Ofuscamientos en la adopción de niños grandes
En la adopción de niños grandes, casi todos los padres con los que hablo concuerdan en que de alguna forma u otra sus hijos “se ofuscan” e incluso a veces no entienden por qué. Todos; niños, adolescentes o adultos, cuando algo nos cae mal, nos ofuscamos de alguna manera u otra pero en los niños y adolescentes que han atravesado adversidad temprana podemos decir que sus “ofuscamientos” son a veces desproporcionadamente disfuncionales e incluso en ocasiones sin causa aparente: días de encierro, semanas sin hablar, violencia, gritos desmesurados, romper, morder, pegar y tantas otras maneras de expresar lo que entendemos por un estado en el que el niño se encuentra tan turbado que pierde la capacidad de razonar, entender o darse cuenta con claridad de las cosas.
Hay muchas maneras en que los adultos con una relativa madurez expresamos nuestro ofuscamiento. A veces, hacemos silencio por un rato, tomamos distancia de los demás, expresamos alguna frase en un tono emocional no habitual, reprendemos, llamamos la atención. En definitiva, dejamos claro nuestro disgusto, pero podemos seguir con nuestra vida.
Nuestros hijos, no. En los primeros años de la construcción familiar en la que se están ensamblando historias, culturas y afectos, muchos de nuestros hijos con o sin causa evidente entran en un estado de ofuscamiento, de turbación y confusión tal que pareciera que toda su vida se pusiera en hold; no pueden seguir con su vida habitual, es como si soltaran su propia vida y la pusieran en espera. En definitiva, hacen con ellos mismos lo mismo que han hecho otros con ellos, soltarlos. Por más doloroso que sea, ese “soltarse” es la estrategia psicológica inconsciente que aprendieron para hacer frente a la realidad cuando ésta los desborda, es su mecanismo de defensa e incluso, su zona de confort.
Pero mirando mi propia vida y la experiencia de muchos padres adoptivos de niños grandes, constato que casi todas las veces, al ofuscamiento de nuestro hijo precedió, por más sutil que fuera, un ofuscamiento en el adulto. A veces ni nosotros mismos lo percibimos, porque estamos de acuerdo que son enormes los esfuerzos que hacemos por cuidar la manera de decir las cosas en el afán de sanar las tremendas heridas de quienes amamos. Desde un gesto de impaciencia frente a los platos sucios cuando llegamos a casa, una llamada de atención frente al desorden o una expresión de frustración hasta un reto contundente, un grito o un enojo; casi siempre al ofuscamiento del hijo antecede el del padre o madre.
Por más que pongamos lo mejor de nosotros mismos, es cierto que los padres adoptivos tenemos nuestros dolores, limitaciones, inseguridades, cansancios y miedos.
Les comparto lo que a mi me ha ayudado y lo que he visto ha ayudado a otros padres adoptivos
- Ganar agilidad en la toma de consciencia de los propios ofuscamientos, esos momentos en que uno siente que algo le disgusta y empieza a impacientarse, enojarse o incomodarse para hacer un alto y poder expresar que uno se encuentra ofuscado, que necesita tiempo, que no está en condiciones de hablar adecuadamente, que por favor necesita que el resto de la familia lo espere. En general los hijos suelen comprender y aprenden a aceptar y esperar.
- Tanto cuando uno se ofusca como cuando se ofusca un hijo, el foco debe de estar puesto más en recuperar la regulación emocional que en el hecho en concreto ocurrido. Ya no importa lo que pasó porque de todos modos digamos lo que digamos el propio ofuscamiento no trae más que mayor ofuscamiento y por ende la incapacidad de que nuestros hijos se den cuenta con claridad de lo que queremos enseñarles o decirles. La prioridad es salir de la turbación emocional.
- Cada familia encuentra sus maneras de salir de la turbación emocional, dejar que nuestro hijo se vaya a su cuarto, tomar distancia, hacer silencio, retirarse de la escena o incluso poner el cuerpo y sujetar a nuestro hijo de cinco, seis u ocho años abrazándolo hasta que se le agoten las fuerzas para que no se haga daño o lastime a otros.
- Una vez recuperado el equilibrio emocional tanto en nosotros como en nuestros hijos se puede dialogar, explicar, mostrar, escuchar, enseñar. No nos olvidemos que solo con el tono emocional adecuado, nuestros hijos serán capaces de escuchar, entender, ver.
Esta es una gimnasia que uno va aprendiendo a fuerza de equivocarse
Hubo veces en las que mi ofuscamiento primero, casi imperceptible para mí, era percibido claramente por mi hija. Y es ese el instante en el que se sienten “soltados”, rechazados; “otra vez me sueltan, no me quieren, me rechazan, ahora me van a pegar como tantas veces antes” y es ese el instante en el que esa herida primaria se abre con una virulencia extrema; la herida del abandono. Nuestros hijos tienen de tal manera puesta la mirada en nosotros, sus padres adoptivos, y es tan aguda su sensibilidad para captar esas miradas, palabras o ademanes que delatan nuestro ofuscamiento por más sutil que sea que lo mejor es hacer un alto y reconocer lo que nos pasa y la necesidad de recuperar el equilibrio emocional. A veces necesitamos diez minutos y otras dos días, es verdad, pero el foco siempre debe ponerse en recuperar el equilibrio emocional, haya pasado lo que haya pasado. Y lo mismo con el ofuscamiento de nuestro hijo.
Es cierto que hay que aceptar que nuestros hijos nos van a llevar al límite y vamos a ver aparecer todas nuestras sombras; las trabajaremos porque lo más importante es que nuestro hijo o hija vaya logrando ese sano equilibrio emocional que lo capacite para la vida. Esto es más importante que pasar de año, aprobar una materia o cualquier otra actividad que esté desarrollando. Y cuando el ofuscamiento de nuestro hijo cobre dimensiones imposibles de controlar por su violencia y no podamos contenerlos, siempre se pueden llamar a emergencias al 911 o al 107 y la llegada del SAME en alguna situación extraordinaria es muy recomendable y ayuda a que nuestro hijo se regule.
Todos sabemos que el camino de la adopción de niños grandes es tan feliz como difícil y tan apasionante como desafiante pero confianza, queridos padres adoptivos, no se asusten, que a fuerza de sostener llega el día en que nuestros hijos nos dicen “no te preocupes mamá que la lucha ya pasó”.

* Cristina Ma. Goldaracena. Madre Adoptiva. Counselor en adopción y acompañamiento familiar.
