El desembarco argentino en Santa Teresa: trabajo informal, altos costos y tensiones locales
Desde Santa Teresa, Costa Rica
Por el acento, el mate o la camiseta de fútbol, los argentinos son una especie muy fácil de distinguir en cada lugar del mundo. En Santa Teresa, un pueblo costero en la península de Nicoya, esto ocurre con frecuencia. A pesar de sus paradisíacas playas en medio de la selva, este rincón del Pacífico se mantiene al margen de las grandes cadenas turísticas. Sin embargo, los comentarios "boca en boca" hicieron de este uno de los lugares más buscados por los jóvenes argentinos para instalarse después de la pandemia.
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Muchos de los que llegan a estas playas resignan cierta comodidad económica. Santa Teresa es caro, tal vez, de lo más caro de Costa Rica. El alquiler de una habitación por mes no baja de los US$500 y casi ninguno de los argentinos que vive acá gana más de US$1.100. La mayoría de ellos trabaja en el mercado informal, mozos, cocineros, artesanos, o recepcionistas en hoteles. Estos últimos también dan su mano de obra a cambio de un techo y una cama para dormir.
"Llegué con la idea de pasar dos semanas y mientras tanto trabajaba a distancia en la parte contable de una empresa paraguaya. Este lugar me encantó y decidí renunciar, y buscar un trabajo acá que tuviera que ver con la vida en Santa Teresa", contó a MDZ, Camila, una argentina de 25 años oriunda de Córdoba que encontró en estas playas "la paz y la tranquilidad" que ella "necesita para vivir".
Santa Teresa es un pueblo costero de Costa Rica en la península de Nicoya, en la provincia de Puntarenas. Tiene una sola calle larga que atraviesa todo el poblado, a un costado, el mar, al otro la selva. Sus playas y sus olas son un gran atractivo para el turismo internacional que busca descansar y surfear.
La presencia de argentinos que vienen a trabajar a Santa Teresa no está exenta de polémica con los ticos que habitan en este pueblo costero. Muchos reclaman que "les quitan el trabajo" y "aceptan salarios por debajo de la media".
En un reportaje de la BBC, el intendente de Cóbano, Flavio López, indicó: "La mayoría de argentinos que trabajan en la zona no aportan nada al Estado, están contratados de manera informal y algunos trabajan solo por las propinas. Usan el sistema del pueblo pero no tienen permiso de trabajo ni cargas sociales".
Esta tensión es evidente. más de una vez los argentinos que trabajan acá han sufrido presiones y amenazas por parte de los costarricenses. Incluso, las amenazas llegan a los empresarios que dan trabajo no registrado a los viajeros que buscan juntar algo de dinero a cambio de vivir en la "pura vida".
Distintos empleadores que tienen trabajadores argentinos en su equipo detallaron la situación ante la consulta de MDZ, pero no quisieron dar su nombre para evitar conflicto con los locales. "Si vos sacás de un día para el otro a todos los argentinos, acá no hay nadie que trabaje, que atienda los restaurantes, los hoteles, o que cuide a la gente cuando se baña en el mar. Esto desaparece", indicó uno de ellos.
Otro remarcó que "es difícil encontrar ticos que quieran hacer ese trabajo. No hay locales de Santa Teresa que buscan trabajo y no encuentran, todos de alguna forma tienen su trabajo", agregó.
Otro perfil de los argentinos que llega a Santa Teresa tiene que ver con los autodenominados "nómade digitales", jóvenes que trabajan a distancia con su computadora para empresas argentinas o de cualquier lugar del mundo. En muchos casos, cumplen un horario, en línea con el país donde está radicada la empresa empleadora, y en otros directamente manejan sus tiempos.
Uno de estos casos es el de Nahuel, un ingeniero en sistemas de San Miguel, provincia de Buenos Aires. A sus 39 años decidió tomar una pausa de Argentina y se instaló en Centroamérica. Su trabajo le permite estar cerca de las olas para hacer surf. "Esto me permite estar el tiempo que quiera en un lugar que me gusta, que cualquier persona podría elegir para ir de vacaciones, pero sin el tiempo acotado", señaló.
Sobre por qué se instaló en Santa Teresa, dijo: "Lo elegí por el idioma, porque no hablo inglés o solo un poquito, y acá hay muchos argentinos y gente de Latinoamérica, más que en otros lugares. Estuve en Bocas del Toro y había muchos que hablaban inglés. Además, tiene unos atardeceres increíbles, y eso es un gran motivo para estar acá".
Muchos argentinos también llegan con dinero para invertir y desarrollar negocios en Santa Teresa. Algunos casos que se instalaron cuando este pueblo costero aún no estaba tan explotado, hace unos 15 o 20 años, juntaron algo de dinero y decidieron armar su propio negocio. Esta fue la aventura de Oscar Barcena, que llegó en 2007 con 27 años y tuvo sus distintos trabajos. Luego se animó a armar junto con sus socios su local gastronómico, rubro en el que trabajó en Argentina.
Después de algunos fracasos, se consolidó con la parrilla El Facón, un emprendimiento que su socio había comenzado, y él se sumó para potenciarlo. Luego sumó dos más: la pizzería Muzza y la heladería Gaucha. "Nuestros productos no son baratos, pero apostamos a los mejores insumos y la mejor materia prima", señaló en diálogo con MDZ.
"Tuve una primera experiencia con un restaurante propio que no salió como esperaba. Luego, administré negocios de otras personas y siempre estuve ligado a la gastronomía. Después de ese recorrido, abrí mi propio restaurante, Facón, una parrilla que lleva siete años funcionando, la misma edad que tiene mi hija. En ese tiempo conocí a mi actual esposa, que es costarricense. Nos casamos y tuvimos una hija, que nació aquí en Costa Rica. Tras la apertura de Facón, llegó la pandemia, que golpeó el negocio. Sin embargo, con el tiempo, el trabajo volvió a repuntar", relató Barcena en diálogo con este medio.
Este empresario tiene claro que "no volvería a aquella vida en Argentina. Soy feliz con la vida que tengo desde que me instalé acá", afirmó. "Aunque suene a frase hecha, para mí no hay una diferencia tan marcada entre un día laboral y uno que no lo es. Trabajo por la mañana, pero en algún momento del día me tomo un respiro: me junto con un amigo, voy a la playa o paso tiempo con mi hija, salimos a dar una vuelta, a tomar un helado", agregó.