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La moneda prestada: desde los Patacones a $LIBRA

Desde siempre la coyuntura hizo que nuestro peso nacional tuviera que competir activamente para dar batalla a las monedas extranjeras.
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Toda coyuntura genera un buen pretexto para revisar el pasado. Siempre hemos buscado producir una especie de juego didáctico comparativo que nos permita abusar generosamente de la imaginación y recaer en un tema con historia. En el fondo, nuestro expreso interés es solamente historiar.

En paralelo, otros seguramente harán el análisis del presente y nos dirán que en los últimos años comenzaron a proliferar, como consecuencia de la pérdida de credibilidad en los bancos (luego del crac de 2008), una serie de activos tecnológicos que escapan a la regulación global y ofrecen un nuevo medio de transacción e inversión. Son “las criptomonedas”, o sea, monedas globales descentralizadas en las que todos y nadie tiene el control, y que permite transacciones de forma casi anónima. Los poseedores de esta moneda tienen una billetera virtual en una aplicación y desde allí hacen las transacciones a otras. A veces ganan mucho; otras pierden. No es nuestro tema. Nosotros vamos a la historia.

"El peso" en la historia nacional

La fluctuante economía de la historia nacional (e internacional) es un tema de larga data. Desde siempre la coyuntura hizo que nuestro peso nacional tuviera que competir activamente para dar batalla a las monedas extranjeras. Ejemplos históricos abundan. Contra el oro o contra el dólar o, en casos, contra las libras esterlinas. Ahora ante las criptomonedas.

Así fue como desde la misma creación de la Casa de la Moneda Argentina (1875) surgieron algunos síntomas concretos contemporáneos que hasta resultarían llamativos por su vigencia. Fue cuando comenzó a funcionar por Ley Nº 1.130 de Unificación Monetaria (1881) el establecimiento de un "sistema bimetalista" con base en el Peso Oro o "Argentino" y las famosas monedas de plata: el "patacón".

Cinco "patacones" equivalían a un Peso Oro o "Argentino". Pero la pelea contra la moneda extranjera siguió en tiempos de los pesos "moneda nacional argentino" (M$N) de 1899, el peso Ley 18.188 de 1969, nuevamente el "peso Argentino" de 1983, el Austral de 1985 (A) o "el peso de la equiparación" (convertibilidad) con Decreto N°2128 del 10 de octubre de 1991 que estableció una paridad de un peso ($1) equivalente a mil australes (A 1.000), y este valor, convertible con el dólar de los Estados Unidos en una relación un peso ($1) por cada dólar.

Lo cierto fue que siempre nuestra moneda tuvo que "pelearla". Los motivos abundan y abundaron. Hoy los podríamos encontrar en cualquier editorial de cualquier diario.

Lamentablemente la cosa no ha variado mucho. Desde móviles financieros a culturales, y desde especulativos a falta de confianza en las políticas de turno. Desde planes de plata dulce a bicicletas financieras, con devaluaciones, inflaciones e hiperinflaciones. Con recesiones o atrasos cambiarios y siempre con sueldos que no le alcanzaban al trabajador o al jubilado. Pero hubo también un tiempo histórico donde no tuvimos moneda, y tuvimos que acomodarnos a las múltiples "monedas prestadas".

"De posta"

En tiempos coloniales, o ya entrada la Independencia, las "postas" cobrarán importancia pues serán el paraje obligado de jinetes, el correo, los arreos de ganado y caravanas de carruajes. Servían para que los viajeros se resguardaran de las inclemencias del tiempo, cambiaran las cabalgaduras y, en muchas ocasiones, para protegerse de asaltantes o de malones indios. Fueron naturalmente el ámbito del encuentro. Además, el ámbito de la recreación de la cultura y de la transmisión de las ideas. Pero, sobre todo "las postas" (con su almacén y "pulpería"), serán el eje socio - comercial del lugar, ámbito natural de las negociaciones comerciales, trueques, ferias ganaderas, reclutamiento de "changarines" o paga de soldados de "las milicias". Fueron en su momento una especie de "cueva" y la cuna de “arbolitos”, imprescindibles para la transacción comercial y financiera.

"La libreta del pulpero"

De todas formas, y en gran medida hasta finales del siglo XIX, en muchos lugares la economía era "doméstica" o de trueque, y casi no se valían de moneda. Esto en "las postas" era normal. El pasaje de una "economía natural" a una "economía monetaria" tardará en llegar y hacerse habitual. Un par de espuelas en trueque por un plato de guiso de porotos y vino "carlón". O un talero de cuero de potro por una botella de aguardiente, eran transacciones frecuentes entre los viajeros que anhelaban llegar a destino y no contaban con "plata".

