La adolescencia puesta en cuestión
La familia Miller se convierte, de la noche a la mañana, en un gran experimento social cuyo interrogante es cómo uno de sus integrantes es un asesino. No hay duda de ello, porque el acto delictivo está filmado y esa captura de la imagen horrorosa, se le muestra a un padre que se derrumba al final de cada capítulo. Y esa es la clave (o una de ellas). El derrumbe, la caída, la declinación del padre en la sociedad actual. No existe medio periodístico, institución educativa, institución psicoanalítica, psicólogos, psicopedagogos, médicos, abogados, escritores, etc. que no se haya pronunciado hoy sobre la miniserie británica Adolescencia, dirigida por Philip Barantini. Son los cineastas y los estudiantes de imagen y sonido quienes además se encuentran singularmente capturados por su realización, donde cada capítulo se resuelve en un plano secuencia milimétricamente ensayado para dar cuenta de esta técnica que grandes realizadores como Alfred Hitchcock mostró en La soga (1948) o Alexander Sokurov en El arca rusa (2002).
Jamie, un adolescente de 13 años, es arrestado y acusado de asesinar a una compañera de colegio. Y aquí no comienza todo, sino que se abren interrogantes acerca de la manósfera que nace en comunidades virtuales, en respuesta al feminismo o al discurso donde un hombre se siente rechazado por una mujer. La manósfera surge en la década de 2000 principalmente en Estados unidos. Proviene de un neologismo que combina las palabras “man” (hombre) y “sphere” (esfera). La esfera refiere a un espacio o un ámbito, un espacio en línea donde los varones pueden discutir y compartir sus ideas y experiencias. Se cree que el término fue acuñado por Ian Ironwood, un bloguero y activista masculino creador de su blog que se llama desde 2009 “The manosphere”.
Este movimiento se desarrolla como respuesta a lo que algunos hombres percibían como falta de representación y defensa de sus intereses en la sociedad en relación a diferentes variables que incluyen los derechos de los hombres que consideran perdidos; la crítica al feminismo que promueve discriminación y opresión al género masculino; defensa de la masculinidad. Todas variables que pueden fomentar la misoginia, la homofobia y la falta de diversidad y representación de diferentes perspectivas actuales en la vivencia de las elecciones personales.
Por su trama perturbadora y a la vez efectiva, Adolescencia nos remite a Elephant (2003) de Gus Van Sant, debido a la técnica utilizada (tiempo real, plano secuencia, travellings) y al impacto que el espectador recibe del enigmático devenir humano. Todos los personajes, todos sin excepción, presentan un grado de adolescencia como el propio Jamie, incapaces de manejar afectos, sentimientos y expresiones víctimas de un hastío existencial.
El título de la serie que continúa siendo la más vista de la aplicación Netflix, es contundente, breve, lúcido y retrata una sociedad de la cual formamos parte que nos recuerda el declive de lo simbólico, de la Ley Paterna. Existe una reducción de la importancia de la figura paterna que considera el adolescente de hoy. No se trata tampoco de un adolescente sin padre sino uno que se construye a partir de esta figura que además adolece, carece de un orden simbólico.
Lo que nos impacta claramente es la ausencia de eso en la estructuración de la subjetividad, donde el orden mismo se cuestiona desde las figuras mundiales que conducen los destinos de una nación y que reflejan los caprichos de la autoridad donde los impulsos alimentan un desorden con consecuencias desgraciadas para todos.
* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta. Pueden escucharlo todos los martes a las 20 hs. en Radio Amadeus FM91.1 en MEGAPSINEPOLIS el programa que conduce.
