en 100 de sus 104 viajes. El 2 de abril se cumplieron 20 años del fallecimiento del Papa polaco, un aniversario que no pasó desapercibido en Roma. Con la ausencia de Francisco, convaleciente en su residencia en la Casa Santa Marta, la fecha despertó resonancias sobre aquel largo periodo de enfermedad de un pontífice, que mantuvo en vilo a la Iglesia Católica.  

Con Juan Pablo II inauguraste un modo de cubrir el pontificado, dirigido a mostrar al ser humano por sobre la institución, ¿qué aspectos de la humanidad de Francisco te resultan especialmente potentes? 

Su sencillez, su humildad, su gran libertad de espíritu, su espontaneidad…, su cercanía finalmente. Enseñar el rostro humano del papa Francisco es una tarea sumamente fácil. Juan Pablo II tenía un enorme carisma como Papa y un rostro humano muy poderoso también, pero estaba siempre la institución por un lado y luego la parte humana de él. 

En Francisco prevalece el rostro humano, en el sentido de que él ha querido bajarse un poco de ese pedestal del papado para vivirlo de una forma mucho más natural, más sencilla, sin tanto protocolo. Entonces obviamente ha sido muy fácil mostrar su lado humano. 

Con los periodistas esto fue muy evidente. En su primer viaje internacional me tocó darle la bienvenida como decana de los periodistas y le dije, “a lo mejor usted cree que ha venido a la jaula de los leones pero en realidad solo queremos ser sus compañeros de viaje”.  Nos prometió que a la vuelta iba a contestar las preguntas que tuviéramos. A la ida se dedicó a estar con cada uno, todos tuvimos la oportunidad de decirle algo al oído. Al regreso resultó ser un extraordinario comunicador. Desde ese día fue el portavoz de sí mismo. 

Celebrando el Cumpleaños junto a Francisco.
Foto: Valentina Alazraki.

Juan Pablo II marcó un estilo en el papado que no tuvo marcha atrás, pienso en los viajes, en los encuentros multitudinarios con jóvenes, etc. ¿Pensás que tampoco habrá marcha atrás en este estilo sencillo que inició Francisco?

Pensaría que no habrá marcha atrás, que se abrió un camino de sencillez y de cercanía. Pero a la vez creo que cada Papa ejerce el pontificado según su pasado, el país en el que nació, la experiencia que le tocó vivir. No lo veo como automático. El próximo Papa puede ser una persona sin la experiencia pastoral de Francisco y a lo mejor ejercerá el papado con otras prioridades y otros modos de hacer. Son caminos muy personales, porque son personas muy libres en la manera de ejercer el papado y esa libertad es lo que los hace únicos. Cada Papa tiene el derecho de aportar al papado lo que trae adentro, por eso hay muchas formas de vivir un pontificado, y en cada Papa hay continuidad. Pienso que las prioridades las marcan la época en la que han sido elegidos, la situación del mundo. La prioridad de Juan Pablo II era abatir muros entre este y oeste de Europa, promover la libertad religiosa, luchar contra el capitalismo y el marxismo. La prioridad de Francisco es otra, no tiene la Guerra Fría pero si esta Tercera Guerra Mundial a pedazos como él la llama. Y sobre todo trae un pasado muy pastoral dedicado a las periferias, con una gran sensibilidad por los migrantes.  

Dada la situación de la salud de Francisco, sale natural pensar en el último periodo del pontificado de Juan Pablo II. Desde tu experiencia, ¿crees que es comparable?

El periodo difícil de Juan Pablo II duró años. El empeoramiento fue paulatino pero continuo. Desde mitad de los años 90 empezó a haber listas de papables, había pronósticos por el Jubileo del año 2000, se especulaba con que si podría abrir o cerrar la Puerta Santa. Y vivió varios años más. En este sentido estamos en el principio de una fase difícil del papa Francisco. Si bien en los últimos tres o cuatro años ha tenido dos operaciones, ha tenido problemas respiratorios etc. Pero la parte realmente más grave es la que hemos vivido recientemente, de 38 días en el Gemelli. Y ahora se vienen dos meses de convalecencia. Es difícil comparar porque los tiempos son diferentes. Pero lo que veo como similitud es la fuerza en la fragilidad y el hecho de que de alguna manera los dos en momentos diferentes perdieran un poco la voz en sentido real. A Juan Pablo II durante años se le entendía con dificultad, hablaba con muchos problemas por el Parkinson. En el caso del papa Francisco ha sido muy poquito, sólo el audio que grabó para el Rosario y luego cuando lo vimos aparecer después del Ángelus en el Gemelli. Ahora existe este silencio, porque sabemos que el Papa de alguna manera tiene que volver a aprender a hablar. Dentro de poco viviremos la Semana Santa y probablemente nos recuerde a la de 2005, cuando Juan Pablo II no podía hablar y esbozaba bendiciones. La analogía de la ausencia y el silencio es muy fuerte, pero estamos en momentos de enfermedades muy diferentes y todo indica que Francisco está mejorando. 