Pero también llegaban a esos lugares las innumerables "monedas prestadas" que surcaran el país. Lo cierto que hasta al más avezado pulpero se le habrá hecho muy difícil llevar la contabilidad. "Señor cliente, por favor pague con cambio", era un cartelito que todavía no se usaba.

Muchas monedas y ninguna

Recordemos que la primera moneda patria fue acuñada en Potosí y se remontaba a los tiempos de la Asamblea del Año XIII. Dicha pieza reproducía en una de sus caras la figura de un sol incaico "Inti" y el sello de la Asamblea en la otra. Fueron monedas de oro y plata con las inscripciones: “Provincias Unidas del Río de la Plata” y “En Unión y Libertad – 1813”. La unidad monetaria era el “peso plata” llamado popularmente “duro” o patacón”.

Además, los primeros billetes argentinos de circulación masiva se remontarán a los primeros tiempos del "Banco de Buenos Ayres" (1822), cuando se puso en circulación: el "Peso Moneda Corriente" ($m/c). Esta moneda tenía la paradoja de ser "inconvertible", y estuvo vigente hasta el 1881, año de la Unificación Monetaria (ya lo expusimos anteriormente).

Los billetes eran fabricados en Inglaterra, y algunos de ellos incluían los rostros de figuras de la independencia americana (aunque parezca mentira; como George Washington, por ejemplo) y leyendas políticas a favor del gobierno de Juan Manuel de Rosas.

La moneda prestada y la gran inflación de Pedro Molina

Expresamos que la moneda criolla nacional era acuñada en Potosí, por ese entonces perteneciente a las Provincias Unidas del Río de la Plata, recientemente recuperada después de los triunfos de Belgrano en Salta y Tucumán.

Pero al tiempo, Potosí volvió a caer en manos españolas. Fue entonces cuando en Mendoza se acuñó una moneda de cobre y “vellón” para todo el país de entonces. El mismo hecho se repitió en 1822 a partir de la concesión del gobierno nacional a particulares para acuñar monedas. Dicha empresa no prosperó, entonces el gobernador mendocino de ese tiempo, Pedro Molina, decidió crear una moneda propia acuñada en Mendoza. El intento fracasó rotundamente al poco tiempo, pues generó la primera gran inflación mendocina, ya que no había forma de recibir tales monedas por parte de los comerciantes, pues perdieron su valor de cambio antes las monedas nacionales (“patacones” o “duros”), los “cóndores” chilenos, los “árboles” bolivianos, el “dólar” y la onza de oro internacional, que también circulaban por Mendoza.

Durante ese final del siglo XIX, en pleno tiempo de economías rurales y "pre - industriales", y a la gran circulación de "monedas prestadas" ya citadas, encontrábamos también monedas criollas poseedoras de bajísimo valor: las "macuquinas" (equivalente a 4 $ "reales"), el "cuartillo" de cobre (un cuarto de una "macuquina", o sea 1$) y "las chirolas" (1/2 $). Se conocieron como "macuquinas" al tipo de moneda acuñada toscamente en forma manual y a golpes de martillo. Existen diversas opiniones sobre el origen de la palabra. Algunos sostienen que proviene del vocablo árabe "machuch" ("sancionado"); otros afirman que proviene de la expresión quechua "makkai kuna" que haría referencia a su fabricación a golpes o martillazos.

Y también "Las Chirolas"

Es también curiosa la significación de porqué "chirolas". Tiene una explicación más vulgar, y con una fuerte connotación "machista". Lo cierto es que cuenta la leyenda que "hubo una prostituta francesa a mediados del siglo XIX llamada Chirolle, que era vieja, fea, por lo tanto, tan barata que hasta se podía pagarle con monedas".

En paralelo, al poco tiempo circularán también, aunque en forma escasa, monedas llegadas de la mano por ese entonces de la incipiente emancipación (italianos, españoles, franceses, portugueses, rusos, libaneses, sirios). Lo que producirá toda una fiebre monetaria en el corazón de la "city rural" (la posta).

La vida es una moneda

Como cantará Baglietto: "quien la rebusca la tiene". De prestamistas y usureros hasta “arbolitos” y presidentes. De operadores a influencers. En “físico" o con "plástico". Ahora también virtual y global como las criptomonedas. En el fondo, este tema nunca dejará de ser noticia. Es Argentina. "Argentum" en latín, o sea: plata. "Esa es la historia / Con la sonrisa en el ojal / con la idiotez y la locura / de todos los días / a lo mejor resulta bien". (O mal).