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"Por un momento nos olvidamos de la guerra y pusimos toda la atención ahí", la historia de un veterano de Malvinas y el Mundial 1982

Marcelo Rosasco contó el momento en que sintonizaron el partido de Argentina, cuando debutó en el Mundial 1982, el día anterior a la finalización de la guerra.
Marcelo Rosasco (círculo rojo) junto a su regimiento. Foto: Gentileza: Marcelo Rosasco
Marcelo Rosasco (círculo rojo) junto a su regimiento. Foto: Gentileza: Marcelo Rosasco

Cada 2 de abril, Argentina conmemora el inicio de la guerra de Malvinas  en la que sus soldados defendieron la soberanía nacional frente a la ocupación ilegítima del Reino Unido, liderado por Margaret Thatcher. Este conflicto, que culminó con la rendición de los soldados argentinos, debilitó a la Junta Militar y marcó el fin de la última dictadura en el país.

En esta ocasión, Marcelo Rosasco, periodista y docente en la escuela para periodistas Tea y Deportea, relató cómo vivió aquel momento: desde el impacto de la noticia hasta el instante en que, en medio del conflicto, escuchó el inicio del Mundial de 1982 en la voz de José María Muñoz. Para él y sus compañeros, esos minutos fueron una breve vía de escape.

Rosasco, quien combatió en la guerra como parte del Regimiento N°3 de Infantería, recordó que estaba a menos de un mes de recibir el alta del servicio militar obligatorio cuando, junto a su regimiento, se enteró de que debía partir de inmediato a las islas. Al respecto contó cómo fue la reacción de su familia: "Como la mayoría, no fue la excepción. Hubo mucha preocupación, mucha incertidumbre, básicamente porque era algo absolutamente inesperado y porque nadie hablaba de guerra en ese momento".

"Lo que había pasado el 2 de abril fue la ocupación del territorio y punto. Nosotros, en todo caso, teníamos que ir para poblarlo, llenarlo de gente nativa para que los ingleses supieran que había una toma de posesión efectiva de parte de nuestras tropas", explicó

La foto del plantel previo al Mundial España 82´

El Mundial de 1982 comenzó el 13 de junio, un día antes de la rendición argentina en Malvinas. Marcelo, apostado cerca de la Casa de Gobierno en la zona céntrica de la isla, estaba lejos del combate directo pero no lo suficiente. Como buen futbolero, era consciente del debut de Argentina ante Bélgica y recordó cómo la transmisión de ese partido lo ayudó a desconectarse, aunque fuera por unos instantes, de la realidad que lo rodeaba.

"Por un momento, fueron 5 o 10 minutos en los que, mientras nos refugiábamos de los bombardeos cruzados que caían sobre nuestras cabezas y cargábamos munición para un camión que iba a la línea de fuego, nos mandaron a los refugios. Ahí encontramos una radio. No teníamos otra cosa que hacer más que rezar y esperar la orden de volver a la superficie. Nos dimos cuenta de que la radio tenía batería, la encendimos y escuchamos la voz de José María Muñoz, que era el relator número uno en ese entonces. Justo estaba relatando el partido, y por un momento, nuestras cabezas se pusieron en el fútbol. Por un instante, nos olvidamos de la guerra y pusimos toda la atención ahí".

Por otro lado, Rosasco agregó que no fue un alivio, sino más bien una forma de "poner la mente en blanco", un momento en el que él y sus compañeros se imaginaron viendo el partido en Buenos Aires, junto a sus amigos, donde deberían haber estado.

Marcelo desembarcó en Malvinas el 11 por la mañana. Desde ese momento hasta el 2 de mayo, cuando ocurrió el primer bombardeo y se dio la primera señal concreta de guerra, pasaron aproximadamente 20 días. De esos, 15 fueron de incertidumbre permanente sin saber qué iba a pasar con ellos ni con la situación en sí. Luego, recordó cómo fue su regreso al país, escoltados por los ingleses en barcos turísticos.

"Nos embarcan en la madrugada del 16 de junio porque estuvimos un día prisioneros ahí mismo. Nos avisaron que los ingleses habían puesto a disposición dos trasatlánticos, buques de turistas. Así que estuvimos dos días y medio más o menos ahí arriba esperando órdenes sobre dónde desembarcar. Fue una convivencia absolutamente pacífica en la que podíamos escuchar música, leer nuestras cartas, bañarnos y comer, obviamente como prisioneros".

Uno de los puntos que resaltó es su falta de rencor hacia los ingleses. Reconoció que son una potencia que usurpó las islas y que aún deben devolver un territorio que, por derecho propio, pertenece a Argentina. Sin embargo, al hablar del conflicto en sí, consideró que los ingleses cumplieron su deber, mientras que los militares argentinos fueron quienes intentaron utilizar la guerra como una salvación personal.

En línea con esto, señaló que ellos enviaron a una generación de jóvenes a luchar en condiciones absolutamente desiguales, sin la preparación adecuada. A pesar de esto, destacó que los propios británicos reconocieron el valor de los soldados argentinos, jóvenes de apenas 18 años que, sin una formación completa, defendieron la soberanía de su país de manera desinteresada, por amor a la patria.

Con cada aniversario, el dolor se hace más grande. Rosasco expresa su frustración por la falta de avances en la lucha diplomática y el impacto del negacionismo en ciertos sectores del Estado argentino. También recuerda con profundo pesar a los jóvenes que murieron en Malvinas, verdaderos héroes que dieron su vida por una causa noble. Lamenta que su sacrificio quede relegado por discursos que minimizan la soberanía sobre las islas y por políticas que no honran su memoria. La ausencia de sus compañeros y el dolor de sus familias son heridas que, con el tiempo "no hace otra cosa que hacer que yo me lamente".

Finalmente, antes de despedirse y agradecer, hizo un pedido, no solo a mí como entrevistador, sino también a los demás jóvenes argentinos: "Lo que te pido, como le pido cada vez que entro en contacto con pibes de tu generación o aún más chicos, es que a esta llama encendida, sobre todo desde el '82 hasta acá, ustedes ayuden a que no se apague nunca. Y recordarle a quien sea, cuando sea y donde sea, que las Malvinas fueron, son y serán argentinas".