La conmovedora historia del joven que rescató a una pareja de abuelos en Bahía Blanca
Enviada especial a Bahía Blanca
La tormenta había iniciado pasadas las 4 de la mañana. Llovía a cántaros, pero nadie pensaba que la ciudad se estaba inundando. Sebastián, sin saberlo, fue testigo de los inicios del temporal en Bahía Blanca. Un viaje en taxi lo hizo levantarse a las 5 de la mañana de aquel trágico viernes 7 de marzo. Dejó al pasajero en su destino y deseó volver a casa lo más rápido posible. Pero las precipitaciones no cesaban. “Caían baldes de agua, con mucha fuerza, pero todavía se veía el asfalto. Podía andar tranquilo en algunas calles. Pero, por momentos, se me iba quedando el auto y aceleraba. No me importaba nada, porque necesitaba llegar a casa”, recordó Sebastián Barrera, un joven bahiense que, horas más tarde, seguiría su impulso y salvaría a varias personas que habían quedado atrapadas dentro de sus casas anegadas.
Desde el trágico “huracán”, que tuvo lugar en diciembre de 2023 en la misma ciudad del sur bonaerense y que dejó un saldo de 13 personas fallecidas, los bahienses comenzaron a prestarle mucha atención a las alertas meteorológicas. Sin embargo, tal como expresó Barrera, en diálogo con MDZ: “Uno no imaginaba con qué magnitud podía llegar a llover. Uno no imaginaba que se estaba inundando Bahía Blanca”.
Eran las 6.30 de la mañana, cuando Sebastián consiguió llegar a su hogar, donde su novia, Isabella, lo esperaba. Pensaba que en unas horas la tormenta se calmaría. Pero no hizo más que empeorar. Al escuchar un ruidoso trueno, a las 7.45 de la mañana, el joven se volvió a despertar. Las noticias de que la ciudad de Bahía Blanca se inundaba comenzaron a llegar. Entonces, decidieron salir para ver qué estaba pasando, ver qué tan grave era la situación y a socorrer a quienes lo necesitaran.
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Desde su hogar, ubicado cerca del arroyo Napostá, veían cómo lo que era un afluente tranquilo se convirtió en una corriente gigante y furiosa de agua, que arrasaba con todo a medida que avanzaba. “Ya estaba todo inundado. Yo estaba arriba de las vías viendo cómo los autos se movían con el agua, se los llevaba la corriente. Veía autos encendidos y tenía miedo de que hubiera gente adentro”, evocó Barrera.
La situación era tan grave que muchos vecinos, jóvenes, y familias completas, que residían en zonas que no se inundaron por completo, salieron corriendo en búsqueda de sus padres y abuelos, que sí se encontraban más afectados por la ferocidad del agua. Ahí fue que Sebastián se comenzó a preocupar por el bienestar de quienes querían cruzar el arroyo en búsqueda de sus familiares, a pesar del riesgo que corrían en sí mismos. “Estábamos en la calle Sarmiento, y la gente quería cruzar todo el río, que son más o menos dos cuadras de donde estaba toda la corriente. Y entonces me salió empezar a decirle a la gente que no pasara. ‘No pases. Tené cuidado’, les decía. Me ponía como para agarrar a los hijos de la familia”, relató el bahiense, y agregó que, con crudeza, tuvo que advertir: “Mirá, si vos pasás, la corriente se lleva a tu familia y te lleva a vos. Es imposible pasar por acá”.
Cerca de las 11:30 de la mañana, seguía lloviendo y el panorama empeoraba. Fue entonces que, sobre calle Sarmiento, un chico se acerca corriendo hasta él y le dice: “Hay una mujer de unos 70 años que no puede salir de la casa”. Enseguida, Sebastián, junto a otro joven que estaba en el lugar, se decidieron a ir a intentar rescatarla.
