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Profeta de la misericordia y signo de contradicción

Los doce años de Francisco al frente de la Iglesia Católica, marcó un camino y dejó un legado para las futuras generaciones.

El Pontificado de Francisco, sin dudas, pasará (ya lo está haciendo) a las páginas grandes de la historia. Y no solo la de la IglesiaFrancisco fue un verdadero Profeta, en toda la acepción bíblica de la palabra. Como Juan El Bautista, fue una voz que gritaba en el desierto. Frente a un mundo que cada vez expulsaba a más personas del “sistema” y que cada vez se cerraba más en sí mismo, la voz de Francisco se alzaba fuerte y clara. Desde el mismo día en que eligió su nombre para llamar a la Iglesia a no olvidarse de los pobres hasta esta, su última Semana Santa, en la que no dejó de visitar a los privados de su libertad, pasando por su inclaudicable lucha por los migrantes, Francisco gritaba “¡Misericordia!”. Por desgracia, no muchos lo escucharon, y solo nos queda esperar que el legado de su figura toque los corazones que le fueron esquivos a sus palabras mientras estuvo entre nosotros.

Francisco también expresó otra de las características de los profetas bíblicos: no fue tal en “su tierra”. Todos los católicos argentinos nos entristecimos de que “nuestro Papa” nunca hubiese vuelto al país. Pero, ¿cómo iba a hacerlo? No hubo ni un solo momento en el que los argentinos hayamos sabido valorar profundamente a Francisco, siempre hundiéndolo en el barro político. Que fue elegido por “los poderosos” para enfrentar al progresismo latinoamericano. Que por qué no había sonreído en su reunión con X o le había mandado un rosario.

 Francisco fue un verdadero Profeta, en toda la acepción bíblica de la palabra. Foto: MDZ.

Así como Francisco demostró su grandeza al escribir las páginas de nuestra historia con la tinta que Jesús le fue indicando, nosotros como pueblo estuvimos, como diría Menapace, “viviendo en la pavada”. Pero esas páginas de la historia irán saliendo a la luz, y allí podremos leer todo lo que Francisco seguramente dejó grabado en lacre. Aunque esto resulte triste para cualquier católico (y para muchos otros argentinos que, sin serlo, reconocieron la grandeza de Francisco) no podemos olvidar que despertar críticas y amor casi a partes iguales también es otra característica de los profetas, el propio Jesús incluido.

Cuenta el Evangelio de Lucas que, cuando María presentó a Jesús en el templo, un viejo profeta de nombre Simeón le dijo que sería “un signo de contradicción que pondrá al descubierto las intenciones de muchos corazones”. Jesús, efectivamente, lo fue, y marcó el camino para que la Iglesia y cada cristiano también lo fueran. Le pasó a los Apóstoles en los inicios del cristianismo, y también lo vivió Francisco durante cada día de su Papado. Creo que en eso también se cifra su ya legendaria frase “¡Hagan lío!” que les dijo a miles de jóvenes (y a todo el mundo) en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro pocos meses después de iniciar su Pontificado. ¡Vaya si él lo hizo, y nos dejó la vara alta!

Francisco demostró su grandeza al escribir las páginas de nuestra historia con la tinta que Jesús le fue indicando. Foto: MDZ

Al enterarnos de su muerte, nuestros corazones también entraron en contradicción. Sufrimos la tristeza de haber perdido a un grande, pero quienes tenemos Fe también pudimos probar la alegría que se habrá vivido en el Cielo a su llegada, siendo recibido por Cristo en la Presencia del Padre. Ojalá esa contradicción que sentimos nos motive a seguir construyendo su legado aquí en la tierra.

Gracias y descansá en paz, tan querido papa Francisco. La tarea acá está más que cumplida. Dios te tenga siempre en la palma de su mano y brille para vos la luz que no tiene fin.

Rodrigo Fernández Madero.

* Rodrigo Fernández Madero. Comunicador. CEO de Open Group.