Mujeres en la vitivinicultura: el trabajo invisible que sostiene la Vendimia
En cada racimo de uva que llega a las bodegas hay un esfuerzo que muchas veces queda en la sombra. La vitivinicultura, tan ligada a la identidad mendocina, ha sido históricamente un ámbito "de hombres". Pero esto no ha sucedido por la falta de mujeres en el trabajo de la Vendimia. Son muchas las que han dedicado su vida al trabajo en viñedos, bodegas y en la producción, desafiando barreras invisibles y enfrentando condiciones desiguales.
A pocos días de la Fiesta Nacional de la Vendimia, el rol de la mujer en la industria del vino cobra relevancia en un contexto donde la lucha por la visibilidad y el reconocimiento sigue vigente. Las historias de estas trabajadoras reflejan una lucha que va más allá del sector vitivinícola: es parte de una pelea más amplia por la igualdad de derechos laborales y el reconocimiento de su aporte a la industria del vino. En esta Vendimia, que este año coincide con el Día de la Mujer Trabajadora, su voz resuena más fuerte que nunca.
El trabajo en las viñas: los derechos y reconocimientos que faltan
Ana Maya, trabajadora rural, conoce bien la realidad de las cosechadoras. "Mi primera experiencia en la vitivinicultura fue a los 6 o 7 años, cuando mis padres me llevaban a la cosecha. Desde entonces, mi vida ha estado en las viñas. Pero siempre fue un desafío para nosotras, porque las mujeres en la vitivinicultura hacemos los mismos trabajos que los hombres pero nos discriminan. Nos dan trabajos temporales y casi nunca nos registran", cuenta.
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A sus 60 años, se jubiló como ama de casa, sin aportes por todos esos años que le dedicó al trabajo en la viña. "Nosotros logramos que los trabajadores de la viña se jubilen a los 57, pero como nunca tuve aportes, tuve que esperar hasta los 60 y me jubilé como ama de casa. Y ahora quieren sacar la moratoria, lo que deja a muchas mujeres en la incertidumbre", lamenta.
Además de la falta de reconocimiento, las condiciones de trabajo siguen siendo adversas. "No hay baños en las viñas, nos toca hacer nuestras necesidades detrás de un árbol porque no hay otras condiciones. Así hemos trabajado las mujeres en el campo y lo siguen haciendo las cosechadoras, las golondrinas, todas las mujeres. No hay un dispenser con agua fresca, tenés que llevarte tu botella de hielo, que ahora con estas altas temperaturas se te hace agua tibia o caliente en unos minutos", relata Ana.
Ana sostiene que para terminar con ese trabajo invisibilizado, las mujeres de las viñas y las bodegas "tienen que pelear por sus derechos, que unan su lucha con otras mujeres, con otros sectores también. La única forma que se consiguen los derechos es uniendo las voces. Uniendo la fuerza se reúne más fuerza todavía".
Enólogas en un mundo de hombres
En las bodegas, la realidad no es muy diferente. Evangelina Colucci, Segunda Enóloga de la Bodega Vistalba, creció entre viñedos en una finca de Jocolí, Lavalle. "Mi familia siempre estuvo en el mundo del vino, así que para mí era algo natural. Mi papá se dedicó toda la vida a ser viticultor y vitivinicultor. Recuerdo de ser muy chica y estar en mi día a día siempre metida en una bodega o acompañando a mi papá a regar o a podar. Mi mamá también tuvo un rol fundamental en cada etapa de los viñedos, de nuestra finca. Ellos los plantaron e hicieron todo desde cero después de casarse", cuenta emocionada.
"Cuando decidí estudiar enología, ya había muchas mujeres en la carrera, pero al momento de buscar trabajo, la mayoría de las oportunidades eran para el laboratorio, no en la bodega", explica. Si bien ha trabajado en distintos países, como Chile, Estados Unidos y Francia, en Mendoza la estructura sigue siendo más rígida. "Afuera no hay tantas diferencias, pero acá todavía cuesta que las mujeres lleguen a puestos altos. En mis primeras vendimias, la mayoría de los enólogos jefes eran hombres", cuenta.
Sin embargo, la presencia femenina en el sector ha ido en aumento. "Muchas de mis compañeras de la facultad hoy están trabajando como enólogas en bodegas conocidas, que están haciendo un muy buen trabajo, y son exitosas. Las mujeres hemos demostrado que podemos estar al frente de una bodega, pero aún falta mucho para una verdadera equidad", sostiene.
Productoras y el desafío de hacer su propio camino
Para quienes deciden emprender en el mundo del vino, las dificultades no son muy diferentes. "Nosotras hemos demostrado que a pesar de las dificultades, de tener menos tiempo cuando sos madre, podemos llevar una bodega y dedicarnos con la misma pasión que un hombre que tiene el 100% de su tiempo disponible para dedicarle al trabajo", dice Marilin García quién tiene su propia marca de vinos.
La enóloga y productora, encontró en la adversidad el impulso para crear su propio proyecto vitivinícola. Mientras trabajaba en el laboratorio de una bodega, cumplía extenuantes jornadas de 12 horas hasta que un accidente automovilístico camino al trabajo cambió su vida. La fractura de columna que sufrió le impidió continuar en la empresa y, tras la recuperación, los médicos le confirmaron que no podría volver a ese puesto.
“Empecé a hacer vinos en forma terapéutica, para seguir en contacto con la enología. Así nació mi proyecto. Creo que el destino me llevó a hacer mis propios vinos, y la resiliencia me permitió reinventarme y sentirme más empoderada”, cuenta. Su marca, 13 Cles, simboliza ese renacer: el 13 es el día del accidente y las llaves representan las puertas que ha abierto en su camino.

