Un nuevo escenario mundial que favorece los intereses argentinos en el Atlántico Sur
Tras la deriva demócrata, los Estados Unidos están haciendo las cosas bien, conforme a sus intereses, y el Reino Unido está de salida. Amamos a los Beatles y a Depeche Mode, pero al igual que a Francia tras la Primera Guerra Mundial, a los británicos les llegó su hora. Nada que reprocharse, solo que apareció China y el centro gravitacional geopolítico pasó a ser el Pacífico dejando al Atlántico Norte como un espacio de segundo orden.
Las quejas de Londres y Bruselas por el giro racional de Washington no son válidas, no tienen razón. Trump solamente vino a poner las cosas en su lugar y actuar en consecuencia. Nada personal: los intereses nacionales no se defienden sobre la base de emociones. Por más simpática que pueda resultar la causa ucraniana a los europeos, no es relevante para Estados Unidos, que debe orientar recursos a competir con China y, en lo posible, evitar que la entente de Pekín y Moscú se consolide.
Donald Trump, en su simpleza ayuda a entender
Reclama Groenlandia, Canadá y el canal de Panamá y ataca a los iraníes en el Mar Rojo. Son puntos vitales para sus intereses, en el contexto más amplio de la guerra comercial con China. Si la quiere ganar, debe controlar los cuellos de botella del comercio mundial: Panamá, Ormuz, Suez y Bab el Mandeb y el Ártico. Nada de eso queda en el espacio europeo. ¿Para qué seguir gastando trillones de dólares en una guerra alejada de sus intereses cuando el partido se juega en otro lado? ¿Cuánto vale la seguridad de estonios, lituanos, fineses y letones? Poquísimo en comparación con lo que hay en juego en otra parte. Sad but true.
La retirada del Reino Unido de la escena global es un dato que por obvias razones impacta en Argentina, en particular en su proyección en el Atlántico Sur. Si Argentina hace las cosas bien, es decir: consolida un orden macroeconómico racional, desarrolla sus recursos naturales, avanza con los proyectos de infraestructura, recupera sus capacidades militares y encausa su sistema político en uno más o menos estable, estará en condiciones de disputar la hegemonía británica en la zona más temprano que tarde.
El escenario geopolítico juega de nuestro lado
Pero para aprovecharlo debemos cambiar nuestra mirada respecto de los alineamientos internacionales. Naturalmente seguiremos en condiciones de tener muy buenas relaciones con todas las potencias y esto incluye a la Unión Europea, pero con una mirada estratégica clara, que nos permita sacar provecho de ese gran tablero de ajedrez, que por primera vez en más de 40 años luce más disputado que nunca.
* Hernán Etchaleco, licenciado y docente Comunicación Social y Ciencia Política UBA.