¿Qué comunica la fragilidad de un Papa?

Creo que es un documento sobre el dolor, sobre la enfermedad. Es un documento vivido en carne propia, son encíclicas del dolor y al mismo tiempo son manifestaciones de fe. Ver que la persona no puede hablar, esa fuerza que emana de su propia fe y la convicción de estar en las manos de Dios. Recuerdo que el último viaje de Juan Pablo II fue en 2004 al Santuario de Lourdes, y los enfermos que estaban ahí estaban mejor que el Papa. Ellos nos decían que verlo les transmitía fuerza. Ahora es lo mismo, las personas que están enfermas se sienten representadas por Francisco y se genera esta solidaridad en la fragilidad. Juan Pablo II dijo que Dios lo había puesto ahí y Dios sabría cuándo lo tendría que sacar. El papa Francisco no lo ha dicho de forma tan explícita pero veo que luego de la muerte del papa Benedicto él empezó a decir con más frecuencia que el papado es hasta el final, que la renuncia no se puede volver una especie de moda en un Papa. Creo que él está en el mismo camino que Juan Pablo II

Acompañando el primer viaje de Juan Pablo II a México en 1979.
Foto: Valentina Alazraki.

Se dice que, debido a su enfermedad, a Juan Pablo II se le fue el gobierno de las manos, ¿crees que Francisco está atento a eso y por eso habrá forzado una vuelta a Santa Marta?

En el final del pontificado de Juan Pablo II creo que hubo dos cosas innegables: uno fue el testimonio que dio, ese Vía Crucis en vida que representó un don muy grande para el mundo, pero el precio que se pagó por esta encíclica increíble sobre el dolor y la enfermedad fue el mal gobierno de los últimos años. Efectivamente Juan Pablo II ya no estaba capacitado para llevar las riendas de la Iglesia, y esas riendas las tomaron sus principales colaboradores y no siempre con un buen resultado. Creo que tanto Benedicto XVI como Francisco tienen en mente esa última parte del pontificado de Juan Pablo II. En el caso de Benedicto fue muy claro, no quiso que se repitiera ese modelo y a pesar de no estar enfermo, viendo venir que sus fuerzas físicas y espirituales venían disminuyendo no quiso que la Iglesia volviera estar en esa situación. En el caso de Francisco yo creo que todavía tiene las riendas del gobierno de la Iglesia, es un hombre que nunca ha perdido la lucidez, siempre ha estado presente, reactivo. El regreso a Santa Marta es parte de esto: el Papa está gobernando. Lo está haciendo de una manera diferente, le pasan los documentos, tiene toda la capacidad mental para autorizar nombramientos de obispos… nosotros vemos que gobierna. Gobierna seguramente en la ausencia, no lo ves, no lo escuchas, pero está ahí. Sus capacidades mentales quedaron en evidencia en el saludo desde el Gemelli. Creo que lo tiene muy presente y por eso dijo que si él se viera en una situación diferente sí renunciaría, pero mi impresión es que mientras esté lúcido no va a renunciar. 

Brindis con Juan Pablo II.
Foto: Valentina Alazraki.

Como periodista te has dedicado a defender a las víctimas de los abusos en la Iglesia, ¿cómo evaluás el pontificado de Francisco en este terreno? 

Creo que el Papa Francisco ha hecho avances, que está modificando leyes y la mentalidad respecto a este tema. El problema que veo es que, si bien hay Iglesias que han entendido el mensaje y están a la vanguardia haciendo un buen trabajo, desafortunadamente todavía hay Iglesias donde se niegan las evidencias. El Papa ha ido adelante, pero no todos los episcopados de los diferentes países están en la misma línea y eso complica la situación. 

Junto a Juan Pablo II.
Foto: Valentina Alazraki.

Compartís con Francisco el origen latinoamericano, ¿en qué aspectos te has sentido representada?

Creo que lo que ha hecho posible que tengamos una relación humana muy bonita se debe a la espontaneidad que tenemos en común los latinoamericanos, en eso me he visto representada. Cuando le di la bienvenida en el avión, como decana de los periodistas acreditados en el Vaticano, a él también le llamó la atención que habláramos la misma lengua, no por el idioma sino por la forma de ser. Creo que eso explica los gestos públicos que tuvo conmigo, como celebrar un cumpleaños, o las 150 coberturas de viajes papales. Pienso que eso es parte de esta relación que ha fluido naturalmente, como latinoamericanos nos reconocemos. En broma suele decirme que después de 50 años cubriendo noticias del Vaticano él va abrir mi causa de beatificación.  

* Clara Fontan. Periodista. Corresponsal de MDZ en Roma