“Cuando bajamos de las vías, que fue a media cuadra, no hacíamos pie, nos llegaba el agua hasta el cuello. Tuvimos que caminar y caminar. Nos fuimos agarrando de las vías. Cuando llegamos a la casa, lo primero que pensamos fue en gritar para ver si había alguien adentro. Porque primero, obviamente, uno dice ‘hay que salvar vidas’, más que nada en esa situación en la que personas necesitaban de nuestra ayuda. Pero cuando escuché la voz de la mujer, ahí sí me puse muy nervioso. Sentí que tenía que sacarla como fuera”, dijo determinante el jugador de rugby del Club Universitario de Bahía Blanca.
A pesar de los nervios, su intención de socorrer era más fuerte. Con el otro muchacho, lograron abrir la puerta de la vivienda y acercarse a la mujer. “Cuando entré, la mujer, de unos 70 años, estaba sentada arriba de la alacena. En pijama, sentada arriba de la alacena”, recordó, aún conmovido. Al ser profesor de Educación Física, lo primero en lo que pensó fue en tratar de darle tranquilidad a la mujer.
“Después de un rato, le dije, con calma: ‘Ahora, vení. Agárrate de mis hombros y vamos’. Y, a pesar del miedo de lo que conlleva llevar una persona mayor con todo el caudal del río, la pudimos sacar. Éramos un grupo de tres a cuatro personas que estábamos ahí. Dos del grupo sostenían una escalera para trasladar a la mujer a un piso de arriba que tenían unos vecinos, y los otros dos, desde adentro, tratamos de ayudarla para salir. Ese fue el primer rescate”, detalló Sebastián.
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Sin embargo, su colaboración en medio del desastre no terminó ahí. Una hora más tarde, alrededor de las 13, decidió ir a ver a la familia de su novia en la zona de General Urquiza, una de las más afectadas por el feroz temporal. En el camino, se toparon con un chico y una mujer de unos 50 años cruzando por una de las calles perpendiculares al río, donde el agua no “chupaba tanto”. Al verlos, Barrera se preocupó y se acercó: “La mujer me dijo que tenía a los padres, de unos 80 a 90 años, del lado de Urquiza, donde fue todo el quilombo. Entonces, les dije ‘déjenme ayudarlos’”.
Llegaron a la vivienda donde los padres de la mujer seguían atrapados por el agua. Allí, Sebastián con un grupo de tres a cuatro personas, se subieron a un paredón, a los techos de unas casas. “Nos metimos en cualquier casa, pero había que entrar, patear puerta y pasar. No nos quedaba otra”, aseguró.
Al llegar al techo, el otro rescatista que lo acompañaba le dijo: “Sebastián, estás preparado para cualquier cosa”. En respuesta, el entrenador sostuvo, sin dudarlo: “No, la verdad que no estoy preparado. Pero, vamos”. “Ahí nos podíamos encontrar con cualquier cosa, hasta con personas muertas, como pasó en muchos casos, porque mucha gente no pudo salir de sus casas”, aseveró, sobre el lamentable final de algunas familias. “Mientras tanto, teníamos que esperar al chico con la moto de agua y tirar a la gente que íbamos sacando arriba de la moto para salvarla”, agregó.
Finalmente, los rescatistas voluntarios pudieron entrar a la casa, donde la pareja de ancianos “estaba entregada”. “Estaban con el agua hasta, casi, el cuello, así que actuamos rápido. Yo me llevé al hombre, y para rescatar a la mujer, que tenía una discapacidad motriz, se nos complicó un poco. Pero bueno, uno intentaba darles tranquilidad. Pero el hombre me dice: ‘Mirá cómo estoy’. Tenía el agua hasta la cintura, en toda la casa hasta el quincho de ellos, y él estaba desnudo”, relató el desesperante episodio.
Sin dejar pasar más tiempo, Sebastián se encargó de llevar al adulto mayor hasta la mesa del quincho, y lo dejó acostado arriba de la misma, con el fin de que estuviera alejado del agua. “En ese ínterin voy arriba del techo. Empiezo a tocar las ventanas de los segundos pisos donde estaba la gente, porque que necesitaban abrigo, té caliente y todo lo que se pudiera para ayudar a esa familia. La mujer ya estaba azul; tenía una hipotermia; la estaba pasando muy mal”, se percató en ese entonces.
“Por suerte éramos tres personas ahí. Entonces, dos se quedaron sacando la mujer y yo fui a buscar a una chica. Dio la casualidad de que le pregunté a la chica ‘¿a qué te dedicás?’ y me dijo que era una acompañante terapéutica. Justo me crucé con la persona indicada. Entonces, le dije: ‘Subí la escalera. Vení que te necesito acá’. Y estuvo acompañando a los abuelitos por dos o tres horas”, precisó el rescatista, y profundizó: “Mientras, yo le pregunto a la hija de los viejitos, que vivía a la vuelta, si ya estaba preparada la casa para llevar a sus padres”.
Ante la crítica situación, Sebastián solamente pensaba: “Los tengo que sacar, los tengo que sacar, los tengo que sacar”. “Entonces, ¿qué hice? Fui a las vías y les dije a los nueve muchachos que estaban dando una mano por ahí que vinieran porque necesitamos sacar a una familia grande. A la mujer, que tenía una discapacidad motriz, la sacamos en una silla y éramos cuatro o cinco personas llevándola en contra de la corriente. Fue mucho. La llevamos a la casa de la hija y al hombre lo sacamos acostado sobre un tablón”, recapituló el difícil acto altruista que le salvó la vida a la pareja de abuelos.
La hija de los ancianos rescatados, que los esperaba en su hogar, se emocionó al verlos llegar con vida. “No le alcanzaban las palabras para agradecer, porque ella ya los veía muertos. Uno espera lo peor”, señaló con crudeza Sebastián, asegurando que, ahora, los nietos de esos abuelos le escriben para agradecerle lo que hizo por ellos.
Como si fuera obra del destino, al hablar con la hija de la pareja, Sebastián se enteró que la mujer que había rescatado era muy cercana a la familia de su novia. Precisamente, Elena, la abuela de su pareja, había sido mejor amiga de Elsa, la mujer rescatada. “Cuando yo le dije a la hija: ‘Soy el novio de Isabella’, me dice: ‘Elsa es como la abuela de tu novia’. Y ahí se me vino el mundo abajo. Tenía que estar en ese momento salvando a Elsa”, expresó emocionado.
“Al otro día pasé donde estaba la hija, que estaba limpiando la casa, y me dijo: ‘No tengo palabras para agradecerte’. Yo le dije que: ‘Solo hice ni más ni menos lo que creo que la gente haría por mí’. Es así. Si no nos ayudamos entre nosotros… A las 10 u 11 de la mañana, no había ningún policía, ni un bombero en la bajada nuestra. Éramos solo nosotros”, manifestó.
“Si bien, al principio, tenía miedos, después, yo trataba de sacarle el lado positivo. Si vos no sacás esa parte positiva dentro tuyo, es imposible ayudar, es imposible hacer esas cosas porque uno tiene que salvar su vida primero”, consideró que su manera de pensar y de afrontar la situación lo impulsaron para seguir adelante con cada rescate. “Fue trágico. Pero dentro de todo lo malo, pudimos salvar bastantes vidas, que eso fue súper importante”, concluyó.
¿Dónde y cuándo llevar donaciones para ayudar a la comunidad de Bahía Blanca?
Entre tantos centros de recepción de donaciones, Sebastián habló del club del que forma parte, el Club Universitario Bahía Blanca. “En el club Universitario Bahía Blanca estamos juntando donaciones para llevar a los barrios más pobres. Se reciben donaciones todos los días de 9 a 19 horas en el club, que queda en la calle Alem y San Juan”, informó el entrenador.

“De mi disciplina, que es el rugby, todos los clubes están saliendo a las calles a buscar, a ver quién necesita ayuda. Porque en el centro, dentro de todo, ya va terminando todo. Pero la periferia es donde más ayuda necesitan. Así que están haciendo grupos para ir a dar la mano con palas, artículos de limpieza que es hoy lo que falta para ir a dar una mano a esas zonas”, reforzó Sebastián.

